Las ventanas

Platicando con sordos

Entre amigos, uno se reúne, platica, se pone de acuerdo y ejecuta planes. Pero hay veces en las que uno va a una reunión y, sin importar la buena voluntad y la actitud positiva que uno lleve, las cosas, simplemente no salen. Insisto, no se trata de que no se le hayan echado ganas o de que uno no llegue con la actitud adecuada. No se entiende muy bien, pero lo que uno empieza a sospechar es que las verdaderas intenciones del anfitrión no eran las de agasajar al invitado. Entonces, cuando uno regresa a casa y le preguntan ¿cómo te fue? Contestamos con la típica mentira de: me fue de maravilla y apechugamos hasta la siguiente oportunidad. Así le pasó al canciller, Marcelo Ebrard en Washington.

Después de siete días de nervios, en los que nos tuvieron con la piel de gallina y mordiéndonos las uñas, Marcelo Ebrard vuelve a casa a contarnos que le fue fantástico, pero la verdad es que uno lo ve cabizbajo. Los anfitriones de México en Estados Unidos trajeron a la delegación mexicana caminando sobre terrenos resbalosos, al borde del abismo. Los representantes que el gobierno de López Obrador mandó a la capital estadounidense aceptó desplegar 6 mil efectivos de la Guardia Nacional en la frontera con Guatemala y acelerar la instrumen-

tación del programa ‘Quédate en México’ para combatir los flujos migratorios. A cambio, Trump retiró su amenaza de imponer aranceles punitivos a todas la exportaciones mexicanas a partir de ayer lunes. Si así tratan a los amigos, para que queremos enemigos. ¿En qué quedamos?

A medida que se descorre el telón y vamos conociendo los de-

talles del acuerdo que Ebrard logró en Estados Unidos como que la sonrisa se nos va desdibujando y empezamos a sospechar que los actores asistieron a una plática de sordos. No se trata de buscarle un prietito al arroz y de negarme a aplaudirle a la delegación mexicana, pero, la verdad es que más que otra cosa, parece que los anfitriones no trataron muy bien a nuestros representantes y que lo único que se consiguió fue un tanque de oxigeno que tiene caducidad muy corta. Siento que nos pusieron a prueba y que sólo ellos conocen cuáles serán los elementos para darnos una calificación aprobatoria.

Además, no son formas. Al llegar, como gesto de bienvenida, justo antes de ingresar a la sala de acuerdos, los funcionarios –el canciller incluido- fueron despojados de celulares, laptops y aparatos electrónicos presuntamente para evitar grabaciones secretas. Esto forzó a Marcelo Ebrard a tener que salir cada vez que tenía que llamar al presidente de México. Los despojaron de todo tipo de información, tuvieron que confiar en lo que traían en físico y en la memoria, es decir, en la cabeza. La mente se convirtió en el mejor disco duro y la inteligencia en la aplicación de minería de datos. Si querían consultar algo, pues: un momentito, por favor.

Esas no son formas de sentarse a negociar. Acorralar a tu contraparte, descolocarlo quitándole acceso a información es como invitar a una persona con alergias a cenar a la casa y pedirle que se tape los ojos, que se coma todo lo que le sirvan y si no le gusta o si le hace daño ya ni modo porque ni siquiera recibirá una disculpa. Por el contrario, después de ser sometido de esa forma, todavía se dieron las gracias y antes que otra cosa, recibieron una reprimenda. Así le pasó a la delegación negociadora en Washington, los arrinconaron, salieron agradeciendo haber recibido las instrucciones de lo que debemos hacer para que no nos castiguen y encima, se enteraron por un tuit que Donald Trump dice que tiene un as bajo la manga que involucra una aprobación del Congreso. ¿Nos podemos imaginar de lo que está hablando?

Entretanto, lo que sí sabemos es que se van a desplegar seis mil efectivos de la Guardia Nacional y, si en 45 días no funcionan los controles migratorios, van a tener que regresar a Washington a que les asesten la misma medicina, pero con sabores más amargos. Me parece que alguien dejó de ver que si no se llega a un acuerdo, Estados Unidos sufrirá daños

irreparables. Las negociaciones son duras y en muchos casos las posiciones se tensan, pero no se trata de que ‘Speedy Gonzales’ esté frente al ‘tonto gatito’. México puede aplicar políticas retaliatorias, es decir, si me aplicas un arancel, yo te aplico otro.

Evidentemente, las guerras comerciales son pésimas para todas las partes. Los daños llegan para ambos lados y los efectos pueden ser de amplio espectro. Sé que la prudencia tiene que ser una bandera que se debe ondear en la negociación. También sé que no estamos ni mancos ni chimuelos. Pero, cuando Marcelo Ebrard cuenta cómo le fue en Washington, a mí me da por sospechar que asistió a una plática de sordos.