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Demócratas contra aplicación selectiva de la Ley

Tomás Bustos Muñoz

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La aplicación de la ley, debe servir para impulsar entre los individuos que conforman la sociedad, el valor de la justicia, para garantizar la aplicación de la norma, y lograr que prevalezca en la conciencia de los juzgadores, el espíritu que impulsó al legislador a incorporarla al orden jurídico.

Sin duda existe en nuestra realidad social, quien deseara ver a su odiado enemigo político, perseguido por personeros de los poderes fácticos, para descalificarlo en nombre de la ley y apartarlo de los ciudadanos con derecho a contender por el poder. Tal pareciera que frecuentemente un grupo de poderosos se encargan de escoger por quien, votarán los ciudadanos.

De lo anterior se colige la necesidad de evitar la aplicación de la ley penal, de manera selectiva y, oponerse a que el derecho pierda su vigencia, con respecto a personas señaladas por quienes manejan los aparatos del Estado, para eliminarlos del grupo de ciudadanos con derecho a votar y ser votados.

Por eso la Constitución federal vigente, define los objetivos torales de la democracia, afirmando que es una forma de vida, fundada en el constante mejoramiento económico social y cultural del pueblo.

El poder público habrá de conformarse según la determinación de la mayoría, y evitar que el poder se acumule descomunalmente, como la riqueza, y con ello se formen cacicazgos modernos, expertos en vulnerar los principios del orden jurídico para favorecer el imperio de las minorías.

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Lo que ocurrió y sucede actualmente en Brasil, es una llamada de alerta, para que no sean las oligarquías quienes vulneren el Estado de Derecho, sino que prevalezcan los principios de respeto a la ley, en el seno de los partidos políticos, para que no caigan en la tentación de promover reformas, sin preparar debidamente el terreno para hacerlas efectivas.

Los partidos deberán promover al poder público a ciudadanos capaces de impulsar el fortalecimiento de las instituciones, sin temor a utilizar la ley para lograr el objetivo. El ejercicio del poder implica desgaste político, propio de su naturaleza. Quien tenga miedo de las consecuencias del desempeño del poder y posea capacidad para impulsar valientes, debe asumir el lugar de promotor de valores políticos y no ocupar un lugar que, con su acción u omisión lastime las instituciones.

Las componendas entre cúpulas desprestigian tarde o temprano, a quienes las realizan e invariablemente la historia las condena, las recientes dictaduras en América Latina así lo demuestran. Los demócratas, por respeto a sí mismos, deben oponerse a la aplicación selectiva de la ley.