Las Ventanas

Semana del emprendedor

Una vez al año, lo más selecto del mundo del emprendimiento se da cita durante una semana para dar a conocer novedades, enterarse de lo que está en boga y calibrar opciones. Me da gusto ver como esta iniciativa es cada vez más popular y como mucha gente la toma como una opción seria y uno una aventura alocada mientras surge algo mejor. La verdad es que México necesita que se generen más empleos formales.

En la inauguración de este evento, el presidente Peña dio a conocer cifras muy esperanzadoras. Nunca antes, ninguna otra administración había visto crecer el número de emprendedores que generan empleos en México. El crecimiento en el número de empleadores inscritos en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) progresó en ciento treinta y cinco mil setecientos quince registros. Si se compara con los dieciocho mil que se generaron en el sexenio de Felipe Calderón podemos dimensionar las proporciones de las que dio cuenta Enrique Peña. Lo malo es que la tasa de informalidad se sitúa en niveles del cincuenta y 2%.

México necesita que se generen empleos formales. Es decir, trabajos en los que una persona pueda tener un salario digno que cubra sus necesidades básicas y que tengan prestaciones de ley. El problema de la informalidad es que es un cáncer muy agresivo. Daña al tejido social porque un trabajador informal es menos productivo, genera menos beneficios, recibe salarios bajos y en círculo vicioso gira y gira en una espiral descendente. Por eso, por esta falta de productividad, los salarios en el sector informal no suben ni subirán jamás.

En cambio, cuando tenemos un buen proyecto de emprendimiento bien planteado, podemos tener unidades económicas pequeñas que generen recursos, que sean rentables y que sea capaz de pagar más y mejor a sus trabajadores. Buscar que la economía se vuelva más formal es buscar que los procesos productivos sean más profesionales y eso devenga en beneficios concretos. El problema en México es que nos dicen y nos repiten que las variables macroeconómicas están controladas, pero a nivel individual, mucha gente no percibe estos beneficios.

El problema con el sector informal es que muchos de estos negocios no están bien administrados. Son el sustento de una familia o de varias y no hay controles de ingresos y egresos, no se entienden conceptos contables y financieros. Todo es como un cajón en el que entra dinero y muchas manos sacan. Al final, no hay una cuenta que nos diga si vamos bien o nos dirigimos directo al precipicio.

Apoyar a los emprendedores es brindar apoyo a la formalización. Si queremos parar los circuitos viciados, si buscamos dejar de ser un país que le paga mal a su gente, si pretendemos que se de un buen impulso a los salarios, si aspiramos a tener un impulso distributivo igualitario necesitamos comprometernos con los proyectos de emprendimiento. Es decir, desde el gobierno debe apuntalarse el emprendimiento. La academia debe capacitar a estos valientes que siguen creyendo en el país y quieren empezar un nuevo negocio. La sociedad en su conjunto debe estar dispuesta a estar de lado de los emprendedores.

No podemos ir prometiéndole a la gente que los salarios van a mejorar si no hay patrones que tengan las condiciones para trabajar bien, generando utilidades y dando buenos empleos. Si en vez de apoyar a los emprendedores, les ponemos las cosas difíciles, es como si estuviéramos escupiendo al cielo. El avance de esta administración es aplaudible y es una de las acciones que el siguiente gobierno debe cuidar y promover.

Para darle un impulso a la distribución igualitaria de la riqueza, lo que tenemos que hacer es promover el emprendimiento. Y, ojo, el emprender no es una actividad exclusiva de jóvenes recién egresados de una carrera universitaria. No hay edad para empezar un negocio. En este país necesitamos emprendimiento sin distingo de raza, género, edad o condición social.