Las Ventanas Opinión

Los huesos del Presidente Juárez y un plato de lentejas

Hay historias que apenas van iniciando, se acaban. Son como las carreras de caballos parejeros: inician rápido y son de corto aliento. La oportunidad política que Onésimo Cepeda Silva buscó duró más o menos lo mismo que un suspiro, pero en sus estertores generó movimientos que estoy segura que llegaron a retumbar en los huesos del Benemérito de las Américas.

Si Don Benito Juárez pudiera asomarse desde el espacio en el que se encuentra y lograra dar una ojeada al México de hoy, se revolvería en su lugar de reposo. ¿Qué están haciendo con mi legado?, me imagino que preguntaría y si pudiera, le daría un manotazo al escritorio. No sé cuantas leyes, disposiciones, reglamentos, normas se violaron para postular como candidato a un puesto de elección popular a un prelado de la Iglesia Católica. Hasta donde me quedé y desde la Reforma de Juárez, hay una separación clara entre el Estado y la Iglesia.

A Onésimo Cepeda Silva le gusta estar bajo los reflectores. Siempre ha sido un personaje situado en el ojo del huracán. Es un hombre allegado a políticos de elite y a empresarios prominentes. Nada menos, los primeros pasos de su carrera en el ámbito financiero los dio Carlos Slim que es su gran amigo. Hoy, a los ochenta y cuatro años Don Onésimo Cepeda es Obispo Emérito de Ecatepec después de haberse jubilado en mayo de 2012.

Es inevitable pensar en qué estarían pensando al plantear esa candidatura. Por un lado, Onésimo Cepeda no es un cura de rancho, estamos hablando de un hombre cuya prelatura está en los niveles más encumbrados de la iglesia católica. Es un representante de Cristo en la tierra, tiene anillo y báculo de pastor. Y, aunque su grey está en Ecatepec, uno de los municipios más grandes del Estado de México y que tiene muchos focos de pobreza, siempre fue recriminado por una fracción de los fieles que aseguraban que sólo atendía a la gente rica y sus amigos. El personaje es controvertido, pero no es tonto. No se entienden sus intenciones. Tal vez, la vida del retiro le pareció demasiado tranquila y necesitaba nuevos retos.

Por otro lado, tampoco se entiende muy bien qué pretensiones tendría el Partido Fuerza por México al presentar en un hotel de la Ciudad de México a su flamante candidato a diputado que, además llegaría a la curul por la vía plurinominal, es decir, sin hacer campaña. ¿Será que no se enteran que un obispo no puede contender a un puesto de elección popular? Si Benito Juárez viviera ya tendría la piel llena de ronchas de los corajes que estaría haciendo.

Es de alarmar la falta de información de la gente que conforma este nuevo partido, valdría mucho la pena que se informaran que Cepeda Silva aparece todavía como ministro de culto por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) en el Directorio de Ministros de Culto de la Dirección General de Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación (Segob), actualizado al viernes 2 de abril del presente año, ¿no creen? También sería bueno que leyeran el artículo 55, fracción VI de la Constitución mexicana que establece como requisito para ser diputado “no ser ministro de algún culto religioso”. El artículo 130, incido D de la Carta Magna dice a su vez que “los ministros de cultos no podrán desempeñar cargos públicos. Como ciudadanos tendrán derecho a votar, pero no a ser votados”.

Digo que la historia de la candidatura del obispo emérito es de corto aliento porque ya se acabó. Primero el Episcopado de México se deslindó, ni tenemos que ver con el partido Fuerza por México ni con la decisión del obispo emérito. El propio Onésimo Cepeda ya dijo que el Papa Francisco no le dio autorización para contender. Yo jamás voy a abandonar mi ministerio porque sería tanto como vender mi progenitura por un plato de lentejas, por ser diputado, aclaró. Sí, creo que eso precisamente es lo que estaba haciendo.

Y, aunque la historia no dio para mucho más, porque apenas nacía, el proyecto ya estaba muerto, nos deja un mal sabor de boca. El fiel de la balanza marca un arco entre los actos seniles y las conveniencias partidarias. No sólo se pone en riesgo su obispado, esta candidatura pone en juego la congruencia de Cepeda como persona y de Fuerza por México como partido. Sólo los que no quieren ver, no se dan cuenta.

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