Las Ventanas

El general Cienfuegos

La noticia nos llegó desde Los Ángeles por diversos medios de comunicación. Parece que acaban de detener al General Cienfuegos, en poco tiempo nos enteramos de que era cierto. Las editoriales de periódicos extranjeros han sido duras, durísimas. Me temo que es momento de ser mesurados, de tener prudencia y de tratar con cuidado el tema. Principalmente, no es momento de hacer escarnio de nadie.

El embajador de los Estados Unidos, Christopher Landau, informó al Canciller Marcelo Ebrard que el ex Secretario de la Defensa, el General Salvador Cienfuegos Zepeda había sido detenido en el aeropuerto de Los Ángeles, California. Más allá de cualquier tinte político o de cualquier ventaja, me entristece ver como las voces que se pronuncian tienden a generalizar y a condenar a uno de los pilares institucionales de este país.Esta detención es un parteaguas, nunca antes un gobierno extranjero había detenido a un miembro de las fuerzas armadas de tan alto rango. El impacto que tiene para nuestro país, para la Secretaría de la Defensa, para la relación bilateral entre Estados Unidos y México, para la situación política en ambos países es de amplio espectro.

Por supuesto, la noticia nos cayó como piedra en el dedo chiquito. El golpe nos saca el aire y nos deja al pendiente de lo que tengan que decir las agencias, la DEA específicamente, sobre el alcance en la responsabilidad y la contundencia de las razones de la detención porque no podemos ser ingenuos. A mí me llama la atención que justo en el momento en el que Donald Trump necesita un aire que le de impulso a su campaña, llegue este bombazo mediático de esta envergadura.

Nada más hace falta echarle un vistazo a los periódicos más importantes que se editan en los Estados Unidos para enterarse que el hecho no pasó desapercibido. La mayoría se ocupan del tema. Es curioso: cuando se firmó el TMEC no hubo tanta cobertura como la tuvo esta detención y de repente cabe la sospecha de si alguien se está llevando agua para su molino, pues sabemos que Donald Trump es capaz de intentar de todo con tal de reelegirse.

Escucharemos de todo, leeremos un sinfín de opiniones y habrá los que hagan leña del árbol caído. Sin embargo, sigo pensando que, en este caso, tenemos que ser mesurados. Es tan fácil desatar una guerra mediática y sacar el garrote para pegarle a la Secretaría de la Defensa Nacional, elevar el dedo acusador o lanzarnos a la yugular para morder. Hacerlo es darle de golpes al prestigio de la institución que se encarga de la salvaguardar los intereses del territorio y soberanía nacional. No es justo. Hay hombres y mujeres que comprometen el honor y dan la vida en hospitales, en los campos, en las carreteras, en el aire y que viven la vocación en cada respiro. Son personas que cumplen el juramento de lealtad y sacrificio y lo suscriben con sus acciones todos los días.

Es verdad, el General Cienfuegos es sólo un miembro más del Ejército Mexicano, es un individuo que tiene una acusación y al que se le debe respetar su derecho de presunción de inocencia. También es cierto que las autoridades estadounidenses no se hubieran atrevido a llevar a cabo una detención de un militar de tan alto rango si no hubieran tenido las evidencias y los fundamentos. También, se arruga el corazón al atisbar el poder corruptor del narco.

No conozco al General Cienfuegos, un hombre que ostentó cuatro estrellas, que fue responsable del Ejército Mexicano, que tuvo que cursar una larga carrera y demostrar infinidad de veces que era apto para sus funciones y que su estado de salud física y mental eran optimas. Me cuesta trabajo ver la forma en que fue detenido, frente a su familia, sin ningún tipo de cortesía diplomática, acusado de tener relaciones con García Luna. Y, habrá que tener paciencia, se deberán demostrar todos los dichos y los supuestos. Antes de alzar las cejas, necesitamos evidencias.

Insisto, no conozco al General Cienfuegos, pero conozco a muchos militares que ejercen sus labores sirviendo en forma leal y honesta al país. Por ellos sé que las Fuerzas Armadas de México son una institución con carácter y orgullo de pertenencia que demuestran compromiso con la Nación. Es hora de que los civiles observemos con objetividad lo que está sucediendo. Es momento de dejar de lado el sensacionalismo. Principalmente, hay que entender que no son tiempos de escarnio sino de poner atención.