Las ventanas

Infiltrado

“El mayor de todos los inconvenientes es que quienes buscan la verdad colisionen con quienes sólo buscan un pedazo de pan y cuyas disputas y políticas perturban de múltiples modos a aquellos, pero nunca los ayudan”.

Arthur Schopenhauer

El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla, sin embargo, como dijera Cicerón, la verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio. Resulta que después de tanto tiempo nos enteramos que uno de los estudiantes desaparecidos en el caso de Ayotzinapa era militar. Mientras más datos salen a la luz, menos se entiende lo que sucedió con estos muchachos. Hemos escuchado a Procuradores Generales de la República, a abogados defensores, a comisionados de la verdad y parece que lo que nos topamos son con medias mentiras, con novedades que nos quitan el aliento o con inconsistencias que rayan en la incongruencia.

Julio César López Patolzin, uno de los 43 normalistas desaparecidos el 26 de septiembre de 2014, se mantenía en activo en el Ejército y le hacía llegar información a sus mandos. Al menos eso se evidencia un video que fue revelado por el periodista Humberto Padgett. En las imágenes se observa a la madre de Julio César, Joaquina Patolzin de la Cruz, recibiendo la noticia de que probablemente su hijo habría muerto. La persona que le informa de esta terrible novedad es el coronel de Infantería Diplomado del Estado Mayor Gregorio Espinoza Toledo.

En el video también se observa que el coronel Espinoza Toledo le dice a Joaquina Patolzin que siguen buscando a su hijo, ofrece que vaya otro de sus hijos —hermano del desaparecido— para darle seguimiento a la situación. Le deja lo correspondiente al pago de la quincena del joven. “Usted necesita el dinero”, le dice, y la madre recibe un sobre amarillo y firma un recibo. Luego, hay gente que se empeña en decir que Julio César había desertado. No obstante, era el único del grupo de jóvenes que contaba con un iPhone; nos dicen que sí estaba en el Ejército pero que tenía permiso de estudiar y nos cuentan tantas cosas que es difícil dilucidar quién dice la verdad y quien no.

Evidentemente, hay mucha información que desconocemos. Podemos intuir que hay elementos del Ejército que saben mucho y dicen poco, pero no son los únicos. Es más, puede que Julio César no haya sido el único militar que había entre los cuarenta y tres, por lo pronto se sospecha que habría uno más. A pesar de lo que revela el video, Vidulfo Rosales sostiene que López Patolzin no era infiltrado, que el joven quería ser maestro y por eso, como estaba lastimado de la columna, quiso convertirse en normalista. Pero, el Ejército no es el único que ha guardado silencio. Por todos lados brota nueva información en un tema que nos tiene confundidos desde hace tantos años.

Por las declaraciones del licenciado Rosales, nos enteramos que los normalistas de Ayotzinapa, los 43 estudiantes desaparecidos, ni eran normalistas ni eran estudiantes, eran aspirantes. “Pasa las pruebas académicas y físicas y está en esta etapa, la mayoría de los 43 aún no se inscribían, ya habían pasado las pruebas, pero formalmente alumnos todavía no eran”, dijo Vidulfo Rosales. Por supuesto, hasta a la persona menos suspicaz en este mundo se le dibuja un signo de interrogación en el rostro. ¿Por qué no nos dijeron esto antes?

¿Qué habrá pasado aquella noche en Iguala? Cada que nos aproximamos al tema, cada que alguien sale a aclarar los hechos sucede lo que con el agua arenosa, mientras más se le mueve al tema, más turbio se pone. Sabemos poco. No tenemos certeza de que Julio César López Patolzin haya sido un militar infiltrado, según el general Cienfuegos, ellos tienen derecho a estudiar mientras no descuiden sus labores. ¿Habrá estado estudiando, habrá estado aspirando a ser estudiante, habrá estado informando?

Cuando las preguntas más sencillas obtienen respuestas rebuscadas, complicadas, retorcidas hay dos posibilidades: quien las da está ocultando información o no tiene ni idea de lo que sucedió. En todo caso, pareciera que la verdad se evapora cada que nos aproximamos a este tema. Como dice Schopenhauer, la verdad colisiona con quienes sólo buscan un pedazo de pan y cuyas disputas y políticas perturban de múltiples modos, pero nunca ayudan.