Sus muchos las razones para iniciarse en el consumo de alcohol y drogas. En ocasiones sensaciones internas desagradables, situaciones de rechazo, de conflicto con la familia y los amigos, suelen ser el detonante.

Otras causas suelen ser: satisfacer la curiosidad, pertenecer a un grupo de pares y ser aceptado, tener experiencias nuevas, placenteras, emocionantes y hasta peligrosas, ser una práctica de consumo habitual en la familia.

En otras ocasiones se trata de demostrar que son capaces de decidir unilateralmente, sin el consentimiento de los padres, aparentar que se tiene el valor y arrojo para realizar actividades prohibidas. A algunos el hastío el sinsentido, el no saber a dónde ir ni qué hacer, les genera angustia y el consecuente pensamiento de que la mejor salida es el alcohol o las drogas.

En otras ocasiones simplemente deciden hacerlo, explorar, tomar o consumir lo que se les ofrece sin siquiera saber de qué se trata, cuáles son sus efectos, sus consecuencias, sin conocer el potencial de enganche y dependencia que tienen las sustancias.

Sí, el desconocimiento de las consecuencias es un factor de riesgo para el consumo. Algunas veces los y las jóvenes pueden creer que las consecuencias sólo los involucra a ellos, a ellas, dejando de lado el factor familiar y comunitario, es decir, la evidencia de que el consumo que puede llevar a la adicción se vuelve un problema que afecta no sólo al individuo sino a todo el núcleo familiar y social.

Muchos actos de violencia y accidentes mortales (sobre todo automovilísticos) son principalmente asociados a las personas que consumen algún tipo de droga o alcohol, situaciones en las que muchas personas inocentes se ven involucradas de manera involuntaria.

En el mundo adolescente se suele pensar que ingerir bebidas embriagantes o drogas tiene ventajas. Suelen creer que las relaciones sexuales son más placenteras, cuando la realidad es que el consumo habitual de alcohol y drogas puede conducir a prácticas sexuales riesgosas, con personas o situaciones en las cuales en un estado libre de sustancias no se harían.

El consumo legal para los adultos de algunas drogas (sobre todo el tabaco y el alcohol) puede crearles la impresión a muchos menores de edad que dichas sustancias no tienen afectación. Alguien debe informales pronto sus efectos e implicaciones.

El consumo de tabaco y alcohol que, son socialmente permitidos, están considerados como potencial puerta de entrada al uso de otras drogas. Es alarmante que a pesar de que las leyes prohíben su venta y consumo a menores de edad, en la realidad dicha práctica es parte del paisaje, ocurre ante la mirada de los adultos: en las fiestas de XV años, en los festejos organizados en sus propias casas con el argumento: “mejor que tome aquí que en algún lugar donde no lo vea”, olvidando que no se trata de verlo o no verlo, sino de una conducta de alto riesgo; en otras ocasiones son los propios padres los que dicen enseñar a sus hijos e hijas a tomar (!).

Cuando hablamos de menores de edad, hablamos de sus padres/madres, también, pues las consecuencias de los comportamientos adolescentes aún interpelan a sus progenitores. La ausencia de la autoridad paterna/materna, la retirada de los adultos de la vida de los y las adolescentes está provocando situaciones peligrosas. Necesitamos asumir un rol más atento, con mayor responsabilidad, es decir, con mayor capacidad de respuesta a su proceso de crecimiento y madurez.

Aún hay mucho por enseñarles. Por ejemplo, que no necesitan meterse sustancia alguna para gozar, para socializar, para pasarla bien, sino que su propio cuerpo las produce de manera natural, sólo tienen que hacer lo les hace sentir bien: dialogar, bailar, reír, socializar, compartir, quererse, respetarse, confiar en sí mismo, vivir con pasión, apreciar a los demás, agradecer lo que tiene y compartirlo, plantearse metas, retos y alcanzarlos, construir un proyecto de vida que lo mantenga motivado, vivo. Entonces su cuerpo producirá los neuroquímicos que necesitan para vivir pleno, realizado y feliz.

Esto suelen desconocerlo los y las adolescentes. Esto aún nos toca enseñárselo. Aunque ya están grandes aún necesitan de nuestra guía, de nuestro acompañamiento, de nuestro modelaje, de nuestro saber humilde. Si emprendemos la retirada parental/marental demasiado pronto, nuestros hijos lo padecerán, y nosotros también.