Notables heroínas de la Guerra de Independencia (2a. parte)

María Ignacia Rodríguez de Velasco nació en la ciudad de México en 1778. Fue una criolla rica que destacó en la aristocracia colonial por su preparación y su belleza. Contrajo matrimonio en tres ocasiones y procreó cinco hijos. Cultivó la amistad de gente ilustre como el joven Simón Bolívar y el estudioso Alejandro de Humboldt.

Como pocas mujeres de su tiempo, la “Güera” Rodríguez se interesó en el desarrollo político de la Nueva España, se identificó con las ideas liberales y apoyó materialmente y con información confidencial a diversos caudillos insurgentes; entre ellos, a Miguel Hidalgo. Por ello fue detenida y presentada ante la Inquisición en 1811. Con gran inteligencia se defendió ante el tribunal tan temido amenazando con dar a conocer secretos personales de los clérigos juzgadores. Así la indagatoria se detuvo y ella sólo fue desterrada temporalmente a Querétaro.

En 1820 María Ignacia participó en la conspiración de La Profesa que, desde lo alto del gobierno, buscaba independizar la Nueva España para evitar el liberalismo triunfante en España gracias a la revolución encabezada por Rafael de Riego. Entonces promovió a su enamorado Agustín de Iturbide para dirigir el levantamiento impulsado por el virrey Apodaca, con la aprobación del rey Fernando VII, según confesión de la propia “Güera” Rodríguez.

Se mantuvo al lado de Iturbide durante el imperio mexicano y llegó a los 71 años de edad como testigo privilegiado de la lucha por la independencia.

Manuela Rojas Taboada inició su vida en 1786 en Chamacuero (hoy Comonfort, Gto) dentro de una familia de hacendados acaudalados. Se casó aún adolescente con Mariano Abasolo y radicaron en el pueblo de Dolores. Allí entablaron amistad con el cura Miguel Hidalgo y se integraron al grupo de conspiradores que éste organizó.

Al estallido de la rebelión en 1810, Manuela se trasladó a Chamacuero donde recibió a los insurrectos, promovió la incorporación de otros partidarios e hizo un donativo de 40 mil pesos en oro al cura Hidalgo como respaldo al movimiento.

Pronto tuvo que huir al ser saqueada su casa por los realistas, viaja a Celaya acompañada de sus familiares, luego a Valladolid y a Guadalajara, donde Hidalgo había instaurado su gobierno.

Allí fue opositora de las medidas inhumanas que se aplicaban a los peninsulares, incluidos los civiles, como la prisión, la tortura y la muerte. Directamente reprochó a Hidalgo sus excesos y por ello el cura prohibió que le dieran el paso ante él.

A partir de entonces, Manuela insistió a Abasolo que abandonara la lucha, no por rechazar la independencia, sino por los abusos y atropellos que se cometían.

Capturados los dirigentes y ella misma en Acatita de Baján, consiguió para sí el indulto y para Mariano el destierro en España y no el fusilamiento; pues logró probar que gracias a sus gestiones o rescates económicos había librado de la muerte al menos a un centenar de españoles y criollos capturados por los insurrectos.

Falleció esta piadosa mujer en San Miguel de Allende, en 1845.

Gertrudis Bocanegra Mendoza nació en 1765 en Pátzcuaro, Michoacán, siendo hija de padres españoles y luego esposa del militar Pedro Advíncula, con quien procreó 4 hijos.

Gracias a la lectura de textos, Gertrudis tuvo conocimiento del pensamiento ilustrado, se identificó con las críticas al absolutismo español y durante la lucha insurgente colaboró como mensajera mientras su esposo Pedro y su hijo José Manuel se unían a la sublevación

A la muerte de ellos en la batalla de Puente de Calderón, la actividad de Gertrudis se intensifica, aporta víveres, armamento, dinero y su casa para reuniones clandestinas. Además entrega a los rebeldes valiosa información para la toma de Pátzcuaro.

Al ser descubierta, es apresada y se le tortura para que delate a otras personas implicadas. Ante su resistencia a hacerlo, es enjuiciada y fusilada en la plaza de San Agustín de la misma villa, en noviembre de 1817.

Manuela Medina, ‘la Capitana’, nació en Taxco en 1780 y murió en Texcoco en 1822. Al enterarse de la rebelión iniciada por Miguel Hidalgo animó a sus vecinos a sumarse a la insurgencia. Su llamado fue atendido por decenas de hombres y mujeres que emprendieron una larga marcha para integrarse a un ejército rebelde. Liderados por Manuela se unen a las fuerzas de José María Morelos, recibiendo Manuela el grado de capitana por parte de la Junta de Zitácuaro.

Al lado de Morelos, “la Capitana” y sus seguidores participaron en 1813 en la toma del fuerte de San Diego y la ocupación de Acapulco; además en 1814 destacaron en la batalla de Las Ánimas.

La valiente Manuela Medina sobrevivió al fusilamiento de Morelos y como guerrillera resistió la política de indultos ofrecidos por el virrey Juan Ruiz de Apodaca. Se dice que abandonó la lucha y falleció por secuelas de las heridas sufridas en campaña.