Lo que nos dicen los números

Siempre he creído que los números son amigos confiables. Son objetivos, dicen la verdad y no están sujetos a la subjetividad del punto de vista. Es verdad, son fríos y no tienen preferencias. No se ladean dependiendo de sus preferencias, por eso se puede creer en ellos. No son conservadores ni liberales. Son cifras que reflejan situaciones a las que se llegó debido a una cadena de decisiones que se fueron tomando en momentos determinados.

Más allá de opinar sobre esas disposiciones que se han dado últimamente, lo que los números reflejan es que nuestra economía se ha debilitado. Los que se emocionaron por la mejora que se mostró cuando se reabrieron las puertas de los negocios, hoy andan alicaídos otra vez. Los comercios no están sintiendo el impulso que se presume desde Palacio Nacional. Las ventas totales de la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicios y Detallistas que corresponden al mes septiembre recularon en términos nominales respecto a las de agosto. Preocupa porque estamos hablando de un sector que no paró por la pandemia. En agosto se vendieron 110 mil 500 millones de pesos, mientras que en septiembre sólo 104 mil 400 millones. Se trata del primer declive desde mayo. Las ventas a precios constantes cayeron.

El comercio no está solo con estos padecimientos. La cifra de la producción manufacturera de agosto nos muestra un virtual estancamiento respecto a julio, pues tuvo un crecimiento por debajo del uno por ciento. Es cierto, por lo menos no retrocedió, pero tampoco se le ve muy vigoroso. El escenario de exportaciones de autos sí dio un salto atrás, las cifras correspondientes a septiembre retrocedieron más de un cuatro por ciento con relación a las de agosto. El dato alarma ya que en los tres meses anteriores se había tenido incrementos.

La ilusión con la que se vio la reapertura de la economía nos duró poco, fue como una llamarada de petate y es necesario poner manos a la obra. Parece que el vuelo que causó el entusiasmo está perdiendo impulso. Lo que en agosto subió ligeramente, en septiembre se cayó. Octubre las tendencias no muestran que esté habiendo un repunte. Además, contemplar el escenario mundial no nos está dando muchas esperanzas. El rebrote de los contagios en países europeos, el cierre de muchos municipios en el viejo continente, ponen la piel de gallina.

Además de los dolores de cabeza internos, de las amenazas a la salud y nuestros problemas particulares, están las elecciones de los Estados Unidos. Los resultados de lo que los votantes estadounidenses elijan, afectan a nuestro país sí o sí. El fantasma de la desconfianza empieza a volar con mayor libertad. Biden o Trump, malo por conocido que bueno por conocer, escenarios que nos ponen con las patas para arriba. No en valde muchos empresarios empiezan a desesperarse y los consumidores pierden la confianza. La evidencia marca que la economía está frenada.

Quisiéramos que las palabras fueran suficientes para brincar del estancamiento al crecimiento. Necesitamos pasar a la acción, es preciso que las empresas del sector privado empiecen a trabajar y el Estado deje de hablar de proyectos que se van a hacer y se hagan. Falta una verdadera palanca que consiga encender la actividad y potenciar el crecimiento de la economía. Los números nos están reflejando la urgencia de ponernos manos a la obra.

Esta pandemia a hecho que muchos negocios se pierdan, que muchos proyectos empresariales no logren sobrevivir el impacto que les dejó la pandemia en estos meses. Hay que pasar de las palabras a las acciones. Hay que entender lo que los números nos están dejando ver. Y, aunque parezca duro, es mejor informarnos, entender interpretar que escuchar palabras bonitas que nos endulzan el oído y que, a la hora buena, no sirven de consuelo.