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Mujeres han usado pseudónimos masculinos para dar a conocer su obra

Juana Adriana Rocha

Guanajuato.- Escritoras, escultoras, pintoras, han firmado con pseudónimos masculinos para que sus obras se dieran a conocer. Muchos de esos talentos femeninos se perdieron detrás de la firma de un hombre. Conozcamos a algunas artistas cuya historia y creaciones fueron rescatados incluso tras su muerte. La justicia llegó tarde para muchas de ellas.

El urinario, obra de una mujer

En 1917, Marcel Duchamp colocó un urinario sobre un pedestal y lo llamó ‘La fuente’. Este acto lo consagró como ‘el padre del arte conceptual’. Sin embargo, con los años surgieron evidencias de que la autora es Elsa Hildegard, baronesa von Freytag-Loringhoven. El propio Duchamp le contó a su hermana que una amiga le envió el urinario bajo el seudónimo de Richard Mutt. Elsa fue la primera dadaísta en Norteamérica, dominó la escena artística de Nueva York. Según investigaciones, envió a la exposición de la Sociedad de Artistas Independientes el urinario, furiosa porque Estados Unidos declaró la guerra a Alemania. Firmó como R. Mutt para que en el catálogo apareciera como Mutt T. (madre en alemán).

Ojos grandes, fraude grande

Walter Keane vendía sus cuadros de personajes de enormes ojos tristes y gran cabeza al por mayor. Eran los años sesenta, y todas las galerías exhibían sus piezas. La estafa del artista estadounidense salió a la luz cuando su esposa Margaret reveló que ella era la autora de las pinturas. Por casi una década, Walter la mantuvo oculta y pintando hasta 16 horas diarias, mientras él disfrutaba las ventajas de la fama. La historia del hombre sin talento para la pintura, pero sí para el marketing, fue llevada al cine por Tim Burton (‘Big eyes’).

A la sombra de ‘El pensador’

A finales del siglo XIX, la escultura impresionista Camille Claudel vivía a la sombra de su pareja, Auguste Roudin. Camille fue inspiración para obras como La Danaïde, pero no hubiera querido quedarse con el papel de musa. Colaboró con él en las figuras de la monumental ‘Puerta del Infierno’. Sin embargo, su trabajo tenía un estilo propio que se vio eclipsado por la fama de Roudin. En vida no alcanzó el reconocimiento merecido, murió en 1943 luego de permanecer 30 años en un hospital psiquiátrico debido a las crisis nerviosas que padecía.

¿La verdadera dama del armiño?

Sofonisba Anguissola es la única mujer expuesta en el Museo del Prado. La pintora renacentista fue alabada por el mismísimo Miguel Ángel. Su nombre aparece en el diccionario de artistas Giorgio Vasari, junto a otras 133 biografías, sólo dos, femeninas. Aunque alcanzó gran reconocimiento (fue pintora de la Corte de Feilpe II), no podía firmar su trabajo, por lo que gran parte de él le fue acreditado a hombres. Hasta hoy existe el debate de si ‘La dama del armiño’ es obra de Anguissola o del Greco.

Un nombre pisoteado

En el Barroco también sobresalió el nombre de Artemisia Gentileschi. La artista italiana logró cierta fama en vida, sin embargo, tras su muerte su nombre se desvaneció. Se cree que algunos de sus cuadros pueden andar por ahí con rúbricas masculinas.  Artemisia fue la primera mujer que ingresó a la Academia del Disegno en Florencia, y los Medici la apadrinaron. Entre sus pinturas más trascendentes destaca ‘Judith decapitando a Holofernes’, donde se dice expió la agresión sexual que sufrió por parte de su maestro Agostino Tassi. Aunque el caso llegó a juicio, la pintora fue humillada varias veces a lo largo del proceso.

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