Las ventanas

Lo que sucedió en Chile

Hace casi 30 años, terminó la dictadura de Pinochet y Chile se proyectó como ejemplo de mejores prácticas económicas, eran un prototipo a seguir. En las aulas, el modelo chileno se enseñaba como una insignia de las mejores prácticas, nuestros profesores se referían a Chile con palabras de admiración y en sus cátedras lo denominaban un milagro económico. Era inevitable referirse a su capacidad de reconstrucción, eran el Ave Fénix latinoamericano, los que habían sobrevivido a la crueldad dictatorial, al yugo de un gobierno durísimo y los que habían sabido hacer las cosas. ¿Qué sucedió en Chile?

Las calles de Santiago, la capital, arden y no es una metáfora. Una jornada más de manifestaciones en Chile nos da cuenta del encono de su gente y la desesperación de su pueblo. La situación es grave: hubo un incendio en un centro comercial, fuertes disturbios y enfrentamientos con las autoridades. La chispa que detonó el fuego fue un incremento al boleto de metro, pero se entiende que esto fue la gota que derramó el vaso. La gente está enfadadísima y el presidente Piñera enfrenta una crisis de dimensiones catastróficas.

La situación se desborda, pese a las nuevas medidas anunciadas por el gobierno —entre ellas, un radical cambio de gabinete—, miles de personas volvieron a marchar en el centro de Santiago, en este caso de camino al palacio de La Moneda, la sede del Ejecutivo, para reclamar reformas estructurales que generen una sociedad más justa. Falló el milagro.

Todos los excesos son malos. En Chile, la privatización se hizo a lo grande: todo está en manos de la iniciativa privada. Incluso el agua pertenece a particulares. El sistema de salud es malo y caro. Es más barato y eficiente venir a México a tratarse de alguna enfermedad que intentar hacerlo en hospitales chilenos en donde el servicio es defectuoso y excesivamente oneroso. Es decir, no alcanza el dinero. La distribución de la riqueza es desigual y la clase media ve con desesperación que su destino es caer en la pobreza.

En Chile, la mano invisible repartió mal y para variar, la concentración de la riqueza se dio en unos cuantos. La batuta de Friedman, quien asesoró directamente en la concepción del modelo chileno, se resquebraja y se hace polvo. Tal vez, Keynes tenía razón: la intervención del Estado debió vigilar para que la economía estuviera sana. No hay salud económica en donde el sueldo no alcanza, en donde la codicia lleva que unos cuantos tengan todo y a otros nos les alcance para vivir. Eso fue lo que pasó en Chile. La cadena reventó por el eslabón más delgado. El Estado no ejerció sus funciones regulatorias, no sirvió de fiel de la balanza que propiciara un mejor reparto y una situación más equitativa. No se trata de que a los empresarios les vaya mal, se trata de abatir la pobreza.

Dicen por ahí que cuando veas las barbas de tu vecino cortar, hay que poner las tuyas a remojar. En Chile, la división se mezcló con la desesperación y el resultado fue una explosión popular de proporciones destructivas. Cuando el pueblo combina desesperanza con enojo y el Estado no sabe dar alternativas que alivien la situación, el fuego arde dejando devastación. En Santiago se veían dos escenarios: las protestas legítimas y pacíficas de quienes salieron a la calle a expresar su angustia y las manifestaciones violentas que generan destrucción y caos.

¿En qué parte falla el modelo chileno? Los empresarios buscan generar utilidades y eso está bien, es su propósito y es legítimo, para eso toman el riesgo de empezar un negocio. Las empresas generan utilidades y con ellas se pagan los impuestos. Las contribuciones son los ingresos que tiene el Estado para cuidar al pueblo. Pero, si los estados dejan de cuidar al pueblo, si la fórmula se trastoca y se deja de mirar a la gente, la cadena de valor se desgasta y termina reventando.

En Chile se pide un cambio de rumbo. Las grietas del modelo chileno se ven como heridas que cada uno de los ciudadanos muestran al mundo. El descontento y el rechazo a la clase política hacen que los manifestantes estén aún en las calles a pesar de un paquete de medidas ofrecido por el gobierno de Sebastián Piñera para calmar los ánimos. Eso fue lo que pasó allá.

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