Las Ventanas

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Divide y vencerás

 

La adaptación a la frase atribuida a Julio César se ha convertido en el estandarte que se enarbola en los Estados Unidos. Las fisuras que se hicieron en aquella sociedad durante la contienda para la presidencia, hoy se están convertido en fracturas. El giro tan abrupto que se ha dado en el discurso y en la política en estos últimos días está haciendo rechinar la estructura social estadounidense. Si partimos de la base que sustenta que la familia representa los cimientos de la sociedad y la rompemos, podemos deducir que se está destrozando el núcleo poblacional. Tal como sucede cuando se dinamita un edificio para demolerlo y caiga desmoronado en cuestión de segundos, así veo al Gobierno de nuestros vecinos, empeñado en la devastación.

Pareciera que Donald Trump Julio Cesar y están alejados por tiempo histórico y por sus modos de actuar. Uno parece chivo enojado en cristalería: impulsivo y descontrolado, mientras el otro era un militar con una estructura estratégica de pensamiento y un método táctico de actuación. Pero, el divide ut regnes —divide y reina o divide e impera— parece ser el común denominador que los acerca. Es la fórmula del arte de la guerra. La lógica a seguir es realmente simple. Por un lado, fomenta la división social y por otro se recompensa a las entidades que cooperen con la actual administración.

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Este método elemental en tiempos de conflagración, ha sido utilizado como estrategia comercial, de mercadotecnia y, desde luego, política. En el siglo XX, Hitler la ocupó para romper a la sociedad judía que representaba un gran peligro para el Tercer Reich pues eran un grupo unido, rico y poderoso. Para acabar con ellos, se desató una persecución en que iban a buscarlos a sus casas y con el aparato del Estado los sacaban de ahí, los llevaban a la estación del tren en donde serían clasificados: hombres de un lado, mujeres del otro. Las familias eran separadas antes de ser llevadas a los campos de exterminio y lo demás es una historia de terror narrada tantas veces.

Si ha habido tantas películas, series de televisión, documentales, novelas sobre el tema, si ha corrido tanta tinta en torno a esta trama, es para construir una memoria histórica que prevenga a la Humanidad de tropezar de nuevo con las mismas piedras. Sin embargo, parece que nos empeñamos en repetir los errores del pasado. Las prácticas del servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE), no tienen reparo en ir a tocar a las casas de inmigrantes ni de detenerlos mientras manejan sus autos o cuando van caminando en la calle. Los acusan de ser criminales sin evidencias y dejando de lado el derecho elemental de presunción de inocencia. No les interesa estar desgarrando familias. Escuchar los testimonios de las nuevas formas y de las prácticas tan espectacularmente agresivas, además de darme escalofríos por las reminiscencias históricas, me lleva a reflexionar en torno a la base de la sociedad.

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La estrategia está clara: buscan maneras de exacerbar las diferencias entre los integrantes de las comunidades, para generar conflictos y evitar acuerdos o cohesiones que se puedan convertir en una amenaza para el actual Gobierno estadounidense que busca cumplir promesas de campaña, aunque con ello esté escupiendo al cielo. La persecución a un sector específico de la población se llama xenofobia que no es otra cosa que la sofisticación del racismo. La xenofobia es un delito.

Estamos atestiguando la incitación pública a la violencia, al odio dirigidos contra un grupo de personas definido por su raza, color de piel, origen nacional y rasgos étnicos. Estamos viendo la comisión de actos agresivos y la apología pública de los mismos. La xenofobia desencadena crímenes de lesa humanidad. Acaba con la apertura, acercamiento, involucramiento que genera redes de solidaridad y espacios de intercambio. Es la destrucción de los cimientos que construyen la interculturalidad de esa sociedad. Basta verlos para darnos cuenta.

Parecen disímbolos, pero Julio César y Donald Trump tienen un común denominador que vale la pena observar. Hitler lo hizo.