Otras voces

555 kilómetros al Norte

Tal vez Platón contó esta historia como una simple comparación política entre el perfecto régimen de los atenienses y otras civilizaciones del antiguo mundo, pudiendo ser sólo un cuento explicando su postura dentro de una serie de temas abordados en sus famosos diálogos. Posiblemente el paso de los años ha inmortalizado el concepto menos importante de toda la filosofía de este gran pensador, y no cabe duda que a la persona que le pregunten sabrá el significado de la palabra Atlántida, aún cuando no sepa nada más de los escritos del antiguo filósofo griego.

Según la descripción de Platón, la Atlántida o Atlantis, era una gran isla ubicada más allá de las columnas de Heracles, donde hoy se puede ubicar el peñón de Gibraltar, en España. Una gran extensión de tierra que abarcaba 555 km de un lado a otro pasando por grandes montañas en el norte y extensas praderas en el sur.

Resulta que 9,000 años antes de las narraciones de Platón, hubo una gran batalla entre las dos fuerzas políticas más grandes del mundo antiguo, los atenienses y los atlantes. Estos últimos habían esclavizado a varias civilizaciones de la época y su fortaleza militar era reconocida como imparable.

La gran isla junto con el océano a su alrededor, fue un regalo al dios Atlas, por esa razón lleva su nombre y la ironía de su destrucción está en que la isla fue  devorada por las aguas a su alrededor, ambos regalos para el mismo dios.

La historia de Platón se volvió muy popular, y al pasar de los siglos se fue construyendo el mito sobre la posible existencia de la civilización que fue enterrada en el océano Atlántico por un terremoto.

En su momento se consideró que America realmente fue la antigua Atlantis, y que incluso la civilización Maya es descendiente directa de estos antiguos habitantes del océano.

En la actualidad hemos cometido la equivocación de pensar que algunas cosas nunca cambian, ya que hemos contado con ellas por siglos, o así nos ha parecido.

El clima nos ha mostrado que el planeta tiene una larga historia de cambios, los cuales no son siempre los más agradables o los más convenientes para nosotros.

Un ejemplo reciente es el frente frío que azotó ciudades como Chicago, sorprendiendo a todos por las bajas temperaturas alcanzadas.

Otro cambio que hemos vivido recientemente es el acelerado calentamiento de los océanos, y sobre todo de los polos, ambos con un considerable impacto en la temperatura del planeta.

La constante desaparición de los glaciares y el adelgazamiento de las capas de hielo en zonas como Groenlandia, donde el congelamiento permanente está reduciéndose, comienza a incrementar el nivel del mar, propiciando inundaciones en ciudades como Miami y cambiando las posibilidades de supervivencia de miles de especies marinas.

Si bien esta debe ser nuestra mayor preocupación, nos hemos ocupado recientemente por la migración de otro polo, el polo magnético de la tierra. Este es el utilizado por las brújulas para señalar al norte y todos los sistemas de navegación del mundo se soportan en la ubicación de este polo magnético.

Se supone que la ubicación de este centro de energía tiene que ver con el hierro fundido en el interior de nuestro planeta, el cual cambia con los años y modifica la localización del mismo.

Actualmente el polo magnético se acerca a Siberia, siendo que hace unos 100 años estuvo al centro de Canadá. Los mayores temores de un Apocalipsis basado en estos movimientos magnéticos del planeta, están relacionados con la protección que este magnetismo nos brinda de los rayos cósmicos en el espacio, y que cada cientos de miles de años, el norte magnético se mueve hasta el sur, invirtiendo la polaridad del planeta. Hace 700,000 años que esto no sucede y podría ser la razón del movimiento acelerado reciente.

Pero la realidad es que son pocas las posibilidades de sufrir un desastre por la migración del polo magnético de la tierra, y el mayor problema lo tienen los aviones y otros medios de transporte que dependen totalmente de esta orientación.

Lo bueno es que desde los años 60 la comunidad científica descubrió el riesgo a tiempo y actualmente actualizan todos los sistemas de navegación cada 5 años, así que excepto por la brújula que pudiste heredar de tu abuelo, todos los demás sistemas modernos apuntan a donde deben de apuntar, al Norte.

Seguramente los Atlantes pensaban que su civilización duraría para siempre, y nunca consideraron que un desastre natural acabaría con su cultura, reduciéndola a un mito, a un recuerdo borroso que la historia rescató de manera parcial, y convirtió a todo un imperio en una alerta permanente de que la vida que conocemos es frágil y depende totalmente de la voluntad de la naturaleza.

Cada acción que emprendamos buscando un equilibrio con la naturaleza puede ayudar a que los riesgos de un desastre natural acaben con nuestro estilo de vida, y es que si esperamos a que el planeta se encargue de corregir el rumbo, podríamos convertirnos en tan solo un borroso recuerdo.

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