La sociedad corre riesgo inminente de crisis progresiva, si omite dar solución a los efectos negativos que, ineludiblemente, generará la orfandad originada por dos factores que, en lugar de menguar, crecen: la enfermedad fatal y la violencia generada por la enajenación y la pérdida de valores, ante el abandono del humanismo como aspiración de la mayoría de quienes integramos la sociedad.

Dar prioridad a lo esencialmente humano, sobre lo crematístico, es imperativo para que cese el deterioro progresivo de las relaciones entre las personas, que forman la sociedad contemporánea.

Saber qué hacer para evitar que la especie humana trabaje por la paz, es un objetivo que deberá alcanzarse a la brevedad, para evitar que el número de huérfanos crezca y, como consecuencia, las enfermedades mentales desquicien a esas víctimas del abandono social y la violencia siga sin control.

Trabajar por la paz social implica que todos nos empeñemos en llegar a la cordura, mediante el ejercicio de la autocrítica como objetivo toral, de tal manera que pueda convertirse en cultura.

Evitar hacer más dolorosa la condición de quienes son víctimas de la desigualdad, debe ser objetivo de la filosofía de la política, que se objetive en políticas públicas permanentes, que tiendan a exaltar la virtud y a condenar la soberbia, sin circunscribir la condena a casos concretos, sino a convertirla objetivo superior, del comportamiento social.

El cultivo de virtudes debe realizarse de manera permanente, a través de la puesta en práctica de una pedagogía, que se apoye invariablemente en la ciencia y se ejerza como entrega apasionada a través de un magisterio reeducado a través de la autocrítica, con el fin de alcanzar la toma de conciencia en los productos educativos, como meta permanente.

La condición del huérfano debe movernos a cubrir ese hueco que deja la pérdida de la protección que todo ser vivo requiere para su desarrollo saludable.

El derecho a la salud no estará cabalmente conceptualizado, si se deja de lado el desarrollo del aspecto afectivo, en el desarrollo de la ´personalidad del educando.

La sociedad, con procedimientos diversos, se torna cada vez más violenta, inclusive, cuando se dice preocupada por la defensa de los derechos fundamentales del ser humano. Al respecto, es imperativo analizar si, con los remedios aplicados, llegamos sin pretenderlo, a lograr la justicia por propia mano, consecuencia que origina violencia y, con ella, la sensación creciente de angustia social.

¿Qué responsabilidad tenemos todos, en el sufrimiento generado a quienes con indiferencia vemos, en nuestras calles, entregados desde temprana edad, a la violencia auto aplicada con las drogas?