Las ventanas

Los tentáculos de la corrupción

Se suicidó Alan García, se pegó un tiro en el cuello mientras lo aprendía la justicia peruana por lo que unos llaman excesos en la actuación de la justicia y otros ven claros signos de corrupción. En medio de todo este escándalo está la palabra Odebrecht y mientras muchos elevamos las cejas, a otros se les pone la piel de gallina en muchas partes del globo terráqueo.

Alan García fue dos veces presidente del Perú, según Mario Vargas Llosa, el expresidente peruano era un hombre muy inteligente y sobresaliente. Se le negó asilo político en la embajada de Uruguay con sede en Lima. El tema es espinoso, también el expresidente Toledo está siendo investigado, el tema sigue un mismo hilo conductor: Odebrecht. La capacidad corruptora de esta empresa ha cobrado piezas importantes: estratégicas.

La constructora brasileña Odebrecht pasó por el territorio de América Latina vendiendo grandes obras de infraestructura y conquistando triunfos. Opera –sí, todavía- en 27 países, es una empresa fundada por el ingeniero Norberto Odebrecht quien en los años 40 construyó líneas de metro en Perú, centrales hidroeléctricas en Panamá, carreteras en Argentina.

Cualquiera hubiera querido estar en los zapatos de don Norberto. Sí, pero ese éxito tenía jiribilla.

Odebrecht ha hecho lo que el rey Midas, pero al revés. Todo lo que tocó sí que se convirtió en oro, lo malo fue que el precio ha sido muy alto.  Fue un monstruo como el Kraken y sus tentáculos alcanzaron niveles muy altos. Por lo pronto, ha aceptado pagar 3.500 millones de dólares de multa, la mayor de la historia por sobornos, tras ser acusada de entregar 439 millones a políticos, partidos y funcionarios en al menos 12 países para garantizarse la adjudicación de obras públicas.

Odebrecht pagó sobornos en América Latina en países como Argentina, Brasil, Colombia, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, Panamá, Perú, Venezuela y, sí, también en México. La empresa tenía operaciones exitosas desde la década de los 50. Hoy sus prácticas tuvieron consecuencias:  llevaron a Marcelo Odebrecht, presidente y nieto del fundador del grupo, a la cárcel en junio de 2015. Muchos políticos latinoamericanos se sumieron ante las denuncias, los peces son gordos, no pequeños

charales. Para muestra está el botón –triste botón- del expresidente Alan García. Así, el éxito de la empresa se convierte ahora en una amenaza real y abre la caja de pandora de la corrupción en la región. En esta cajita de desastres cabe de todo: presidentes, expresidentes y congresistas del continente han sido delatados ante las autoridades internacionales por directivos del grupo. ¿Y en México?

El acuerdo con el Departamento de Justicia de Estados Unidos causará un escándalo salpique a nombres de envergadura y la primera víctima mortal es el expresidente Alan García. Odebrecht reconoció haber pagado, por ejemplo, 29 mi-

llones de dólares en sobornos en Perú a empleados gubernamentales entre 2005 y 2014. La confesión abarca los mandatos de los presidentes Alejandro Toledo (2001-2006), Alan García (2006-2011) y Ollanta Humala (2011-2016). Las acusaciones han sido negadas. En Panamá se especula que uno de los beneficiarios haya sido uno de los hijos del expresidente Ricardo Martinelli (2009-2014), Luis Enrique Martinelli Linares. Padre e hijo también negaron la acusación.

Por donde pasa, el estremecimiento Odebrecht va manchando personalidades. En Argentina, el blanco es Cristina Fernández de Kirchner. En Venezuela, ya se han los nombres de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Lo que salpica en tierras del sur, no tarda den esta-

llar en México, podríamos deducir, dadas las circunstancias. Sin embargo, por estos lares, todo permanece sereno. O, eso nos hacen creer. En México, el gobierno y la petrolera Pemex también afirmaron que van a investigar el pago de 10 millones de dólares en sobornos para beneficiar a Odebrecht en contratos con la compañía. Lo único que sabemos con certeza es que el terremoto ha comenzado y no se vislumbra su fin.

Si lo que dice Vargas Llosa es verdad: “Era más inteligente que el promedio de quienes se dedican a hacer política en Perú, con bastantes lecturas, y un orador fuera de lo común. Ha tenido un gran protagonismo público en los últimos treinta años”, entonces su conclusión sobre el tema es válida: “Sería trágico que en la comprensible emoción que ha causado el suicidio de Alan García, la labor de aquellos jueces y fiscales se viera interrumpida o saboteada, y los contados periodistas que los apoyan fueran silenciados”. Se me pone la piel da gallina al pensar en lo que se puede revelar sobre México en ese rubro.

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