Las ventanas

¿Cuarta transformación?

“Con base en lo logrado buscaremos emprender una transformación pacífica y ordenada, sí, pero no por ello menos profunda que la Independencia, la Reforma y la Revolución; no hemos hecho todo este esfuerzo para meros cambios cosméticos, por encimita, y mucho menos para quedarnos con más de lo mismo.”

AMLO

 Me temo que los más recientes acontecimientos protagonizados por relevantes miembros de Morena en el Poder Legislativo deben de traer muy cabizbajos a quienes le tienen fe a este tema de la cuarta transformación. Pero, si como todos lo sabemos: obras son amores y no buenas razones, podemos entender que muchos votantes y seguidores del proyecto lopezobradorista anden de capa caída. En su debut ya empezamos con más de lo mismo, o tal vez es que estos personajes no entienden el significado de la palabra cambio. No estaría mal que consultaran el diccionario.

Cochineros, desaseos, operaciones políticas y palabras que quieren enjuagar lo que está muy sucio. ¿A quién quieren engañar? Transformar es hacer que algo sea distinto, es dejar los viejos modos y actuar en forma nueva. Por favor, no nos vengan a decir que la Paz ─con mayúscula— se construye con mucha suciedad. ¿No nos prometieron un cambio? Dónde está la profundidad que prometió Andrés Manuel en campaña, me temo que esos cambios cosméticos a los que se refería, a esas cositas que se hacen por encimita mientras debajo de la mesa se pacta y se arreglan cosas, lo deben de tener muy molesto. Prometió que no nos quedaríamos con más de lo mismo y su gente ha de pensar que las promesas se las lleva el viento.

¿Cómo se transforma una nación cuando se violan los preceptos de la Carta Magna? La operación desaseada que se llevó a cabo para favorecer a Manuel Velasco quien será gobernador y senador al mismo tiempo retrata de cuerpo entero aquello que ni ha cambiado y por lo que se ve, ni se cambiará. Le hicieron una trompetilla a esto de la transformación y Ricardo Monreal operó para que la licencia que ya se había negado se convirtiera en: dice mi jefe que siempre sí. La tan sonada transformación de la que estamos hablando, rechina cuando los senadores morenistas, con su voto, hacen el chocarrero y terminan apoyando a uno de esos esperpentos de la política que tanto daño le han hecho a la República.

¡Qué vergüenza! Primero, Martí Batres con el pecho echado adelante y con gran orgullo negó la licencia solicitada por Manuel Velasco. Se me salieron los ojos cuando escuché la voz del presidente de la Mesa Directiva del Senado negar la solicitud. Vaya, parece que esto de la regeneración va en serio. Estuve a punto de pensar bien de este movimiento que hoy ocupa el poder. Pero, la realidad se hizo presente y aniquiló la esperanza de ver algo distinto. Ni un día duró la esperanza. Unas horas más tarde, el señor Velasco ya tenía su permisito para regresarse a Chiapas a gobernar su estado, tal como lo prometió. Valiente cosa.

Hay cosas que no cambiarán jamás. El debut de los morenistas en las cámaras no deja cabida a muchas ilusiones. Y si no nos bastó la primera pifia, hubo otra segunda. Una vez más, como si estuviéramos en el mercado, Fernández Noroña agarró a gritos y al presidente de la Mesa Directiva, Porfirio Muñoz Ledo, hoy dio inicio la primera sesión ordinaria de la LXIV Legislatura en la Cámara de Diputados. Una sopa de su propio chocolate, pensamos los que recordamos cuando Miguel de la Madrid fue el primer presidente en ser interpelado durante el informa de gobierno. En aquellos días, a Porfirio Muñoz Ledo le pareció muy simpático eso de estar gritando en San Lázaro, ahora ya no le hizo mucha gracia.

Estos dos incidentes parecen más de lo mismo que un cambio de regeneración de los niveles que López Obrador pretende —o que prometió—. Sí, se que muchos pensarán que no fue el presidente electo quien los protagonizó. Pero sí lo hizo gente de su partido que imaginamos son piezas claves con las que se cuenta para lograr lo prometido. Por ahora, ni siquiera hemos logrado un retoque cosmético, contra los que él tanto despotricó.