Las ventanas

Fracaso y economía

“Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”.

Tractatus 5.6 Ludwig Wittgenstein.

Cuando un ser humano se enfrenta a hechos que no puede describir por lo terrible que resulta observar la realidad, empezamos a sospechar que hay límites que se cruzaron y que jamás de-

bieron traspasarse. Hay tragedias que sumen en la tristeza y en la incomprensión. Al enterarme de lo que sucedió en la frontera de los estados de Chihuahua y Sonora, sentí un impacto similar al del día en que derribaron las Torres Gemelas de Nueva York. ¿Hasta dónde hemos llegado? El fracaso humano se hace patente con sucesos tan monstruosos que buscamos darles la vuelta para no nombrarlos por miedo a faltarle al respeto a los deudos.

No hay forma de entender cómo es posible que una familia sale de su casa en un convoy en el que van mujeres y niños haya sido víctima de un acto delictivo de estas proporciones. El Presidente Trump ofrece ayuda al presidente López Obrador. Parece que todo fue una confusión, que grupos criminales abrieron fuego y en medio quedaron un grupo de inocentes que expiaron faltas ajenas. En medio de todo, nos dicen que están las drogas. El fracaso del combate al crimen organizado se apareja con una necesidad voraz que tienen algunos para intoxicarse y llenarse el cuerpo con sustancias prohibidas.

La ayuda que ofrece el presidente de los Estados Unidos no es la que el presidente de México quisiera aceptar. Seguramente, le hubiera gustado una propuesta distinta que más que ofrecer una mano armada, fuera una política que trate de inhibir el consumo de droga. Según los datos de la Encuesta Nacional sobre el Uso de Drogas y la Salud (NSDUH, por sus siglas en inglés), que realiza anualmente la Administración de Servicios de Abuso de Sustancias y Salud Mental el consumo de drogas ilícitas en los Estados Unidos tiene una carrera acelerada. Se calcula que alrededor de veintitrés millones de personas en los Estados Unidos de doce años o mayores usaron alguna droga ilícita o abusaron de medicamentos psicoterapéuticos como analgésicos, estimulantes o tranquilizantes. Según la OCDE, Estados Unidos tiene el índice de sobredosis por droga más alto entre países miembros.

Hemos escuchado hasta el cansancio que a México le ha tocado poner a los muertos en la guerra en contra del narco, sin embargo, allá también están muriendo. La epidemia de drogas se está volviendo cada vez más voraz y letal. Ahora las tasas de mortalidad por sobredosis afectan a personas cada vez más jóvenes. En economía, la curva de la oferta siempre va a encontrar a la de la demanda. Es decir, si hay quien quiera un producto, habrá quien se lo venda. Por más que se quiera inhibir la oferta, si alguien lo sigue solicitando, se tapará un hoyo y se formará otro.

Por esta razón, se atrapan capos, se dan golpes al crimen organizado, se desmantelan bandas y el problema sigue adelante. Hemos estado atacando mal al problema. Hay que inhibir la demanda y la oferta solita irá menguando hasta desaparecer. Podemos seguir dándole de palos a los que quieren traficar en forma ilícita y no pasará nada hasta que a nadie le interese lo que están vendiendo.

El fracaso de la lucha contra el narcotráfico es que su brazo corruptor es cada vez más largo y poderoso. Antes, creíamos que si alguien vivía en paz y no se metía con ellos, todo transcurriría sin problemas. Ahora, no se respeta ni a mujeres ni a niños.

Nuestro país está de luto y no es tiempo de rascarle a las divisiones con argumentos mezquinos.  La sordidez de los hechos nos llevan a recoger las palabras y tratar de construir caminos de paz, cada uno desde nuestras trincheras. Si el lenguaje le ponen límite a mi mundo, vayan palabras de solidaridad para los que hoy están sufriendo.

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