Agencias

Zacatecas.- El amor de Daniela y Nallive está nutrido de resistencia y lucha. Juntas han hecho frente a la discriminación, los prejuicios, el rechazo familiar y también a la incertidumbre jurídica, al ser esposas ante la ley, aun cuando a nivel estatal el Código Familiar de Zacatecas estipula que “el matrimonio es la unión jurídica de un hombre y una mujer”.

Con cuna en el municipio de Guadalupe, ambas lograron dar certeza a su unión sin recurrir a amparos o viajar a otro estado, ya que efectuaron su matrimonio en el ayuntamiento de Zacatecas, uno de los ocho que en la entidad han abierto sus puertas, sin restricción, a todas las parejas de la comunidad LGBTTTIQ+ que deseen casarse.

En México, desde 2015, una jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) permite que, por medio de amparos, las uniones entre parejas del mismo sexo puedan realizarse en todo el país, aun con las trabas de las legislaciones locales. Sin embargo, realizar el trámite no sólo requiere inversión económica y emocional, sino también puede durar años en resolverse.

Actualmente, en el país son 18 las entidades que, a través de modificaciones a sus códigos civiles y leyes para la familia, u otros mecanismos locales, permiten que las parejas se casen sin importar sus géneros. La primera de ellas fue la Ciudad de México en 2009 y, 11 años después, los más recientes en garantizar estos derechos han sido Puebla y Tlaxcala, con la aprobación en 2020.

Casos especiales son por ejemplo Jalisco, que aunque no ha modificado su Código Civil, promulgó la Ley de Libre Convivencia estatal en 2013; o Chihuahua, donde tampoco hay cambios en la legislación, pero sí un recurso emanado del gobierno estatal.

Por otro lado, son tres las entidades —Guerrero, Querétaro y Zacatecas— que no avalan los matrimonios igualitarios a nivel estatal, pero por separado algunos de sus municipios han tomado la decisión de brindar el derecho a sus ciudadanos.

Deuda con la libertad

Hoy, siendo una familia, ambas admiten que, más allá de la discriminación, lo que más les ha dolido ha sido enfrentarse a la desaprobación de los suyos, con los que poco a poco han logrado acercarse y entenderse.

Por otro lado, ejemplifican la importancia del reconocimiento legal de su unión, pues hace unos meses, cuando Daniela tuvo que ser intervenida quirúrgicamente por una apendicitis, el acta matrimonial permitió que Nallive, en su calidad de esposa legal, fuera el familiar directo para la toma de decisiones y cuidados. Ambas están dadas de alta como un matrimonio en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Amor en el congelador

Aunque Nallive y Daniela lograron dar legalidad a su unión, en México el camino para garantizar los derechos plenos de la comunidad de la diversidad sexual continúa siendo largo y lleno de trabas. Tan sólo en el tema del matrimonio igualitario, aún están pendientes 11 entidades en legislar. En todos ellos, la coincidencia es una: las propuestas de ley para dar certeza jurídica a los matrimonios igualitarios han sido desechadas más de una vez o llevan años en el congelador.

MD