Ómicron crece y rompe récords; el gobierno la minimiza

Como era un principio, desde que comenzó esta pandemia, el gobierno mexicano sigue con su absurdo discurso que minimiza y resta importancia a la gravedad del Covid en México. Si en la primera ola de contagios, con un mundo ya en crisis, el presidente decía a los mexicanos que “no pasa nada, no se alarmen, salgan, abrácense”, para la segunda ola sostenía, sin bases científicas, que “ya domamos la pandemia”, y en la tercera ola, cuando la variante Delta empezaba a saturar hospitales aseguraba, que “no era tan grave como las dos primeras”, ahora López Obrador, en plena cuarta ola y con picos récord de contagios, insiste en minimizar a “ómicron” y dice que “es un covidcito, como una gripa”.

Es como si, absurda e infructuosamente, el presidente y su gabinete de salud insistieran en negar la realidad y la gravedad de esta pandemia que ha golpeado a todo el planeta y a la humanidad entera y que para México ha provocado ya la peor devastación a la salud y muerte de mexicanos por enfermedad en la historia reciente del país, superando por mucho a la gripe española de 1918 y a la influenza H1N1 del año 2009. ¿Qué gana López Obrador y su encargado nacional de la pandemia Hugo López-Gatell con repetir neciamente que “la situación no es tan grave y no hay que alarmarnos”? ¿No sería mejor y más útil que el mandatario y su equipo de salud fueran realistas y hablaran con la verdad para concientizar y alertar a la población a atender y respetar las medidas sanitarias?

Lamentablemente, con un gobierno irresponsable e insensible, que enfocó y manejó la peor pandemia en la historia reciente de la humanidad más como un problema político que como una emergencia de salud, los mexicanos hemos tenido que aprender por nuestra cuenta a cuidarnos, a atendernos y a sobrevivir a esta crisis de salud. Lo hicimos en las tres primeras olas y lo haremos también en esta cuarta ola que empieza a rebasar todos los parámetros y a convertirse, como bien lo advirtieron a tiempo la OMS y la OPS, en un “tsunami de contagios” y en una situación “de grave a muy grave” para México y su sistema hospitalario.

La semana que termina ha sido la más dura en cuanto a contagios de Covid y en estos cinco días pasamos de un pico histórico de 28 mil 953 contagios a un nuevo récord de 30 mil 953 el sábado 8 de enero, para luego volver a romper ese récord el martes 11 con 33 mil 626 casos, que otra vez se rebasó al día siguiente el miércoles pasado con 44 mil 187 contagios, que para el jueves bajaron a 43 mil 523 y ayer viernes, en otro nuevo pico histórico alcanzaron los 44 mil 293.

Las cifras han provocado temor en la población que ha vuelto a disminuir su actividad en lugares públicos, mientras la mayoría de las empresas y negocios reportan un aumento de contagios en sus lugares de trabajo. Y como los mexicanos vuelven a sentir el impacto de ómicron, anoche se anunciaba que “el gobierno federal prepara una nueva metodología de medición del Covid a partir de la variante ómicron”.

¿De qué se trata esa nueva forma de medir los casos? Lo sabremos en las próximas horas, pero es muy probable que lo que anuncie López-Gatell como nueva “metodología de medición” sea en realidad un mecanismo para maquillar, atenuar y suavizar el impacto que están teniendo las cifras oficiales que, lo reconozcan o no en Palacio Nacional, vuelven a asustar a los mexicanos, a afectar al consumo y a la economía aunque todo esté abierto, y sobre todo vuelven a exhibir una pandemia viva y creciente, que dista mucho de estar “domada” o “controlada”, como mentirosamente nos ha dicho hasta el cansancio.