“La jungla de asfalto” o el despertar de la conciencia social

Del latín conscientĭa, que significa “con conocimiento”. Según el Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia, Conciencia es la “propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta”. Conocimiento interior del bien y del mal. Actividad mental a la que solo puede tener acceso el propio sujeto. Acto psíquico por el que un sujeto se percibe a sí mismo en el mundo.La conciencia es el conocimiento reflexivo de las cosas.

Capacidad intuitiva, sujeta a desarrollo y perfección por medio del raciocinio y la experiencia, de conocer el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar, para la conservación del individuo y de la especia humana.

Hemos llegado a una etapa en la evolución del hombre, en la que ocupamos uno de los eslabones más evolucionados en la gran cadena zoológica, dotados de facultades especialísimas que nos distinguen del resto. Poseemos inteligencia, podemos reflexionar, analizar y distinguir el bien del mal y escoger el primero para nuestra felicidad y progreso; racionalmente el humano comprende su propia existencia y su libertad para determinar lo que es bueno y lo que es malo.

Los retos que nos plantea nuestro presente nos obligan a revalorar cuáles son las prioridades del género humano y su supervivencia; el uso de nuestro libre albedrío, ya sea que creamos o no en el determinismo, debemos asumir cierta responsabilidad en nuestro actuar. En pleno siglo XXI, el reto se ha vuelto la sobrevivencia del género humano.

Estas dos facultades, CONCIENCIA e INTELIGENCIA, deben funcionar en perfecta armonía. La conciencia indica lo que es bueno, lo que es conveniente; pero, en los actos del pensamiento, la inteligencia, esa palanca poderosa, fuerte, violenta y luminosa como el rayo, al ponerse en ejercicio ayuda a la conciencia, analiza el sentimiento y facilita y ennoblece la obra.

¿Qué será, pues, la conciencia humana? La psicología señala que la conciencia es el estado cognitivo a través del cual un sujeto puede interactuar con los estímulos externos que forman la realidad y, a partir de esa interacción, interpretarlos.

La conciencia social también se define como “el conocimiento que una persona tiene sobre el estado de los demás integrantes de su comunidad”. El individuo con conciencia social es, justamente, sabedor de cómo el entorno puede favorecer o perjudicar el desarrollo de las personas. La conciencia social supone que el hombre entiende las necesidades del prójimo y pretende cooperar a través de distintos mecanismos sociales.

El hombre manifiesta su conciencia social mediante la ideología política, jurídica, moral, o religiosa, la ciencia, el arte y la filosofía, esencial en el desarrollo de la sociedad. Pretender la uniformidad del pensamiento es como querer imponer por decreto el confinamiento.

Lo que vemos actualmente es el reflejo de las relaciones entre los individuos de una comunidad. La vida social es la esfera más compleja del mundo material, la manifestación de diversos fenómenos en los distintos órdenes económico-material y político-social. La violencia, la corrupción, impunidad, y los demás problemas que nos aquejan, guardan relación directa con la conciencia, la misma relación que el ser social con el ser; es un aspecto, una parte esencial de la conciencia y, al igual que ella, es un reflejo del ser; se halla determinado por el ser social, cuyo contenido concreto será determinado por las condiciones materiales de vida de la sociedad. A mayor pobreza y hambre, veremos aumentar la violencia.

La conciencia social se adelanta o se atrasa con respecto al desarrollo social. Así como hoy, atrasamos una hora nuestro reloj. La historia de la humanidad nos muestra cómo una pandemia no va acabar con la humanidad, pero sí va a provocar cambios drásticos en nuestra forma de vida, mermando parte de la población mundial, e introduciendo cambios bruscos en los sistemas socioeconómicos, a través de los cuales generó una mayor explotación del hombre; por lo tanto, la conciencia social debe movernos a encontrar nuevas formas de convivencia armónica, justa y equilibrada, apartándonos de la explotación del hombre, expresando nuestra solidaridad.

Las consecuencias de los hechos recientes, hacen urgente el despertar colectivo, para paliar el desempleo, la pobreza, la enfermedad. El dilema esta en cómo enfrentamos los retos; si como humanidad pretendemos jugar al solipsismo e individualismo, donde “Yo soy yo y mi circunstancia” no se traduce en el “sálvese el que pueda”; que quede claro o damos paso a una nueva comunidad de vida, de fraternidad real, donde la ayuda mutua nos lleve a mecanismos justos, equitativos de distribución de los recursos.

O habremos perdido los mínimos principios éticos de una sociedad civilizada, para dar paso a una época fatalista, convirtiéndonos a una vida gregaria; de cavernícolas, viviendo en selvas de concreto o junglas de asfalto, campos de concentración o jaulas. Donde nuestros gobernantes se vuelven líderes de una manada simios que buscan el exterminio de las otras especies para mantener sus privilegios.