Es opinión casi generalizada que la educación es la base de un política sólida y capaz de llevar a buen fin las políticas públicas que se requieren, para iniciar o proseguir la evolución de cualquier grupo social.

En la historia de la humanidad, abundan ejemplos de regímenes exitosos, mediante políticas públicas orientadas por un sistema educativo definido en sus propósitos y en armonía con el Estado, en donde rige un orden jurídico fundado en el análisis sin concesiones, de su historia.

La educación no debe tener como objetivo único la niñez, aunque sea la condición para lograr sociedades exitosas en los ámbitos económico, político y cultural. Es ineludible dar seguimiento a la política educativa y juzgar los resultados, en función de metas cada vez más avanzadas.

Todos los gobiernos, han de tener cuidado en contar con equipo de asesores en materia educativa, aun cuando será siempre mejor, que el propio gobernante, esté persuadido que su primera obligación es lograr que las instituciones educativas, proyectadas por el Estado, tengan finalidades esencialmente humanistas. Es decir, que las cualidades superiores del ser humano, tengan campo propicio para su desarrollo y evolución.

El gobernante habrá de cuidar que los afanes innovadores, no den al traste con los objetivos torales del Estado, especialmente a la hora de ser requerido de análisis, por los cambios que fuera de su alcances puedan desvirtuar lo conseguido, especialmente el materia económica, cuyo principal objetivo será, enriquecer el patrimonio social, comenzando por el material humano.

Indiscutiblemente que una de las tareas más difíciles es preservar el patrimonio social, sin lastimar la moral social y las normas que se jura cumplir y hacer cumplir. La obligación del gobernante es atender el compromiso con la norma, pero a la vez; sin contravenir la esencia de la norma jurídica, cuidar que el espíritu que la generó, sea respetado en aras de la evolución de la propia norma vigente.

En consideración a lo anterior, los partidos políticos deberán poner énfasis en la preparación de sus cuadros para que, en ejercicio del gobierno, tengan capacidad y determinación de cumplir y hacer cumplir la norma. Es por eso, que el político, debe fortalecerse en la idea de que el trabajo político para vivir en la democracia debe ser, esencialmente dinámico, sin que las adecuaciones, den al traste con la esencia de la norma.

Tener una idea clara sobre la esencia de las instituciones educativas; poseer una cultura más que mediana sobre economía política, serán las bases fundamentales para saber, hasta donde tenemos rezagos en los conceptos de educación y economía; que serán las áreas esenciales para lograr un buen gobierno.