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Cecilia Durán Mena

Las ventanas

Entre mártires y héroes

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Entre mártires y héroes

Si buscamos en la memoria, estoy seguro de que ninguno de nosotros podrá recordar una crisis de las dimensiones como la que estamos viviendo. Ni siquiera aquella del H1N1 nos mostró una furia tan virulenta. El reto que estamos enfrentando como humanidad tiene proporciones sin precedentes. No ha habido nada igual. El coronavirus y la cepa Covid-19 no sólo nos ponen frente a una crisis sanitaria de inmensa proporción, sino también una inminente reestructuración del orden económico mundial. Más, en aquellas economías en las que se vive al día y en las que los pequeños y medianos negocios se encuentran en un sacrificado punto de equilibrio.

Frente a un enemigo diminuto que no podemos ver a simple vista, surgen mártires y héroes que, como sucede a menudo, quedan en el anonimato. Mártires como la gente que de un día para otro pierde su trabajo y prestaciones, personas que se sentían felices de estar empleados por un corporativo con marcas internacionales y que hoy entran a las filas del desempleo, emprendedores que batallan para sacar a flote su negocio a los que la línea de flotación ya les quedó muy alta, estudiantes que ven desaparecer la oportunidad de salir a un intercambio y, desde luego, aquellos que perdieron la vida, que vieron morir a un ser querido.

También hay héroes: médicos y enfermeras que no se rajan, que son valientes y se quedan en el frente de batalla para atender a los enfermos; profesores que de un día para otro les cambian la forma de trabajar y se adaptan a toda velocidad a las nuevas exigencias y que tienen que lidiar con la frustración de sus alumnos, las pretensiones de sus superiores y los reclamos de los padres de familia, empresarios que se ajustan el cinturón y deciden hacer lo posible por conservar a toda su plantilla de empleados, científicos que buscan respuestas.

En esta nueva realidad, sin antecedentes, tendremos que ir en pos de una dramática reestructuración del orden económico y social en la que las empresas y la sociedad. En un futuro próximo, veremos el comienzo de la discusión y el debate sobre lo que la próxima normalidad podría implicar y cuán marcadamente sus contornos se desviarán de aquellos que anteriormente moldeamos nuestras vidas.

En medio de toda la confusión que nos da un cambio tan abrupto y vertiginoso, se escuchan los gritos de quienes reclaman medidas en uno y en otro sentido. Todos quieren imponer su punto de vista y empezamos a ver las consecuencias de haber fracturado tanto el tejido social. Necesitamos unidad para enfrentar lo que viene. También, necesitamos reflexionar y aprender rápido. R e f l e x i o n a r qué fue lo que hicieron aquellos hombres a los que les tocó reconstruir el mundo después de la devastación de las Guerras Mundiales. Aprender rápido porque los que se logren adaptar a estos nuevos tiempos, tienen mejores posibilidades de salir triunfadores.

Queremos menos mártires y más héroes. Para ello, tenemos que respetar las reglas de convivencia. Nos toca cuidar a las personas vulnerables: adultos mayores de 60 años, personas con discapacidad, mujeres embarazadas o en periodo de lactancia y con enfermedades crónicas no transmisibles. Todos somos responsables de la seguridad de los nuestros. No se vale que nadie le juegue al héroe. La pandemia es real. Los desobedientes aumentan el riesgo de que haya más mártires.

Es muy importante entender que no se vislumbra una crisis económica, les informo a los despistados que la crisis ya está aquí entre nosotros, los costos son evidentes y no podemos seguir pensando que las emergencias, económica y sanitaria, son cosas del futuro. Y, además, se cometen errores que son mayúsculos en medio de una crisis. Con una consulta popular ilegítima, sin viso alguno de legalidad, se cancela la construcción de una planta cervecera en Mexicali, con un avance del 70%, con una inversión de mil 400 millones de dólares, de los cuales, 900 millones ya habían sido ejercidos y que generaría miles de empleos. ¿Queremos más mártires?

Los héroes de estas crisis, los que lucharán a brazo partido son aquellos que entendiendo la magnitud de las proporciones, sumen en vez de restar. Es aritmética racional. Queremos más héroes, no tantos mártires.

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Cecilia Durán Mena

Los primeros embates

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Los primeros embates

Alguna vez escuché al profesor Salazar que nos daba macroeconomía en el ITAM, decir que los primeros embates de una crisis económica no son las voces que nos advierten sobre lo que va a venir sino los golpes directos que llegan al bolsillo. Esos, que además son los que más duelen, son el reflejo de todo lo que dicen la teoría, los diagramas y los pizarrones. Esos golpes que llegan y te descolocan, te mueven de lugar y te hacen recomponer la vida y ajustar la cotidianidad. No hay discurso que valga para contrarrestar los efectos de una baja de ingresos.

Esos primeros embates ya se están empezando a sentir. Por ahí están circulando cartas en las que los grandes corporativos les informan a sus arrendadores que ya no pagarán la renta o que solventarán el gasto pero lo harán con un descuento. Informan, no negocian. Lo están haciendo igual las tiendas que venden blancos y sábanas, los laboratorios clínicos de cadena, las boutiques que venden artículos de lujo, las cadenas de cafeterías y las tiendas de conveniencia. Muchos de estos negocios ya tuvieron que bajar las cortinas y muchos siguen operando a medio vapor. Todos están resintiendo la baja de ingreso y, como no se quieren quedar con el impacto, lo traspasan a otros como se va pudiendo. Pero, llega un momento en que alguien se va a tener que aguantar el golpe porque no va a poderlo pasar a nadie más. Por desgracia, estamos hablando de gente vulnerable que depende de sus ingresos. También hay muchos que están mandando a sus empleados a sus casas sin goce de sueldo.

Pienso en las economías familiares que se sentían tan afortunadas por tener un arrendador de envergadura corporativa, con el respaldo de una marca grande y que hoy estos que llegaron ofreciendo todas las garantías, informan que lo lamentan mucho pero que no se van pero no pagan. O, en esas personas que se sentían tan afortunadas por trabajar en empresas con tanto prestigio y que ya les avisaron que no pueden seguir trabajando. Hoy, esas familias se tienen que aguantar el golpe porque ni se están acercando con intenciones de negociar y en sus recaditos va implícito el hecho de que si no te gusta, pues tomes las acciones que consideres pertinentes para hacer valer tus derechos.

Entonces, nos sentimos como aquella tira de Mafalda en la que el papá se mete a la regadera y se da cuenta de que no hay jabón; le grita a la esposa que se lo traiga; la mamá está lavando trastes y  le grita a Mafalda para que se lo lleve; Mafalda está estudiando y le grita a Guille –el hermanito más pequeño- y Guille mira para todos lados a ver a quién le puede ordenar que lleve el jabón. Ni modo, le tocó y se lo tiene que llevar. Así, en la cadena de suministro, todos están ocupados en sus labores, que sienten que son relevantes y van lanzando a otro eslabón el impacto porque ellos no quieren apechugar, o al menos no todo.

Justo cuando nos habían prometido que la política iba a prevalecer sobre la economía, viene un bicho invisible, minúsculo a decirnos que para salir de ésta, además de ciencia médica vamos a necesitar entender las variables macroeconómicas. Los líderes que mueven las palancas del Estado tienen que entender que ayudar a los grandes significa aminorarle el impacto a todos los pequeños no tienen a quien endilgarle el golpe.

Sin embargo, veo que muchos andan confundidos: creen que el dueño de un localito es un terrateniente; que el que recibe un ingreso por concepto de renta tiene demás y ya no debe preocuparse por nada; que el ejecutivo tiene la vida resuelta; que el que abre todos los días la cortina de su negocio es un potentado y que todos estos personajes aguantan el embate de una crisis y no es así.

El problema es que mientras a unos les están rebajando el sueldo, les dejan de pagar sus rentas, les disminuyen sus ingresos, hay propietarios que deben pagar sus contribuciones, hay empleados a los que se les siguen descontando todos sus impuestos y hay empresarios que tienen que pagar sus pagos provisionales de impuesto sobre la renta, sus cuotas del Seguro Social, y un largo etcétera que le lleva a uno a preguntarse ¿de dónde? Todos tenemos que seguir pagando el costo de la vida. Todavía no entramos a la fase más dramática de esta pandemia y estamos viendo como las afectaciones vienen llegando como una gran ola que arrastra a todo lo que tiene de frente. Y, en estos casos, la política no basta.

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Cecilia Durán Mena

La insensibilidad de la 4T

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La insensibilidad de la 4T

No sé que me dio ver al subsecretario de prevención y promoción de la salud, López-Gatell junto a la secretaria del trabajo, Luisa María Alcalde. Parecían un par de personajes desarticulados hablando de la situación del la tierra fantástica de ‘Nunca Jamás’. Se les veía lejanos, flotando en el éter. Como si hubieran ido detrás del Conejo Blanco de ‘Alicia en el País de las Maravillas’ y hubieran cruzado el espejo, hablaban de un mundo en el que las cosas se entienden al revés.

Eso pasa cuando ponemos a dar declaraciones a quienes no saben de lo que están hablando. De López-Gatell, se entiende, el señor es médico y en su especialidad no se ven los modos en los que operan las empresas. Lo que asusta es ver a la secretaria Alcalde pasarse por alto la Ley Federal del Trabajo y hablar de invenciones que no están previstas en la Ley. Es muy penoso ver ese mensaje emitido desde los pasillos de Palacio Nacional. ¿Será que no sabe o que no le interesa saber?

Ahí resguardados en los corredores, López-Gatell y Alcalde hablan de que los empresarios van a tener que pagar el salario completo a sus trabajadores. Leen como merolicos el discurso que se les despliega en el telepromter, como si pronunciaran palabras en una lengua desconocida para ellos. “Sabemos que esta etapa será difícil, sobre todo para aquellos comercios y trabajadoras y trabajadores que sabemos que viven al día. De acuerdo con la Ley Federal del Trabajo, y en el entendido de que la autoridad sanitaria declaró una emergencia sanitaria por causa de fuerza mayor, no hay fundamento legal para separar para separar a los trabajadores o para dejar de pagar salarios. Tampoco es aplicable el criterio del pago únicamente de salario mínimo. La obligación general debe de ser pagar el salario íntegro en el entendido de que pudiesen existir circunstancias que los obliguen a llegar a ciertos acuerdos entre ambas partes”, sostuvieron en el mensaje.

Entonces, no se entiende lo que están exponiendo, dicen algo así como: manden a sus trabajadores a sus casas, cierren las cortinas y sigan pagando. ¿Sabrán algo de cómo funciona un negocio? Al escucharlos, sospecho que estos funcionarios piensan que viven en un país en el que los grupos corporativos y las grandes corporaciones son las que sostienen la actividad económica del país. Me temo que creen que la rueda económica en México gira gracias a empresas que tienen una reserva de utilidades que pueden aplicar en emergencias como las que estamos viviendo. Seguro piensa que todo esto se trata de que los empresarios rompan el cochinito y saquen de ahí para cubrir los gastos sin tener ingresos.

Por desgracia, no funciona de esa forma, esa no es nuestra realidad. Ojalá lo fuera, pero nuestra situación es otra. Me da mucha pena informarles que no es así. Lamento mucho romperles la ingenuidad en mil pedazos porque sería bueno que se enteren que este país se mueve gracias a los micro y pequeños empresarios que viven al día.

Quiero decirles que hay algo que no están entendiendo: el 97% de las empresas en México tienen menos de 10 empleados y viven con lo que ganan de sus operaciones diarias. Me refiero a la empresaria que abrió un salón de belleza, al señor que tiene una pollería, a la familia que trabaja en su tortillería, a los que tienen una papelería, a la que vende ropa o al que se dedica a reparar conexiones eléctricas, al que hace talachas o a la que remienda y hace composturas. Si ellos no abren sus negocios, no venden; si no tienen ingresos, ¿con qué le harán frente a los gastos que se les vienen encima?

Es muy fácil hablar desde Palacio Nacional, todo adquiere una perspectiva distinta cuando estamos a nivel de cancha y vemos los toros en el ruedo. Los micro y pequeños empresarios resienten la falta de sensibilidad de la 4T. Entiendo que la forma de resolver el acertijo global que plantea esta pandemia no es sencilla, pero las cosas se complican cuando la gente sale a dar declaraciones sin sustento.

Me parece que una mejor forma de salir adelante es buscar formas solidarias en que los patrones no pierdan tantos ingresos y no tengan que dejar ir a sus empleados. Hay que ayudar, no abandonar. Todos queremos encontrar soluciones para salir adelante. Pero, no podemos olvidar que es el Estado el que tiene que llevar la voz cantante y proponer planes para que todos podamos responder. Esa es la responsabilidad que les toca enfrentar.

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Cecilia Durán Mena

Llegar a fin de mes

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Llegar a fin de mes

“No tengas miedo de ensuciarte las manos, cuando sea necesario. No tiene nada de vergonzoso usar nuestros talentos y hacer lo que sea preciso para salir adelante”.

Consejos para una joven esposa, Escocia 1913.

No podemos soslayar la realidad, tratar de tapar el sol con un dedo es como intentar de meter toda el agua del mar en un hoyito usando una concha. En la mayoría de los hogares mexicanos hay una verdad del tamaño del territorio nacional: es difícil llegar a fin de mes. Así ha sido, incluso antes de enfrentar la crisis. Esta ha sido el estado de cosas por años, hay una creciente desigualdad que se ha ido propagando por el mundo y que amenaza con acentuarse.

El estado de cosas nos permite vislumbrar las proporciones del costo potencial que estamos a punto de enfrentar. No se trata de dar voz al tono calamitoso ni de estar como profeta de las lamentaciones, todo lo contrario. Se trata, en todo caso de avisar que viene una tormenta y prepararnos para que cuando llegue, nos tome lo más protegidos que se pueda.

La ralentización de la actividad económica acarreara una pérdida de un porcentaje importante de los ingresos y esto puede ponernos en situaciones límite a muchos y peor a aquellos que en la cotidianidad, viven con menos de lo que necesitan para satisfacer sus ritmos de vida. Y, sí, ahí viene el final de marzo con todo lo que eso significa. Muchas familias pasarán apuros, las cuentas crecerán mientras los ingresos empequeñecerán. Así será. Así está siendo.

Y, eso que aún no entramos a la Fase 3 de esta contingencia. El número de gente que está en apuros va a crecer, no hay duda de ello. La obligación de un Estado eficaz es dar cobertura al conjunto de la población, es decir, a todos sus gobernados: sin distingos ni fracturas. Ya podemos ver el nivel de problema al que tendremos que dar batalla, si encima de las agravantes propias, además, andamos divididos y sin un liderazgo que dicte la estrategia.

Así como desde hoy, desde ya, tenemos que aplicar las medidas de sana distancia, higiene y protección para que el virus no se propague en forma tan violenta, es ahora, en este momento, que tenemos que anticipar las medidas que ayuden a aplanar la pendiente de la curva que representa nuestra actividad económica. Anticiparnos y proteger. Se trata de hablar de responsabilidad y de solidaridad, es decir, de repartir el impacto de los costos de esta crisis para que no le pegue de lleno a un solo sector de la población.

Si el impacto se recibe en forma más uniforme, los destrozos serán menores y los esfuerzos de reconstrucción serán menos complicados. Por otro lado, si dejamos que los más vulnerables sean los únicos que acarreen las consecuencias, las complicaciones excederán el radio económico y llegaran al ámbito social.

Tenemos que propugnar por un escenario en el que evitemos un estallido violento y podamos seguir avanzando. Lo tenemos que exigir a nuestras autoridades y lo tenemos que ejercer en la individualidad de nuestro hogar. Hay un dicho escocés que las abuelas les recitan a sus

nietas el día de la boda y las incitan a hacer todo lo que esté de su mano para que su familia salga adelante. Es tiempo de imaginar, cómo queremos sortear esta crisis, de usar nuestro ingenio y poner a trabajar el pensamiento innovador. También en la crisis, podemos encontrar oportunidades.

Desde nuestras propias trincheras, tenemos que estar dispuestos a mostrar solidaridad y entender. Veo una gran condena a aquellos que salen a trabajar, como si ir a conseguir el pan de todos los días fuera un pecado. En medio de estas crisis, hay grandes héroes que entienden que no hay de otra, más que conseguir la forma de llegar a fin de mes.

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