Otras voces

Las intenciones del lobo

Kristin era la más joven del grupo con apenas 23 años cumplidos, pero eso no la hacía más frágil. Cuando le pidió a Janne Olsson que le disparara en la pierna, no había señal de temor o duda en su voz.  “Deben tomar esto en serio, es sólo una pierna, hazlo!” le exigía a un sorprendido Olsson. Tenían un par de días de conocerse pero para Kristin, él era el hombre más confiable del mundo. Estaba dispuesto a apoyarlo como fuera. Este apoyo incondicional la haría famosa. Era un 23 de Agosto cuando Jan-Erik ‘Janne’ Olsson decidía que robar un banco era lo mejor que hacer después de salir de prisión. Se dirigió al Norrmalmstorg Kreditbanken en el centro de Estocolmo con una ametralladora y sorprendió a cuatro empleados del banco. Uno de ellos era Kristin Enmark. Un policía trato de detenerlo y Olsson le disparó, hiriéndolo levemente, comenzando una crisis de rehenes histórica, que culminaría después de 131 largas horas. La Policía de Estocolmo nunca había tenido una situación como esta antes, era el año 1973, y francamente no sabían cómo manejarla, incluso daban entrevistas a los medios afuera del banco, mientras adentro todos los escuchaban en la radio.

El primer ministro de Suecia Olof Palme participó en la negociación. Kristin tuvo la oportunidad de hablar con él, solicitando que dejaran huir a los asaltantes junto con los rehenes. Al negarse el Primer ministro, ella decidió que, para que los tomaran en serio tendría que haber algún herido. Y su pierna sufrió la decisión. El psicólogo Nils Bejerot al enterarse de la empatía que sentían los rehenes con sus agresores, bautizó la curiosa situación que vivían Kristin y los demás como ‘síndrome de Estocolmo’, identificando por primera vez la relación de apego emocional de una víctima hacia su agresor. A Jan-Erik Olsson se le unió su viejo compañero de celda Clark Olofsson al que dejaron entrar al banco acuartelado. Para el tercer día los rehenes se sentían protegidos por sus captores y estaban más temerosos de lo que pudiera hacer la policía. El ‘síndrome de Estocolmo’ se puede presentar en diferentes situaciones donde la vida de la víctima está en juego. Puede ser un secuestro o un asalto pero es necesario que el agresor y la víctima se mantengan juntos por un tiempo prolongado, y que exista algún tipo de acto positivo por parte del atacante que haga sentir a la víctima cierta empatía.

En una pared contigua a la bóveda del banco Norrmalmstorg, los oficiales planeaban su entrada, tratando de garantizar la seguridad de las personas cautivas ahí. Con un taladro perforaron la gruesa pared y justo cuando verificaban que los rehenes estaban bien, Olsson los descubrió y disparó a través del orificio, lastimando a un oficial en el rostro. La situación subía de tono y el tiempo transcurría aumentando el riesgo para todos.

La principal razón identificada por los psicólogos para que la víctima sienta cariño por su agresor tiene que ver con la supervivencia. El cerebro ante una amenaza inminente activa la función primitiva de atacar o huir, y al no existir una posibilidad de escapar, o de vencer al atacante en una pelea, el cerebro busca una especie de negociación, donde se convence que el atacante es el protector y lo acepta como una autoridad. Eso incrementa las posibilidades de sobrevivir. El comportamiento del síndrome de Estocolmo no solo se presenta en situaciones tan extremas, se puede observar en el trabajo, en la escuela y en el hogar. Se le llama sesgo o prejuicio de Estocolmo cuando el abuso laboral, el ‘bullying’ y la violencia doméstica pueden propiciar que la persona atacada termine tolerando y defendiendo al que lo agrede física o emocionalmente, pudiendo ser este el jefe, la pareja, un familiar o compañero de escuela. Aunque no representan una amenaza directa a la vida, este tipo de emociones son muy destructivas, es importante actuar en cuanto se identifique algún sentimiento de culpa al recibir maltrato, miedo a la reacción de la persona o la incapacidad de alejarse del territorio del agresor.

El orificio en la bóveda permitió a la Policía introducir gas en el edificio, con lo cual los secuestradores se rindieron salvando a los rehenes prácticamente sin un rasguño después de seis días. La relación de los rehenes con sus raptores fue tan cercana, que organizaron una colecta económica para pagar a los abogados de Olsson y Olofsson en el juicio, y una vez afuera, Kristin mantuvo una relación muy cercana con Clark Olofsson.

Años después del atraco Kristin se formó en psicología, y al preguntarle acerca de su fama como la primera en ser diagnosticada con el ‘síndrome de Estocolmo’, expresaba su sorpresa en como estuvo tan confundida en lo que pensaba y sentía.

 Sobrevivir a toda costa es lo que nuestro cerebro busca, y cuando la amenaza es tan clara nuestro primitivo sistema de defensa toma el control de nuestras acciones.

Te pido que tomes dos minutos y reflexiones como te relacionas con los demás, mantente alerta, y si es necesario pide ayuda, no lo dudes porque cuando la amenaza se presenta el cerebro puede hacerla parecer una inofensiva oveja cuando realmente es un lobo disfrazado.

Agradezco de corazón todos sus comentarios, es un privilegio para mí el favor de su tiempo.

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