Las ventanas

Similitudes

La fotografía es del 9 de febrero de 2019 pero bien podría haber sido de septiembre u octubre de 1968. En la imagen se ve un automóvil del ejército, es descapotable. En el centro, vestido de civil, está el Presidente de la República. Va flanqueado por dos uniformados: el Secretario de Marina y el de la Defensa Nacional. Está rodeado por uniformados de a caballo y si no fuera porque sus rasgos físicos son tan diferentes, podríamos confundir a López Obrador con Díaz Ordaz. Van avanzando por lo que se puede ver, por el Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México.

Se trata de una fotografía de la agencia EFE que se tomó en la conmemoración del 106 aniversario de la Marcha de la Lealtad. Por eso, hay veces que al ver este tipo de retratos siento que entramos en la máquina del tiempo y hemos echado el minutero para atrás. Yo creí que nuestro actual Presidente se autodenominaba la antítesis de aquellos mandatarios y que su transformación nos llevaría a un cambio opuesto a las propuestas de esos que nos dijo eran responsables de todos nuestros males. Lo sigue diciendo todas las mañanas en sus conferencias de prensa. Seguramente, cuando López Obrador trata de alejarse de la figura neoliberal y eleva el dedo para juzgar el pasado no se da cuenta de las similitudes que está apersonando. Muchos de sus seguidores más fieles, ya lo están notando.

Es posible que el señor Presidente no haya visto esta foto, pues si la viera se sentiría tan sorprendido por las similitudes con el pasado. A lo mejor se la están escondiendo, suele suceder. Claro que el Presidente Díaz Ordaz, cuando estuvo a cargo, no tenía el cabello repleto de canas ni le tocó luchar tanto por llegar al poder; pero ambos son parecidos en las circunstancias: les toco gozar de mucho, muchísimo poder. Han pasado más de cincuenta años desde aquellos hechos sucedidos en la Plaza de las Tres Culturas mancharan de rojo la plancha de Tlatelolco, pero como se parece lo de entonces a lo de hoy.

De aquellos años para acá, a los uniformados le ha tocado apechugar, aunque a algunos opinan que han aumentado su radio de influencia y otros creen que se les ha desprotegido. Desde los años de la segunda mitad de siglo XX, en México hemos visto desfilar populistas, estatistas, neoliberales, de derechas, de izquierdas, alternancias pacíficas. Las fuerzas armadas han estado ahí, en los planes DN3, en el combate para recuperar la seguridad pública, en el cuidado de la nación. Desde Echeverría hasta Ernesto Zedillo, dio igual quien fuera el que ocupara la silla presidencial, el Ejército y la Marina estuvieron detrás de quien detentara el poder ejecutivo.

En tiempos de Vicente Fox, las cosas no cambiaron. Tal vez, el pudor que mostraban los presidentes para las fuerzas armadas fuera por ese reclamo de la izquierda que siempre elevaba el puño y enseñaba los dientes por la cercanía entre el poder civil y el castrense. Pero, el primer presidente panista de México llevó las cosas un poco más allá: hizo al general Macedo de la Concha el primer Procurador de la República de origen militar. Felipe Calderón llevó las cosas un poco más lejos: se vistió de uniforme y nos dejó en claro que el era el comandante en jefe de las fuerzas armadas. Claramente, hoy ese pudor desapareció

En los años calderonistas, la izquierda estaba enojadísima porque se ponía al Ejército y a la Marina a llevar a cabo tareas que no les correspondían. Se quejaban, con razón, de ver que la independencia del ejecutivo se viera afectada por la cercanía al poder de las armas. Uno de los lemas de campaña de López Obrador era transformar la situación, regresar a los uniformados a los cuarteles y crear una fuerza civil que nos garantizara la seguridad que se había perdido. Se acabaría con el derramamiento de sangre y con una guerra que había causado muchas bajas por combatir los efectos del crimen organizado. No será así.

No sucederá. La cuarta transformación de López Obrador ha decidido estar cerquita del Ejercito y la Marina. Tan cerquita, que hoy me recuerda a otro mexicano al que le gustaba pasearse por Reforma flanqueado por uniformados. Espero que mañana las imágenes que circulen por ahí no nos recuerden a otro tipo de regímenes lejanos a valores, ya no digamos de la izquierda, sino de democracia.