Redacción

Guanajuato.- “Qué fuerte has sido”, es el mensaje que tiene Michelle Paul para sí misma, cuando ve las fotos de sus peores momentos en la batalla contra el cáncer pulmonar, linfoma de Hodgkin. Desde abril del 2018 ha enfrentado agotadoras quimioterapias, 10 días en coma a pocos días de su diagnóstico y un trasplante de médula.

Esta joven de 20 años que hace un año contó a correo su historia, pero este 2021 su historia ha dado un favorable giro. En unas semanas, un estudio revelará qué tan cerca está de la meta: librarse del cáncer.

Pequeño gran apoyo

Michelle inició su tratamiento oncológico en el área de pediatría del Hospital General de León. Ahí encontró fortaleza en sus pequeños compañeros, “hay bebés aquí, riéndose y jugando, no me puedo deprimir. En ese momento decía: yo tengo 17 años, y una bebé de siete, nueve meses me está poniendo el ejemplo”.

La llegada de la pandemia aumento las precauciones y cuidados, también las preocupaciones: “daba miedo el ir a un hospital y tomar ese tratamiento y salir después del hospital con el riesgo de infectarte. Nos mantuvieron siempre bien controlados. Donde está oncología, no hay manera de que se vean los pacientes de otras especialidades”.

Volver a nacer

Después de que la ‘quimio’ no ofreciera los resultados espera dos, se planteó a Michelle una alternativa que en un principio la asustó: un trasplante de su propia médula ósea. “Ellos lo veían como volver a nacer, te borran toda tu información y te la vuelven a poner. Esas células que te ponen son células sanas que se empiezan a multiplicar y reproducirse”. El procedimiento se llevó a cabo en el mes de enero, en Guadalajara, donde Michelle pasó varias semanas hospitalizada, pero evolucionando de manera favorable.

Harta del “échale ganas”

Visitar a su abuelita, era lo que Michelle más anhelaba tras recuperarse del trasplante. Dejar los hospitales fue para ella un gran paso, “aprendes a disfrutar todo, a veces hasta el estar en tu casa”. Le gusta ver series, leer, y espera pronto volver al cine.

Aunque sintió miedo y sabía que morir era una posibilidad, logró mantener el optimismo porque tiene sólo 20 años y un futuro la espera: quiere ser odontóloga.

“Siempre decía, tengo que salir adelante porque quiero estudiar, viajar, conocer. Llegué a tener discusiones con mi propia familia porque decían ‘es que no te pongas así, es que échale ganas’, me cansé de escuchar el ‘échale ganas’. Me enojaba y les decía ‘me tienen aburrida con su échale ganas’, yo les decía ‘si no le echara ganas, no estaría viva’”.

Michelle está orgullosa de todo lo que ha superado desde el 2018: “me pongo a pensar cuánta gente que no estaba enferma se fue antes que yo, por covid o porque las atropellaron o algún accidente que les haya pasado”.

Por cada momento en que estuvo a punto de rendirse, hubo otro que le devolvió las ganas de vivir. Como ella misma lo dice: “Si siempre mantienes el optimismo y tratas de buscar entre 100 cosas malas una que sea buena, esa buena te va a ayudar bastante”.

“Me admiro a mí misma”, reconoce Michelle, siempre dispuesta a compartir su proceso, porque sabe lo poderoso que es su mensaje.

LC