Las ventanas

Caer en la cuenta

Donald Trump es un hombre astuto, un gran profesional del espectáculo que como buen entendedor del oficio, sabe lo que tiene que hacer para mantener viva la función. A pesar de ser un hombre con cara distraída, con gesto compungido y con expresión ausente, el señor es un tipo inteligente. Nos hace creer lo contrario con sus modos atrabancados y sus modales poco diplomáticos. Ya hemos visto que como buen prestidigitador, distrae la atención para hacer que el truco de magia sea un éxito.

Por eso, caer en la cuenta de que Trump nos cumplió la promesa, incomoda –por decir lo menos-. Dijo que iba a edificar un muro y que los mexicanos lo íbamos a pagar. Parecía una locura, una amenaza y la típica promesa de campaña que se hace para conseguir votos y nada más. Sin embargo,  parece que la cumplió. La hizo realidad. Más allá de las vallas físicas que en México no hemos pagado, parece que lo de su muro era una metáfora y lo de pagarlo del erario mexicano era en serio.

El verdadero muro que Trump nos hizo pagar se llama Guardia Nacional. El despliegue de fuerzas que el gobierno de Lopez Obrador ha hecho en ambas fronteras parece un escudo hecho a la medida de los deseos y propósitos del mandatario estadounidense.

Así que mientras nosotros estamos muertos de risa viendo una de las pistas del circo, en la otra nos estaban comiendo el mandado. Las noticias que llegan de la frontera sobre lo que está haciendo la Guardia Nacional me lleva a pensar si sus actividades están enfocadas en los objetivos nacionales o no.

El predicamento es serio. ¿Será que nuestro nuevo grupo de fuerzas del orden se estrenó para hacer tareas que benefician más a intereses extranjeros? Y eso que hasta el momento, la movilización de la Guardia Nacional se ha quedado corta en comparación con el despliegue dramático que prometió el gobierno mexicano: sólo una fracción de los seis mil integrantes estaban operando en el sur de México.

Aun así, según en ‘New York Times’, su despliegue ya ha trastornado el flujo típico de personas y de comercio que se traslada por esta frontera históricamente porosa, lo que ha generado miedo entre las personas que buscan cruzar la frontera y también entre los coyotes. Cualquiera pensará que eso no está nada mal, pero, si eso viene de un gobierno que prometió abrazos y no balazos, entonces, empezamos a sospechar.

 Claro, si el despliegue de la Guardia Nacional es parte de un acuerdo entre el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y el de su homólogo estadounidense, Donald Trump, pensado para evitar la imposición potencialmente devastadora de aranceles a los productos mexicanos, estaremos mirando la pista equivocada, tal como el mago quiere. Nos distrae, y en esa condición, hasta nos sentamos cómodamente a reír y a aplaudir con entusiasmo.

Podríamos llegar a pensar que qué bueno que la Guardia Nacional está en las fronteras y que qué maravilloso es que ya no vamos a tener que sufrir el espantoso castigo de los aranceles. Eso se siente mejor que caer en la cuenta de que ya nos toco pagar por el muro que se prometió.

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