Las lágrimas de Melania

Dicen que hace cuatro años, cuando se confirmaron las tendencias y los datos de la elección presidencial de los Estados Unidos favorecían al Partido Republicano, –mientras el mundo no cabía de la sorpresa–, Melania Trump lloró. La gente llora por muchos motivos, puede ser que ella lo hiciera porque estaba emocionada por el triunfo de su marido o porque estaba tan sorprendida que no pudo evitar expresarlo. Tal vez se asustó.

Lo cierto es que, así como Melania, no fueron pocos los que derramaron lágrimas junto con la mujer que sería la Primera Dama. El mundo atónito atestiguó como Donald Trump venció a Hillary Clinton –a la que seguro también se le salieron las lágrimas–. Y, por increíble que pareciera, quedaría en los anales de la Historia que ganó no el mejor candidato, sino el que tuvo la mejor estrategia para meterse en la mente y el corazón de los votantes. Melania lloró, muchos votantes tuvieron miedo de que Donald Trump no ganara y sufragaron a su favor. Se probó que el miedo es una gran herramienta de convencimiento. Casi no podemos creer que ya pasaron cuatro años de aquel episodio que dejó al mundo en vilo.

Por supuesto, lo que han traído estos cuatro años, justifican las lágrimas de Melania. El mundo ha derramado muchas lágrimas desde que Donald Trump despacha en la Casa Blanca. La era Trump ha sido diferente en muchos sentidos. Vimos a un mandatario estadounidense dividir a la nación, mostrar sus prejuicios sin pudor, exponer su falta de conocimiento, cultura y educación, ser nepotista, tasar con un rasero muy limitado, inclinarse frente al mandatario ruso, coquetear con Corea del Norte, no tener empacho en decir una cosa y desdecirse en cuanto le viene bien. Es preciso decir que otros mandatarios estadounidenses tuvieron atributos similares a que hoy se le critican a Trump pero sus antecesores eran más discretos o menos cínicos.

Al momento en que se publique esta columna, los votantes de Estados Unidos habrán elegido si van a perpetuar el período de Trump o si prefieren cambiar. Aunque muchos ciudadanos estadounidenses ya votaron por correo y este 3 de noviembre quede como el día en que se dió la respuesta a la incógnita, eso no significa que conoceremos los resultados de inmediato. El mundo respira cortito. Pareciera que el terror de Halloween y el misterio de Día de Muertos se prolonga. La noche será complicada ya que el conteo de la votación no será tan expedito como antes. Por lo tanto, si hace cuatro años ya se echaban las campanas al vuelo y de repente la tendencia dio una vuelta inesperada y la suerte favoreció al candidato menos lógico, ahora todo puede suceder.

A las doce del día, tiempo del centro, ya se había roto el record de votación: más de cien millones de personas salieron a sufragar. La gente ha decidido salir de su casa a cruzar la boleta y elegir. La pandemia no ha inhibido la intención de ir a las urnas. El voto por correo hace difícil seguir las tendencias. Lo que se puede adelantar es que el voto irá en dos direcciones: a favor o en contra de Trump; es decir no es por Biden o por Trump.

Nos tendrán sentados al filo de la silla. Unos estados contarán primero los votos que llegaron por correo, otros se enfocaran en las tendencias de quienes salieron a votar temprano, es probable que los resultados nos sigan siendo desconocidos en la madrugada. Florida es un estado que cuenta rápido, si Ohio revela pronto los resultados, tal vez Biden luzca como el que va ganando, Georgia cuenta lento.

Hay reacciones, en México el precio se aprecia frente al dólar. Biden y Trump sostienen el aliento, la ansiedad toma la ventaja. Y, entonces, uno entiende las lágrimas de Melania y lo único que se puede pronosticar es que hay probabilidades de que la Primera Dama de los Estados Unidos volverá a derramar lágrimas, lo que no sabemos es cuál será la razón.