Las ventanas

Las responsabilidades de Rosario

No está bien hacer leña del árbol caído. Pero, despertar y enterarse de que Rosario Robles ha sido vinculada a proceso hace que se le caigan las quijadas al más indolente. Era poco probable imaginar que, a pesar de que esa era la dirección, ella o su defensa, salieran con algún subterfugio que la dejara libre de pecado. Ya la habíamos visto sacar conejos de la chistera y operar en forma que aunque ya estaba cerca de la hoguera, traspasaba el fuego sin chamuscarse. Ahora, no sucedió y es sorprendente.

Todavía reverberan los ecos de lo sucedido hace algunos años en los que nos enteramos de temas que le fueron poco favorables a Robles como Publicorp y la historia en torno a Carlos Ahumada. Si la mejor forma de imaginar el futuro es ver al pasado, nadie nos imaginábamos que Rosario Robles pisaría la cárcel.

Lo que no sorprende es escuchar lo que ya imaginábamos. Ni el más ingenuo habría pensado que ella actuó por su cuenta. Nadie se tragaría la píldora de que ella iba en solitario. Era evidente que su jefe sabía y podríamos suponer que el excandidato del PRI a la presidencia estaba enterado. Está claro que Enrique Peña conocía del tema. Ni modo que José Antonio Meade no se hubiera enterado de semejante boquete que se le hizo a la cuenta pública, siendo quien sabemos que es. Lo que nos queda claro es que Meade sabe de números y si no le dijeron, se tardaría cinco minutos en detectar la irregularidad. ¿No se pasó toda la campaña diciéndonos que él si sabía hacer las cosas? Tal vez, ese es el tipo de cosas que también sabe hacer. Ya veremos que tiene que decir, porque ante todo, hay que respetar la presunción de inocencia.

Por eso mismo, no podemos afirmar que la idea de todo este intríngulis de operaciones y contratos haya sido idea de Rosario Robles, o que todos esos recursos hayan ido a dar a su patrimonio. Lo que sí queda claro es que al ser la titular de dependencias tan importantes en las que la Auditoría Superior de la Federación detectó anomalías, ella era la responsable. Y, en su propia declaración, se echa la soga al cuello. Aseguró que sí informó al Presidente Peña Nieto sobre las supuestas irregularidades en la Secretaría de Desarrollo Social. ¿Entonces? De que sabía, sabía.

Es más, en su declaración, se llevó entre las patas a miembros del equipo peñista ya que la forma de comunicación era, según su afirmación, a través de la red federal y en las reuniones de trabajo de gabinete. Si sabemos conectar los puntos, podemos deducir que había más de un secretario, si no es que todos, que estaban al corriente de las operaciones. Estamos hablando de cinco mil millones de pesos, no de un cambio que se le olvidó entregar al niño que fue por las tortillas. ¿Ninguno de sus compañeros de gabinete alzó las cejas?

El problema es serio y Rosario Robles lo sabe. Aunque ella solicitó de viva voz que no se le impusiera prisión preventiva, deberá cumplimentarla en el Penal de Santa Martha Acatitla. El juez Felipe de Jesús Delgadillo Padierna dijo que las dos veces que fue buscada por el Ministerio Público en su domicilio, no fue encontrada.

Es una pena, porque Rosario Robles es una mujer inteligente y estoy segura de que en ningún momento se imaginó que tendría que pisar un penal. Pero, tanto va el cántaro al agua –y en este caso, fue muchas- que al final se rompe. Si Robles dice que informó a Peña, esto no la exime de responsabilidades. Si su jefe no le hacía caso, pudo haber renunciado y no lo hizo.

Imaginar a Rosario Robles en una celda en Santa Martha Acatitla me lleva a pensar en el enredo en el que está metida. Ni siquiera el espaldarazo de Andrés Manuel López Obrador la salvó y eso nos da una idea de la dimensión del tema. Ella dice que trae las faldas bien amarradas y que confía en la autonomía del Poder Judicial. En eso confiamos los mexicanos: en que se pueda hacer justicia. En que la justicia sea ciega y que no empiece a tomar tintes políticos. Pero, lo más importante es que ese dinero se regrese a las arcas de la Nación.

Comentarios

Comentarios