Yael Razo

Guanajuato.- En el siglo XIX la historia de los hermanos Máximo y Bartola dio la vuelta al mundo. Ambos padecían microcefalia y en aquella época su aspecto físico y discapacidad mental resultaba extraño a las personas.

Su madre los vendió al nicaragüense Raimundo Selva, y este a su vez cedió la custodia a William J. Morris, un showman, quien prometió llevarlos a Estados Unidos para brindarles atención médica.

Sin embargo, su intención era exhibirlos en espectáculos por Estados Unidos y Europa. El comerciante para captar más la atención de su público inventó que los pequeños fueron encontrados en un templo de una ciudad perdida de Centroamérica y por ello eran llamados “los niños Aztecas”.

Fue hasta 1957 que en Europa se dieron cuenta del origen de Máximo y Bartola porque el vicecónsul de El Salvador en Alemania mandó a los periódicos una carta donde informaba que la madre de los niños quería traerlos a San Salvador.

No obstante, Máximo y Bartola no regresaron al país, sino que fueron comprados por el empresario de circo estadounidense Phineas Taylor Barnum, quien los expuso en un museo de Nueva York.

En 1867, como una estrategia publicitaria Morris decidió casar a los hermanos en Londres y años después siguieron siendo exhibidos con su vestimenta de boda. Por casi medio siglo los hermanos fueron exhibidos en Europa y Estados Unidos, la última vez que se les vio fue en Londres en 1893.

dm