Más allá de la aldea

El discurso del presidente de los Estados Unidos Mexicanos,

El discurso del presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Andrés Manuel López Obrador, ante el presidente de la Unión Americana, Joe Biden, y el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, resultó más que sorprendente por los antecedentes de su política nacional e internacional.

Si lo que ha expresado corresponde a una política de Estado, podría decirse que hay una forma de enmienda en el camino ante lo evidente. Si es lo contrario, sólo retórica para encarar el momento en Washington supondrá para México problemas y una valiosa pérdida de esfuerzos y tiempo en camino al crecimiento económico y la aspiración a un desarrollo social mucho más justo.

Inició la “Cumbre de Líderes de América del Norte” y AMLO ha anclado a México en la economía internacional al lado de nuestros socios, ratificando que es una buena decisión estar integrados en el Tratado Comercial México-Estados Unidos-Canadá, “una acertada decisión en bien de nuestros pueblos y naciones”.

Y aquí es donde viene lo interesante y notorio, de golpe frente a lo dicho y hecho en los últimos tres años, tal vez porque le pesó al mandatario mexicano que China le haya enmendado la plana en el Consejo de Seguridad frente a su discurso de fraternidad, lo cual no debe se extraño debido a los antecedentes del comportamiento político personal del presidente, ajeno a las formalidades de una jefatura de Estado. López Obrador ha anunciado urbi et orbi que la alianza norteamericana debe enfrentar la expansión productiva y comercial de China, a la cual ve como un riesgo. Puede resultar increíble.

Y aquí es donde viene lo interesante y notorio, de golpe frente a lo dicho y hecho en los últimos tres años, tal vez porque le pesó al mandatario mexicano que China le haya enmendado la plana en el Consejo de Seguridad frente a su discurso de fraternidad, lo cual no debe se extraño debido a los antecedentes del comportamiento político personal del presidente, ajeno a las formalidades de una jefatura de Estado. López Obrador ha anunciado urbi et orbi que la alianza norteamericana debe enfrentar la expansión productiva y comercial de China, a la cual ve como un riesgo.

Puede resultar increíble que entre líneas, el residente de Palacio Nacional, reconozca lo atinado que ha sido que desde hace treinta años, por determinación de Carlos Salinas de Gortari, su némesis por décadas, haya comenzado la integración de América del Norte y a la vez puntualice a los dirigentes de Canadá y Estados Unidos que vamos lentos en la ruta de fortalecer la región, al comparar el crecimiento comercial de China frente a nuestros subcontinente. Hace tres décadas China dominaba el 1.7 por ciento del mercado mundial y América del Norte el 16 por ciento; ahora a relación es de 14.4 por ciento para el gigante rojo y 13 por ciento para nosotros; advirtiendo que para 2051, siguiendo la tendencia, China dominaría 42 por ciento del mercado mundial y nuestra región apenas el 12 por ciento.

La urgencia de López Obrador en el discurso es notable, llamativa. Precisó: “además de ser una desproporción inaceptable en el terreno económico, mantendría viva la tentación de apostar a resolver esa disparidad con el uso de la fuerza, lo cual nos pondría en peligro a todos. Por eso, lo mejor, lo más conveniente es fortalecer nuestras economías, fortalecernos comercialmente en América del Norte y en todo el continente”. Además, adoptó la premisa de Joe Biden, trabajar en la sustitución de importaciones, para no depender de Asia. Bueno, en este punto, invitó al resto de América a jugar las contras con China.

La jugada, sin duda estructurada desde las mejores prácticas de la diplomacia mexicana, esa que ha hecho historia ante Estados Unidos y Canadá desde el sexenio de Salinas, conocedora de cómo funcionan los hilos del poder, sobre todo en la Unión Americana, ha puesto la zanahoria por delante a nuestros socios, pues conlleva también la demanda de, ya, abordar la integración de la población, abrir la migración entre socios, lo negado por los estadounidenses por décadas. El paso no dado, que si dio la Unión Europea. Lo primero, legalizar a 11 millones de mexicanos en Estados Unidos.

Si Andrés Manuel López Obrador lograra avanzar hacia la migración legal abierta entre las tres naciones y concediera dejar atrás su chauvinismo y pensamiento económico setentero, para forjar la integración profunda de las tres economías, aprovechando el poder de los tres Estados y de la economía de su sector privado, podría, ahora sí, dar un paso a la historia, porque en su preocupación lograría sentar las bases para un mejor ingreso de nuestros trabajadores, aquí y allende la frontera, para una sociedad sin una brecha salarial tan extrema como la actual en México. A diferencia de lo dicho en Nueva York, el mensaje ofreció realismo y practicidad, por vez primera desde 2018 se mostró la posibilidad de una verdadera Jefatura de Estado para un país tan grande y rico como México, lejos del pensamiento aldeano.

El discurso de López Obrador, en la Cumbre de Líderes de América del Norte, destacó un hecho bien conocido en la escuela diplomática mexicana, debido a geoestrategia, ante China, sólo hay dos rivales: Rusia y América del Norte. El potencial de población, conocimiento, tecnología, comunicaciones, transportes y recursos naturales es la base para lo que será la gran lucha del siglo XXI. Y si se agrega la alianza con América Latina, que tanto disputan rusos y chinos con norteamericanos, estará en estas tierras el balance del mundo.

Pero… si, por el contrario, sólo es un discurso al momento, este diáfano escenario pintado por el jefe de Estado de México pasará a ser la oportunidad perdida. La política interna define la política externa. Hasta ver… creer.

Andrés Manuel López Obrador, ante el presidente de la Unión Americana, Joe Biden, y el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, resultó más que sorprendente por los antecedentes de su política nacional e internacional.

Si lo que ha expresado corresponde a una política de Estado, podría decirse que hay una forma de enmienda en el camino ante lo evidente. Si es lo contrario, sólo retórica para encarar el momento en Washington supondrá para México problemas y una valiosa pérdida de esfuerzos y tiempo en camino al crecimiento económico y la aspiración a un desarrollo social mucho más justo.

Inició la “Cumbre de Líderes de América del Norte” y AMLO ha anclado a México en la economía internacional al lado de nuestros socios, ratificando que es una buena decisión estar integrados en el Tratado Comercial México-Estados Unidos-Canadá, “una acertada decisión en bien de nuestros pueblos y naciones”.

Y aquí es donde viene lo interesante y notorio, de golpe frente a lo dicho y hecho en los últimos tres años, tal vez porque le pesó al mandatario mexicano que China le haya enmendado la plana en el Consejo de Seguridad frente a su discurso de fraternidad, lo cual no debe se extraño debido a los antecedentes del comportamiento político personal del presidente, ajeno a las formalidades de una jefatura de Estado. López Obrador ha anunciado urbi et orbi que la alianza norteamericana debe enfrentar la expansión productiva y comercial de China, a la cual ve como un riesgo. Puede resultar increíble.

Y aquí es donde viene lo interesante y notorio, de golpe frente a lo dicho y hecho en los últimos tres años, tal vez porque le pesó al mandatario mexicano que China le haya enmendado la plana en el Consejo de Seguridad frente a su discurso de fraternidad, lo cual no debe se extraño debido a los antecedentes del comportamiento político personal del presidente, ajeno a las formalidades de una jefatura de Estado. López Obrador ha anunciado urbi et orbi que la alianza norteamericana debe enfrentar la expansión productiva y comercial de China, a la cual ve como un riesgo.

Puede resultar increíble que entre líneas, el residente de Palacio Nacional, reconozca lo atinado que ha sido que desde hace treinta años, por determinación de Carlos Salinas de Gortari, su némesis por décadas, haya comenzado la integración de América del Norte y a la vez puntualice a los dirigentes de Canadá y Estados Unidos que vamos lentos en la ruta de fortalecer la región, al comparar el crecimiento comercial de China frente a nuestros subcontinente. Hace tres décadas China dominaba el 1.7 por ciento del mercado mundial y América del Norte el 16 por ciento; ahora a relación es de 14.4 por ciento para el gigante rojo y 13 por ciento para nosotros; advirtiendo que para 2051, siguiendo la tendencia, China dominaría 42 por ciento del mercado mundial y nuestra región apenas el 12 por ciento.

La urgencia de López Obrador en el discurso es notable, llamativa. Precisó: “además de ser una desproporción inaceptable en el terreno económico, mantendría viva la tentación de apostar a resolver esa disparidad con el uso de la fuerza, lo cual nos pondría en peligro a todos. Por eso, lo mejor, lo más conveniente es fortalecer nuestras economías, fortalecernos comercialmente en América del Norte y en todo el continente”. Además, adoptó la premisa de Joe Biden, trabajar en la sustitución de importaciones, para no depender de Asia. Bueno, en este punto, invitó al resto de América a jugar las contras con China.

La jugada, sin duda estructurada desde las mejores prácticas de la diplomacia mexicana, esa que ha hecho historia ante Estados Unidos y Canadá desde el sexenio de Salinas, conocedora de cómo funcionan los hilos del poder, sobre todo en la Unión Americana, ha puesto la zanahoria por delante a nuestros socios, pues conlleva también la demanda de, ya, abordar la integración de la población, abrir la migración entre socios, lo negado por los estadounidenses por décadas. El paso no dado, que si dio la Unión Europea. Lo primero, legalizar a 11 millones de mexicanos en Estados Unidos.

Si Andrés Manuel López Obrador lograra avanzar hacia la migración legal abierta entre las tres naciones y concediera dejar atrás su chauvinismo y pensamiento económico setentero, para forjar la integración profunda de las tres economías, aprovechando el poder de los tres Estados y de la economía de su sector privado, podría, ahora sí, dar un paso a la historia, porque en su preocupación lograría sentar las bases para un mejor ingreso de nuestros trabajadores, aquí y allende la frontera, para una sociedad sin una brecha salarial tan extrema como la actual en México. A diferencia de lo dicho en Nueva York, el mensaje ofreció realismo y practicidad, por vez primera desde 2018 se mostró la posibilidad de una verdadera Jefatura de Estado para un país tan grande y rico como México, lejos del pensamiento aldeano.

El discurso de López Obrador, en la Cumbre de Líderes de América del Norte, destacó un hecho bien conocido en la escuela diplomática mexicana, debido a geoestrategia, ante China, sólo hay dos rivales: Rusia y América del Norte. El potencial de población, conocimiento, tecnología, comunicaciones, transportes y recursos naturales es la base para lo que será la gran lucha del siglo XXI. Y si se agrega la alianza con América Latina, que tanto disputan rusos y chinos con norteamericanos, estará en estas tierras el balance del mundo.

Pero… si, por el contrario, sólo es un discurso al momento, este diáfano escenario pintado por el jefe de Estado de México pasará a ser la oportunidad perdida. La política interna define la política externa. Hasta ver… creer.