LO QUE SE PUEDE. La dirigente de Morena en el estado, Alma Alcaraz Hernández lanzó una suerte de ultimátum a los aspirantes a una candidatura de su partido en el estado para evitar las estridencias mediáticas en el afán de alcanzar una designación.

DESORDEN. Los episodios suscitados en Irapuato, cuando un grupo de simpatizantes morenistas irrumpieron en un acto del aspirante a candidato a alcalde José Aguirre, y el activismo que han desplegado en León tras bambalinas los aspirantes a la presidencia municipal en estas tierras.

PEOR ES NADA. La dirigente les pidió prudencia en sus lances mediáticos porque el Instituto Estatal Electoral anda “muy estricto”. No se atrevió a decir injusto.

EN DEFENSA PROPIA. Ya sabemos que en León, Marcelino Trejo se defiende de los señalamientos de supuesta promoción a su figura rumbo a la encuesta que aplicará su partido en dos o tres semanas más para conocer el nombre de los abanderados a alcaldías y diputaciones locales.

EL OTRO ASPIRANTE. Mientras tanto, Luis Ernesto Ruiz y sus promotores hacen talacha para tratar de ponerlo a la par del propio Trejo que trae más de un año en el trabajo de posicionamiento.

CUESTA ARRIBA. Pedir orden en Morena es como pedirle peras al olmo y la aduana es mucho más compleja si sabemos que la autoridad de la dirigente estatal en funciones es discutible para algunos porque hay sectores y personajes que no la reconocen.

LA RESISTENCIA. En la vida institucional morenista, hoy tenemos en Alma Alcaraz a una dirigente que de manera clara ha pintado su raya frente a los errores que ha cometido la dirigencia nacional en el armado de la coalición frustrada con Nueva Alianza y PT.

FECHA FATAL. A más tardar el 14 de febrero deberán estar electos los candidatos a alcaldes y diputados locales. Los procesos los controla directamente el CEN, pero si no pueden diseñar correctamente un documento de coalición, menos podrán poner paz en un partido que vive de la pugna y las diferencias.

LA TENSIÓN. El gran desafío de Morena, por lo tanto, está primero dentro de su instituto político y no afuera. En Guanajuato, hay varios incendios por apagar aunque hoy parece haber ‘calma chicha’.

LA MARCA DE LA CASA. El riesgo de que se desborden las pasiones en este partido es latente. En 2018 pudieron sortear sus dificultades con cierta solvencia en Guanajuato.

TOMA Y DACA. La expectativa de crecimiento para la elección del año siguiente es el principal ingrediente para  los negros presagios de una guerra sin cuartel que hoy apenas se percibe en el horizonte.

VAMOS A VER. No será nada sencillo porque, de entrada, hay una dirigencia estatal que resiste más que acompañar a su comité nacional. Una peculiar forma de hacer política institucional la de este partido que a unos años de su nacimiento, ya sufre de crisis permanentes.

LA DEL ESTRIBO…

Dos son las opciones que se barajan para ser delegado de Morena en Guanajuato. Una de ellas, Leopoldo Solórzano, quien se dice es empujado por el súper delgado Mauricio Hernández Núñez y el otro el senador, Daniel Gutiérrez Castorena, que es originario del vecino estado de Aguascalientes. Hoy mismo podría haber novedades sobre el enviado del CEN morenista a tierras guanajuatenses para tratar de apaciguar a las tribus locales.

FERNANDO TORRES-DIEGO SINHUE-MIGUEL MÁRQUEZ: TRES AÑOS DESPUÉS

Hace tres años, en el PAN, en el frente oficialista había fiesta y celebración porque el ‘dedazo’ había triunfado sin mayores daños colaterales, mientras que en el frente torresgracianista el ambiente era de derrota porque fracasaba oficialmente ‘la rebelión de las bases’, como tituló alguna vez el actual gobernador de Chihuahua, Javier Corral a su movimiento de insurrección al interior del PAN.

En el comité estatal panista se reunían las huestes del gran elector, Miguel Márquez y las del ungido, Diego Sinhue Rodríguez Vallejo. En primera fila, el propio candidato recién nominado. Ahí estaban Carlos Medina Plasencia y el ahora alcalde de San Miguel de Allende, Luis Alberto Villarreal.

Las dos caras de la moneda en el PAN. Con Torres Graciano habían estado algunos sobrevivientes -hoy en la nómina- como Miguel Salim y Vicente Esqueda, respectivos diputado y procurador estatal de los Derechos Humanos.

También acudía el exgobernador Juan Manuel Oliva que parecía haberse aficionado a las causas perdidas.

Ya no aparecía Ricardo Sheffield, quien estaba preparando la partida hacia Morena pero que finalmente encontró alternativa en la política pero en un partido distinto. Fernando Torres también encontró recompensa como candidato a diputado federal, pero desde entonces prefirió el ostracismo y el bajo perfil, una señal inequívoca de que no pudo superar aquella derrota.

Por sobre todas las cosas, no superó que Miguel Márquez -para quien trabajó y pavimentó el camino a su candidatura a gobernador- optara por Diego Sinhue, un político que hace 12 años se había aliado con el hoy morenista, Ricardo Sheffield.

ACOSTA CANO: OTRA OMINOSA ‘PRIMERA VEZ’ EN GUANAJUATO

El impacto y estupor provocados por el homicidio del diputado local panista y precandidato a la alcaldía de Santa Cruz de Juventino Rosas, Antonio Acosta Cano ha sacudido al estado más allá de que se inscribe en el bloque de “lo que nunca antes había sucedido en Guanajuato”.

Muchas son las aristas inquietantes que se abren a partir de este hecho en el -ya de por sí- arranque violento de este 2021.

Ya lo habíamos comentado aquí. Incapaces de responder con creces a sus compromisos de pacificar el país y el estado, el presidente Andrés Manuel López Obrador y el gobernador Diego Sinhue Rodríguez Vallejo se han tenido que conformar con acreditar que dan la batalla a los grupos del crimen organizado con detenciones, decomisos y operativos que en efecto, confirman que no están de adorno.

Para el gobierno estatal puede ser hasta plausible que en una jornada como la del lunes, enfrenten a un grupo criminal en la zona cercana a Santa Rosa de Lima y puedan abatir a ocho presuntos criminales. Hubo una baja de las fuerzas de seguridad del estado pero el balance fue favorable.

Pero si al día siguiente asesinan a plena luz del día a un político panista destacado que ya fue alcalde, quiere serlo otra vez y que ha sido diputado local, funcionario estatal y que ha figurado en los dos últimos sexenios del panismo, sólo flotan en el aire más preguntas que respuestas en torno a los móviles del atentado.

Visiblemente conmocionado, el dirigente estatal del PAN, Román Cifuentes Negrete demandó el esclarecimiento del hecho y reivindicó la figura del malogrado político: “fue un hombre limpio y ejemplar”.

Y en efecto, la impresión generalizada es esa. El estupor y el asombro de compañeros de partido proviene del porqué un político como él muere de esa manera.

¿Cuáles son las motivaciones que tuvieron los autores del atentado para actuar de esa manera? Esa es la pregunta.

Lamentablemente en el estado ya se habían dado otros ataques a políticos en funciones, pero nunca a nadie que estuviera bajo las siglas panistas. Y sí, en otros momentos, hubo suspicacia en algunos círculos gubernamentales sobre el perfil y antecedente de las víctimas.

El punto es que si los criminales ahora atentan contra personajes sin mancha en su expediente público, tendríamos que saber en qué nivel nos encontramos de violencia criminal.

Mientras las autoridades cierren filas y enfrenten a los delincuentes con los saldos que se han venido reportando, la guerra está, digamos, en el terreno de lo esperado, aunque se sigue perdiendo, o al menos lejos de la pacificación soñada.

Pero si en el saldo ya se reportan bajas de personas y personajes que mueren sin deberla ni temerla, ya entramos en otros terrenos.

Lamentablemente Acosta Cano no es la primer víctima pero sí la más conocida y una que duele y pega en todos sentidos al PAN y al gobierno.

Ya se destinó una célula especial que quizá mostrará pronto a los autores materiales o intelectuales.

El problema es que, tras un tercio del sexenio de Rodríguez Vallejo y López Obrador, no estamos mejor que como arrancaron. No estamos como ellos se comprometieron y lastimosamente seguimos esperando cuál será el próximo hecho: “esto no había ocurrido en Guanajuato”.