Manuel Arriaga 

Pénjamo.- Francisco Martínez Medel, es uno de los pocos molcajetetos que quedan en la comunidad El Tlacuache, del municipio de Pénjamo, donde la necesidad los convirtió en artesanos. Aquí, donde no hay fuentes de empleo, la gente vive del campo, de lo que produce la tierra o de la construcción. 

Algunas familias aprendieron a labrar la piedra, pasan extenuantes horas, utilizando herramientas manuales y eléctricas, para crear molcajetes que son comercializados en la región. Aunque les afectó el inicio de la pandemia, el penjamense aseguró que el mercado comienza a componerse, poco a poco. 

Pese a que la modernidad ha traído consigo enseres domésticos que nos facilitan la vida, Francisco aseguró que muchos siguen buscando los molcajetes tradicionales, para la preparación de diferentes salsas que se ocupan en la cocina mexicana. “Todavía nos siguen buscando mucho, la gente sigue buscando los molcajetes”, afirmó el entrevistado. 

Francisco Martínez mostró su modesto taller que han montado en el patio de su vivienda. Dos tejados protegen a los trabajadores del sol. El entrevistado aseguró que el oficio fue heredado de su padre, hace 22 años y confió en que él, lo pueda heredar a sus hijos. 

Explicó que el proceso de elaboración del molcajete tradicional de piedra, comienza con la visita a la mina dónde extraen las rocas del subsuelo. Utilizan martillos, cinceles y en algunos casos, explosivos caseros para poder fragmentar la roca y trasladarla en trozos que puedan ser manejables con facilidad. 

La piedra, es sometida a un proceso manual de labrado que dura hasta una hora. Es lo que tarda el artesano para darle forma a los molcajetes, a los metates y a toda pieza que sea solicitada por el cliente.