Las ventanas

Cretinos con suerte

Sin duda, en este mundo existen muchos cretinos con suerte. Es frecuente quedarnos con la cara de sorpresa al enterarnos que cierto personaje se salió con la suya a pesar de tener todas las probabilidades en su contra y eso es lo que nos está sucediendo, una vez más, con la administración de Donald Trump. Pasamos de haberles enjaretado el peor tratado comercial que jamás se hubiera firmado a tener el mejor trato que alguien hubiera podido diseñar. En el mundo de al revés, un mandatario puede moverse en forma pendular sin que a nadie le extrañe.

Lo curioso es que ayer por la tarde, rodeado por los grupos negociadores, con Lighthizer de un lado e Ildefonso Guajardo del otro, rodeado de banderas norteamericanas y con la grandilocuencia que caracteriza a este hombre que conoce del espectáculo, Donald Trump anuncia que hemos llegado a buenos acuerdos. Y, el principal detractor del libre comercio, de repente se convierte en personaje protagonista, en el elemento triunfal y recibe vítores y aplausos de propios y extraños. No hay duda, Donald Trump es de estos personajes que son capaces de salir en la foto para causar un impacto, aunque en realidad no haya tenido que ver con nada de lo que ahí sucede.

Los respiros de alivio se escuchan de ambos lados de la frontera, sin embargo, es necesario ser prudentes antes de recomendar irnos a festejar con algunos tequilas de por medio. Por ahí dice el dicho que del plato a la boca se cae la sopa, aún no hay tratado firmado y Canadá todavía tiene que subirse al tren de las negociaciones que a estas alturas fueron bipartitas.

Los que crean que esto será difícil se engañan. Canadá ha seguido muy de cerca los avances que México y Estados Unidos han estado haciendo. De hecho, la estrategia era que los equipos negociadores de mexicanos y estadounidenses limaran asperezas y después entraran los canadienses que no tenían tantos diferendos. El presidente Peña y el primer ministro Trudeau han estado en contacto y han expresado abiertamente su voluntad para firmar un tratado porque ambos entienden los beneficios que tiene este acuerdo, que evidentemente, son superiores a las desventajas que se presentan.

Pero, el principal detractor de este tratado es el que se alza como el ave fénix para ganarse el clamor popular. Sin embargo, ya tenemos experiencia, ya sabemos que Donald Trump no es una persona de mucho fiar: un día nos dice que los mexicanos somos malos hombres, otro amanece pensando que hemos sido tan buenos negociadores que nos los hemos llevado al baile por más de dos décadas, otra cree que ya tenemos un gran acuerdo y al día siguiente vuelve con el tema del muro.

Lo que sí creo son dos cosas: no es momento de echar las campanas al vuelo. Hemos escuchado muy buenas noticias y eso ya es agradable, pero todavía no logramos el objetivo; lo que también creo es que el tratado trilateral se va a firmar. Se va a firmar porque es conveniente para nuestra región. Y, aunque he escuchado voces críticas sobre el viejo tratado, pocos se atreverán a decir que hubiera sido mejor no haberlo tenido. Es verdad, hubiéramos querido tener mejores resultados y que la distribución de la riqueza fuera más equitativa. Pero, se han hecho buenos negocios y hemos conseguido mejoras que de otra manera no se hubieran dado. Además, el mundo es cada día más global y no hay forma de ir en contra de ello.

Insisto, hay cretinos con suerte. Donald Trump es uno de ellos y no es el único suertudo en todo este tema. Ildefonso Guajardo ha hecho un extraordinario trabajo. Ha entendido los tiempos y los modos de esta negociación. Ha sabido jalar la cuerda, tensarla y no romperla. Ha logrado llevarnos al momento próximo de tener un nuevo tratado a pesar de haber estado frente a un grupo hostil. Y, parece que fueran otros los que van a cosechar los frutos de este trabajo bien hecho.

Así son las cosas, este mundo no es justo. Hay quienes nacen con estrella y a pesar de no haber movido un dedo, se llevan el reconocimiento aunque no hayan movido un sólo dedo. Así pasa en el mundo de al revés.