Onofre Lujano

Jerécuaro.- Una serie de accidentes dejaron a Lucio Alberto sin poder ver, sin embargo, esto no acabó con su vida ni con sus sueños. El jerecuarense continuó sus estudios y tras años de preparación, ahora es capaz de curar con sus manos.

Lucio Alberto Flores Caballero, es un fisioterapeuta invidente, es originario de la comunidad de San Lorenzo. Los fines de semana atiende en la hacienda de Puruagua y desde hace 8 años en la cabecera municipal en una unidad de rehabilitación que pertenece al DIF.

Ahí, mediante la masoterapia, una rama de la fisioterapia, detecta los problemas de sus pacientes. Palpa con sus manos y con distintas técnicas de masaje, para encontrar los padecimientos de cada persona.

Comenta además que trabaja con imanes pues en todo este tiempo no ha dejado de estudiar y actualmente acude a Querétaro donde sigue recibiendo cursos y diplomados.

Fue en la misma ciudad de Querétaro, donde por cuatro años estudió en la escuela “Unión de Minusválidos”, más tarde, se prepararía con diferentes cursos de rehabilitación física. También estudió computación y aprendió programas adaptados, mediante un lector de pantallas y otros programas que le permiten interactuar con la máquina sin problemas. Incluso se puede escanear un libro y este se convierte en audiolibro.

Actualmente su trabajo le da no solo para mantenerse él sino para brindar lo necesario a su esposa y a sus dos hijos, el primero de 14 años y el más pequeño de 5.

Cada terapia se cotiza entre 250 y 300 pesos; en la zona de Puruagua la deja en 100 o 150 pesos; pero en Querétaro llega a costar de 500 a 600 pesos.

Trasladarse de un punto a otro es complicado, pero en Jerécuaro, a donde acude tres veces por semana, ya ha encontrado apoyo. Se va en camión entre 8 y 8:30 am y regresa a las 4:00 pm, la gente ya lo conoce, lo ayuda y lo guía, se sirve de su bastón y de sus compañeros que lo acompañan sin dudar.

Atiende a personas con problemas de espalda, ciática y que busquen masajes, cualquiera que requiera de una de sus atenciones, él se encuentra en San Lorenzo pero pueden contactarlo al 421 462 44 37.

Una mala atención le apagó la luz

Lucio también cuenta cómo fue perder la vista en ambos ojos. Esto se produjo de forma separada. Primero, alrededor de los 16 años recibió un balonazo. Solo bastaron 8 días para que perdiera la mitad de su visión.

Sin embargo, unos tres o cuatro años después, se cayó de una bicicleta, golpeándose el ojo sano, esto le provocó desprendimiento de retina bilateral, una condición que no se presentaría de inmediato.

Ese día regresaba de ver a su novia, Linda, quien ahora es su esposa. Pudo casarse todavía viendo, ya que los problemas no llegaron sino hasta dos años después.

Contó que acudía a citas médicas en el seguro, ellos detectaron el problema, pero dejaron mucho espacio entre citas y su retina terminó por desprenderse.

El deporte jamás se fue de su vida

Lucio Alberto recordó que en Querétaro también se interesó en el lanzamiento de bala, una disciplina en la cual destacó pues, pese a no ser profesional, logró dos campeonatos estatales y un sexto lugar a nivel nacional.

En Nayarit, al enfrentarse a deportistas de todo el país, muchos de los cuales eran profesionales, tuvo que decidir entre su trabajo y este deporte, el lanzamiento era exigente con su brazo que sin duda ocupaba para laborar, por lo que escogió abandonar esta disciplina.

Sin embargo, no abandonó la actividad física, actualmente se ejercita en una bicicleta fija, hace pesas, camina y tiene increíbles recuerdos por haber destacado en lanzamiento de bala allá en 2013.

LC