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Cecilia Durán Mena

Las ventanas

Este extraño enemigo

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Este extraño enemigo

En los últimos tiempos, nos ha dado por creer en lo que vemos. Dudamos y desestimamos lo que no entendemos, confiamos más en nuestras propias cifras y en otros datos que, por lo general, son los que no nos sacan de nuestra zona de confort. Vamos por la vida abrazados al lema: “si no lo veo, no existe”. Por eso, ponemos en tela de juicio muchas existencias, desde la Verdad suprema hasta la de un microorganismo minúsculo que ha sido capaz de frenar la actividad del mundo entero.

Y, mientras en las calles en México, vemos gente caminando tan campante, que van al súper sin tapabocas, que toman a chacota eso de la sana distancia y que cree que eso de la pandemia es una ataque de la ultraderecha que es mala y perversa, del exterior nos llegan noticias de que hay mandatarios y líderes mundiales que están dando positivos y que están infectados por Covid-19. Esta no es una situación de ricos y pobres, de poderosos y desamparados, aquí todos vamos en el mismo barco, al menos, eso dijo el papa Francisco, en viernes pasado durante la homilía que pronunció en ocasión de la bendición ‘urbi et orbi’.

El papa Francisco tiene una combinación curiosa, poco común: es un hombre de ciencia y es una persona de fe. Eso le da perspectiva. Fue impresionante verlo salir el viernes pasado a una plaza de San Pedro, que a diferencia de otras ocasiones en que está atiborrada de fieles católicos buscando esperanza, ahora lucía vacía, en apariencia. Pero, el pontífice no es un hombre que se vaya por los aspectos superfluos: analiza y puede profundizar la perspectiva. Una persona sin esa visión, vería a un hombre casi solo, pronunciando una bendición. Pero, Francisco no estaba solo, muchos católicos en el mundo lo veían por diversos medios. Luego entonces, el papa estaba acompañado.

El rito del pasado viernes estuvo lleno de signos. Las redes de El Vaticano empezaron la transmisión enfocando a un Cristo que estaba frente al pórtico de la Basílica de San Pedro. Ese Cristo fue aquel ante los que la gente se arrodilló en 1522 para pedir salud durante la gran peste. Fue el mismo que sacaron a recorrer las calles de Roma para que los fieles pudieran rezar y encontrar un signo de consuelo. El papa Francisco sabía que muchos católicos en el mundo podrían elevar sus plegarias y estarían haciéndolo, aunque no los viera. Podría haberse conformado con ver la soledad de la plaza, pero supo que, en realidad, había millones de católicos que estaban con él en ese momento.

La elección del pasaje del Evangelio de San Marcos, en el que en medio de una tormenta, Jesús está dormido —única ocasión en los evangelios que se le narra dormido- y los discípulos atribulados y muertos de miedo. Francisco hace un símil para recordarnos que todos vamos en la misma barca que es este planeta. Y, mientras algunos todavía no ven la oscuridad que viene encima, otros se desesperan. Lo cierto es que, seamos personas de fe, de ciencia o de ninguna, a todos nos sorprendió una situación oscura que deviene de una circunstancia inédita.

El mundo enfrenta esta crisis en confinamiento. Las voces del planeta se escuchan tristes. Parece que el fantasma de la soledad aumenta la desesperanza. Lo que antes parecía irrelevante o a lo que se le trataba de dar otra forma, hoy vuelve a tomar relevancia. En estos momentos, queremos esta con los nuestros, rodeados de nuestros cariños y la falta de compañía nos muerde dolorosamente. Dice el papa Francisco que “la tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto lo superfluo de nuestras seguridades”.

Más allá de temas de credo y convicción, el Covid-19 es un extraño enemigo que no se ve, no hace ruido, no tiene olor y es insípido. Pero, aunque no lo vea, ahí está. Hay tanto que no puedo percibir con los sentidos que existe. Ya nos estamos dando cuenta. Llega a todos, no hace distinciones. Por lo tanto, quedarnos con una perspectiva meramente sensorial o dicotómica es un error. Necesitamos elevar las miras, profundizar y buscar las respuestas adecuadas. Me temo que en este caso, quedarse en la superficialidad es limitar las posibilidades. Dividir es peor. Esto lo tenemos que vencer entendiendo que todos vamos en el mismo barco y estamos consagrados a llegar al mismo destino. No hay otro.

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Cecilia Durán Mena

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La primera plana de un periódico es la hoja principal del periódico, es la primera página que lo conforma, y está reservada para destacar las noticas de mayor relevancia y las más impactantes para el lector. Recientemente el periódico ‘O Globo’ publicó una de las planas más tristes de la historia reciente: una en la que se incluían los nombres de todas las personas que han fallecido por el Covid-19. El ‘New York Times’ siguió el ejemplo e hizo lo mismo.

Tendemos a hablar de cifras incalculables de pérdidas humanas y cuando utilizamos este tipo de frases, convertimos este hecho en un marasmo que vuelve lo concreto en abstracto y lo trata como algo lejano. El impacto de ver nombres y apellidos de personas nos hace entender que sí se puede calcular y sí tenemos que enterarnos de que hay gente concreta que ha fallecido en esta pandemia.

No es lo mismo enterarnos de curvas, tendencias, números, matemáticas, geometría, datos que ponerle un nombre, una cara y entender que quienes han muerto son individuos que pertenecían a una familia, que llevaban a cabo una actividad todos los días, que se enfermaron y ya no recuperaron la salud. Entenderlo, nos pone los pies en la tierra y nos lleva a tomar decisiones más responsables.

En todo el territorio nacional, en los municipios de esperanza o en los que tienen las curvas del contagio muy pronunciadas, hay riesgo de contagio. Nos han recomendado hasta el cansancio aplicar medidas de seguridad: quédate en casa, sana distancia, uso de tapabocas, caretas, guantes. Las reuniones de más de 50 asistentes no resultan ser buenas ideas ya que son el mejor ambiente para propagar el virus que es contagioso.

Pero, vemos con tristeza que gobierno y gobernados no nos lo tomamos muy en serio que digamos. Hace pocos días me enteré de que el alcalde de La Piedad, Michoacán, municipio vecino a Santa Ana Pacueco, permitió que los locatarios del Centro abrieran para que la gente pudiera hacer compras para el día de las madres. La intención era impulsar al comercio y espero que se haya logrado, sin embargo, la gente se aglomeró en las tiendas, no llevaban tapabocas, no obedecieron la sana distancia. La alcaldesa de Acapulco, un municipio que tenía un índice muy bajo de contagios, está desesperada porque las personas no entienden: salen a la calle y se ponen el tapabocas en la barbilla, de sombrero o no se lo ponen y ahora los hospitales del puerto están a punto de colapsar.

Por eso, lo hecho por ‘O Globo’ y por el ‘New York Times’ es tan impactante, porque nos muestra que las teorías conspiratorias que descalifican lo que está pasando, son falsas. Que sí hay personas de carne y hueso que han perdido la vida y les rinden homenaje luctuoso. Es importante abrir los ojos, porque cuando vemos nombres y apellidos que podemos identificar, la piel se nos pone chinita y nos duele el alma.

Se entiende que estemos enfadados de este encierro, está claro que mucha gente debe reactivarse y volver a trabajar porque la costumbre de comer no se nos quita y las deudas crecen mientras los ingresos decrecen. Está claro que vivir con miedo no es una alternativa y que a partir de junio, unos primero y otros después tendremos que irnos incorporando a la escena mundial. Saldremos de casa, no hay duda.

Pero, mientras lo hacemos y cuando lo hagamos, debemos hacerlo con responsabilidad: cuidando nuestra salud. Burlarnos de quienes si siguen las medidas de seguridad, payasear con el tapabocas y no usarlo como debe ser, dejar de mantener la sana distancia nos puede poner en riesgo y no hay necesidad. Si uno puede elegir entre estar sano o enfermarse, la elección es clara.

Y, por si acaso, todavía hay gente que piense que todo esto es un invento, dense una asomadita a esas primeras planas de ‘O Globo’ y el ‘New York Times’ y verán lo que es que se nos  ponga la piel de gallina. Son muchos nombres.

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Cecilia Durán Mena

Cerveza Rocío

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Cerveza Rocío

“El hombre no sirve los intereses de ningún ser exceptuando los suyos propios”. George Orwell.

Es muy curioso cómo las palabras se las lleva el viento. Nos dijeron que íbamos a ver una transformación, la cuarta, que anunciaron con bombo y platillo, se inflamó la esperanza y el pueblo votó por un estado diferente. Sin embargo, vemos que, para variar, la rueda gira para cambiar de posición, pero el juego sigue siendo el mismo.

En tiempos en los que varios estados del país deciden aplicar el flagelo de la ley seca debido a la pandemia del coronavirus, justo unos meses después de que en Baja California se impide la construcción de una fábrica de cerveza que contaba con todos los permisos para su edificación, cuando la gente se aprieta el cinturón y trata de entender en dónde está la puerta de salida, nos enteramos que los hijos del señor presidente tienen un espíritu emprendedor a prueba de Covid-19. No es novedad que los críos de los mandatarios tengan iniciativa, conocemos de tantos proyectos que los frutos de las entrañas de la gente del poder llevó a cabo mientras sus progenitores detentaban un cargo. Nada nuevo bajo el sol.

Así, mientras en muchas casas en México la gente anda cabizbaja, tronándose los dedos, sudando frío, los señores López resurgen en el escenario nacional con el tema de la nueva cerveza ‘Rocío’, cuya elaboración lideran los hijos del presidente. Dicen por ahí que lo que se ve, no se juzga. Pero es de envidiarse a este tipo de empresarios. Mientras unos están tratando de deshacer los nudos gordos que se les hicieron en esta crisis, otros tienen un camino de plata para operar a su gusto con toda libertad. Lo cierto es que, los que piensen que en México no se pueden hacer negocios, los que afirmen que en este país se está ahuyentando la inversión privada, se van a quedar calladitos porque ahí están los señores para demostrarnos que la 4T le abre las puertas a proyectos como Finca Rocío.

Yo creo que la gente en el gobierno debe ver con muy buenos ojos que empresarios mexicanos, con capital paisano se forje camino y por eso les están otorgando todo tipo de facilidades para montar su negocio. ¿No se trata de promover el empleo y darle apoyo a los empresarios mexicanos? Parece que desde Palacio Nacional le desean buen camino a la Finca Rocío. No se trata de un modelo de emprendimiento de cerveza y ya, hay que recordar que además están los Chocolates Rocío y un refresquito de José Ramón, Andrés Manuel y Gonzalo Alonso. Ni modo que los hijos del presidente no pongan a trabajar lo que es suyo. Ni modo de criticar a estos empresarios que decidieron utilizar la propiedad heredada por su madre, Rocío Beltrán Medina, primera esposa del tabasqueño, para elaborar la cerveza.

En tiempos de la 4T, elaborar una cerveza con agua de lluvia, cebada, cacao, lúpulo y miel de caña parece los más pertinente en estos momentos. Arriba los tarros y demos la enhorabuena por estos hermanos, hijos del padre de la gran transformación de México, en donde sólo los pobres importan, ya no hay corrupción, las mujeres vivimos felices y la seguridad volvió a las calles. Viva el mundo color de rosa en el que las revistas del corazón nos muestran a la nuera de AMLO tomando mezcal y disfrutando del chocolate que producen su marido y sus cuñados. Que a nadie se le ocurra pensar en Versalles, bombones y María Antonieta, por favor. Ya dejen de criticar por todo al señor presidente.

Es cierto, parece que este proyecto de los hijos AMLO estaba planeado desde diciembre. También es verdad que los señores deben tener medios para llevar el pan y la sal a sus casas, que ya son mayores de edad y que son independientes. Sin embargo, hay algo que deja un regusto ácido en todos estos temas, hay un dejo que nos invita a volver la mirada al pasado y comparar. La 4T se parece mucho a lo que pasaba antes.

Y, tal como lo plantea Orwell al final de su novela, ‘Rebelión en la granja’, todo se ve tan igual a como estaban las cosas en el pasado, se imitan las conductas que tanto se criticaron y esos grandes cambios prometidos no son otra cosa que un cambio de posición en la rueda, porque el juego siempre sigue siendo el mismo. Salud, ¿ya qué?

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Cecilia Durán Mena

Insensibilidad y ocurrencias

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Insensibilidad y ocurrencias

“Morena se me sale del corazón”.

Porfirio Muñoz Ledo.

Es difícil entender a la clase política. No se les puede descifrar, sabemos que dicen una cosa y en realidad pretenden otra, que son capaces de convencernos de que existen los billetes de dos pesos y que si nos prometen que nos van a bajar el cielo y las estrellas ya sabemos que va a pasar todo lo contrario. Eso es una cosa y otra es que, últimamente, los políticos más que ideólogos son generadores de ocurrencias. En México no tenemos la exclusividad, el mundo tiene ejemplos de estos ocurrentes que hablan por hablar, pero sí nos llevamos el campeonato en la falta de sensibilidad.

Para muestra está el flamante presidente de Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar, quien propuso la idea de facultar al Inegi para que mida “concentración de riqueza”. Por supuesto, las reacciones no se hicieron esperar. Propios o extraños elevaron las cejas, se les cayeron las mandíbulas y estallaron las furias ante la idea de que el Instituto tenga acceso a la información bancaria y fiscal de la población para verificar la información del patrimonio inmobiliario y financiero. Ya ni hablar de la inconstitucionalidad y la inaceptabilidad de semejante idea, sino de la falta de sensibilidad de la iniciativa. ¿Para qué despertar la furia en momentos en los que México esta sosteniendo una batalla campal con una situación tan inusitada?

Pareciera que Ramírez Cuéllar estuviera en la luna y no se enterara de que mucha gente está triste y preocupada. Muchos están perdiendo a sus seres queridos, otros los tienen hospitalizados, hay gente enferma que no necesita otra preocupación sobre sus hombros. Además muchos mexicanos están padeciendo mucho, hay quienes han perdido el empleo y los que están a punto de perderlo; son tantos los que no están recibiendo su sueldo completo, los que no pueden cumplir con sus compromisos, que no pueden pagar colegiaturas, rentas, servicios, que ya no saben cómo reducir los gastos ni cómo apretarse más el cinturón. Y, de repente, desde el pedestal de la oficina morenista, surge otra preocupación adicional. ¿Para qué quieren hacer eso? ¿Me quieren quitar lo mío?

No en balde, a los esperados cuestionamientos de la oposición, se sumaron también los duros señalamientos de varios sectores del partido gobernante, incluidos diputados, senadores y correligionarios, quienes en mayor o menor medida repudiaron la proposición. Los morenistas no entienden de responsabilidad y prudencia. No medió la mínima capacidad de análisis antes de abrir la boca, seguro Ramírez Cuellar no tocó base con su gente: habló porque lo pudo hacer. No hay una reflexión sobre lo que significa que el presidente del partido en el poder diga semejantes barbaridades. Y es que este lunes, el dirigente nacional del partido, que tiene la mayoría en el Congreso, propuso que cada dos años el Inegi proporcione información relacionada con los activos de los habitantes, pero también conocer la concentración de poder de algunas empresas. La propuesta radica en que se pueda realizar una medición similar a la de pobreza.

Seguro en su cabecita, la idea le pareció coherente. Ciertamente, la gente de Morena está tan acostumbrada a que les aplaudan todo lo que digan porque no conocen un filtro de autocrítica. Tampoco midió que la paciencia de la gente tiene un límite y que no hay popularidad que aguante perder seres queridos, trabajo y seguridad, mientras otros comen bombones para que les germinen ideas. La propiedad privada es sagrada. Ramírez Cuéllar le puso un puente de plata a la oposición para que lo critiquen y afirmen que es un paleto que sirve de distractor. Marko Cortés aseguró que la propuesta de Morena era un distractor más para evitar la atención en el manejo de la epidemia de coronavirus. Hasta su correligionario, Alejandro Díaz Durán,  aspirante a dirigir el partido, afirmó que era “inconstitucional y violatoria de las garantías y derechos humanos y libertades públicas de los mexicanos”. Pero, ¿qué necesidad?, diría Juan Gabriel.

Hoy, Ramírez Cuéllar se debe estar sobando la cabeza después de haber recibido tantos coscorrones, críticas y burlas. Sin embargo, creo que nadie le advirtió sobre el miedo que generan sus ocurrencias. Si la gente está triste y desesperada, para qué llenar más la canasta con piedras que pesan y no sirven para nada. Bocas ocurrentes, bocas insensibles, lo malo es que el presidente de Morena no es el único que va así por la vida.

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