Las ventanas

9/11

Recientemente, en una plática de café, me hicieron caer en la cuenta de que quienes nacieron en el año en que se derrumbaron las Torres Gemelas en Manhattan, hoy están entrando a la mayoría de edad. Para mí, pensar en el cielo de la Ciudad de Nueva York, es extrañar dos rascacielos que algún día formaron el conjunto del World Trade Center, es decir, del corazón de la vida financiera de buena parte del mundo. Pero, muchos jóvenes ya no tienen esa referencia. Aquella mañana, cambio la historia y se formó un hito del que aún no nos podemos recuperar. Lo que sucedió un once de septiembre en el que el día amaneció soleado y con el buen clima de finales de verano y que terminó sombrío, es en muchos sentidos lo que ha hecho al mundo ser como hoy es.

Aquel 11 de septiembre marcaría a la humanidad en su conjunto y nos dejaría atónitos ante una noticia que parecía sacada de un cuento de terror mayúsculo. Sabemos que la realidad excede a la fantasía y en este caso el horror que se vivió ese día transgredió cualquier idea previa. Se nos rompió la realidad a cachitos y el planeta no se volvió a comportar de la misma forma. Ese 11 de septiembre no sería un día como cualquier otro: ocurrió el atentado terrorista más recordado y catastrófico de la era moderna, la caída de las Torres Gemelas y la muerte de casi tres mil personas en Estados Unidos.

¿Pero, qué pasó ese día? ¿Cómo se comportaba la Humanidad en esos años? De eso hablaremos el día de hoy, encendemos el candil de la casa. Era un martes y amaneció con un agradable clima en la ciudad de Nueva York. Millones de hombres y mujeres caminaban por las ajetreadas calles de Manhattan para asistir al trabajo o a la escuela. Llegaron noticias del sur de Manhattan, parecía que un incendio asolaba una de las Torres Gemelas del complejo del World Trade Center. No estábamos seguros qué causó este evento. La información que llegaba a las redacciones era confusa, sabíamos que una nube muy densa de humo flotaba alrededor del rascacielos.

Nos informaronn que por la mañana, en el Aeropuerto Internacional Logan, en Boston, Ma-

ssachussets, los 61 pasajeros del vuelo número 11 con rumbo a Los Ángeles fue secuestrado por un grupo terrorista de Al Qaeda. Ese vuelo, minutos después de despegar del aeropuerto de Logan, se estrelló a las 8:46 de la mañana contra la torre norte del World Trade Center. No dábamos crédito a lo que nuestros ojos veían. Un mamotreto volador con gente dentro se estrellaba en una de las edificaciones incónicas de la ciudad de Nueva York: se fue contra la torre sur. No hubo dudas de que se trató de un ataque planeado. El ‘The New York Times’ publicaba: “Los ataques parecieron cuidadosamente coordinados, este es un video del segundo impacto”.

El departamento de bomberos de la ciudad de Nueva York informó: “El impacto de ambos aviones y la gasolina en ellos provocó el incendió en las dos torres”. Las imágenes eran dolorosas. Las torres incendiadas se colapsaron frente a los ojos del mundo. En esos minutos de confusión, cientos de personas se lanzaron de los edificios, al vacío: a la muerte.

No fue sólo eso: otros dos vuelos comerciales fueron secuestrados ese mismo día por Al Qaeda. Uno de ellos se estrelló en el Pentágono, la sede del Departamento de Defensa, mientras que el cuarto avión cayó en un campo abierto en Pensilvania, su objetivo era el Capitolio, ubicado en Washington; sin embargo, uno de los secuestradores perdió el control de la cabina.

Ese 19 de septiembre del 2011, hay un saldo de 2 mil 983 personas murieron y 6 mil resultaron heridas, tras el atentado más grande de la historia norteamericana desde que el Imperio japonés bombardeó Pearl Harbor en la Segunda Guerra Mundial. El entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, declaró la alerta máxima. A 18 años de la tragedia, según datos de las autoridades estadounidenses, hay personas siguen desaparecidas. Entre las víctimas se contaban bomberos y policías del departamento de Nueva York. Además, según el Departamento de Salud, 247 personas de origen latinoamericano también perdieron la vida en dicho atentado.

Hoy recordamos a tantas víctimas mortales que perdieron la vida en uno de los atentados más monstruosos de la historia de la humanidad. Hoy, guardamos un minuto de silencio por ellos y pedimos por su eterno descanso.

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