Otras voces

El palacio de la basura

Langley Collyer estaba desaparecido. El reporte de la Policía de New York había inquietado a toda la ciudad, y pronto las personas comenzaron a hacer reportes falsos diciendo que habían visto a Langley en la estación del metro y cosas así.

Homer, el hermano de Langley había sido encontrado muerto en su casa, donde vivía con su hermano. Lo encontraron sentado en el suelo con la cabeza agachada y los brazos suavemente apoyados en las piernas, vestido con una bata de baño. Homer fue un famoso abogado, pero desde hace 30 años que perdió la vista, el único que cuidaba de él era su hermano. La mansión de los hermanos Collyer era una enorme casa de cantera café al oeste de Harlem, cubriendo una esquina completa con cuatro pisos y una docena de habitaciones. Ahí vivieron sus padres.

Langley era ingeniero y era muy brillante. Cuando Homer comenzó a perder la vista, poco a poco se fueron alejando de la sociedad newyorkina de los años 20, hasta el punto en que algunos llegaron a pensar que Homer había muerto muchos años atrás. Pero no había sido así. Langley y su hermano encontraron la forma de ser autosuficientes de la sociedad.

 La dieta que Langley le daba a su hermano era de 100 naranjas a la semana, y habían construido una serie de túneles en su casa que permitía alejar a los intrusos y protegerse de algún posible robo. Instalaron trampas en los diferentes pasadizos construidos con grandes columnas de papel periódico, latas, y todo tipo de artefactos pintorescos. Cuando Homer fue encontrado en uno de esos pasillos el viernes 21 de Marzo de 1947, los hermanos Collyer habían sobrevivido casi tres décadas sin gas, luz o teléfono, totalmente aislados del mundo.

Langley finalmente apareció. Después de buscarlo en toda la ciudad, la policía decidió explorar a fondo la Mansión Collyer, suponiendo que Langley seguía adentro. Comenzaron por la azotea para evitar que el edificio se derrumbara al sacar las cosas. Ya en la casa fueron abriéndose paso entre estufas antiguas, bicicletas oxidadas, y pilas gigantescas de cajas, libros y recibos sin abrir. Adentro encontraron 14 pianos de cola, un automóvil Ford modelo T, una canoa y una antigua máquina de rayos x entre otros objetos increíbles.

Finalmente, víctima de una de sus trampas, Langley fue encontrado debajo de una pila de objetos pesados, a menos de 3 metros de su hermano Homer, que murió de hambre 10 días después que su amado hermano.

La historia de los hermanos Collyer es una de las más extremas cuando se trata de acumuladores de cosas. Personas que por varias razones obtienen y guardan grandes cantidades de objetos, hasta el punto en que la vida se vuelve difícil o imposible. Tradicionalmente se consideraba como parte del transtorno obsesivo compulsivo, pero ahora ya se atiende de manera especial.

Un acumulador no es un coleccionista, pues normalmente un coleccionista se siente orgulloso de lo que guarda y lo presume con sus amigos, mientras que el acumulador en el fondo siente pena o vergüenza por las cosas que guarda. En muchos casos, el hecho de comprar cosas que no se necesitan, sólo porque tienen descuento, o guardar las envolturas de regalo porque “pueden servir después”, son comportamientos leves de lo que podría convertirse en un problema.

Antes se creía que los acumuladores se volvían así por una situación de carencia en alguna etapa temprana de su vida. Ahora varios estudios encuentran la razón de acumular en la falta de afecto o valoración, buscando sustituir el cariño ausente, por la emoción de comprar algo y guardarlo. La emoción es la clave.

Si estás en alguna tienda y quieres comprar algo, debes pensar por un momento, cómo te sientes al comprar ese vestido o ese aparato electrónico, después sé honesto contigo y decide si lo necesitas. Posiblemente el resultado será el mismo que al principio y terminarás llevándolo a tu casa y apilándolo en algún lugar para después. Muchos acumuladores no saben dónde guardar las cosas y les cuesta mucho tomar una decisión, por eso puedes encontrar un martillo en la cocina de un acumulador y observar cómo se queda ahí por años. No se trata de que llegues a tu casa y tires esos rompecabezas que tienen 10 años arriba del armario o regales todos los libros que tienes y que todavía están nuevos con todo y plástico.

Se trata de saber que necesitas y que no. Y lo que no necesitas simplemente regalarlo o tirarlo. Guardar algo de recuerdo, como los boletos de tu concierto favorito no tendría que ser un problema, pero si guardas la envoltura del primer chocolate que te dio tu novio, para recordar esa noche, tal vez sea demasiado.

Ser conscientes de los bienes materiales que poseemos, y poner atención en la razón de conservarlos, es algo que podemos hacer seguido y evitar que los triques se acumulen.

Toma dos minutos cuando estés en tu hogar y observa alguno de tus cajones, revisa si hay señales de ese objeto que ya no sirve pero que te trae recuerdos, o de algo que podría ser útil en el futuro y que nunca has usado. Si en una de esas ocasiones encuentras la velita de tu cumpleaños número 4, comienza a tirar.