Las Ventanas

Las lágrimas de la familia presidencial

Ni hablar, a toda capillita le lleva su fiestecita, el lunes en el Patio Central del Palacio Nacional, el Presiente Enrique Peña Nieto pronunció el mensaje con motivo del sexto y sí, último informe de gobierno. En esta ocasión, además de rendirle cuentas a la Nación por las actividades anuales, se llevó a cabo un balance de lo logrado en el sexenio peñista. Si uno escucha con atención las palabras del Ejecutivo y entiende los números que se estaban enterando, como que uno no entiende porque la familia presidencial estaba llorando. Parecía que la emoción familiar se aproximaba más al reconocimiento de un fracaso histórico que a otra cosa.

¿Por qué hubo lágrimas en los allegados del señor presidente si los números nos están hablando de una gestión que tuvo muchos aspectos positivos? Será que para la familia les resultaba muy triste que Enrique Peña Nieto estuviera flanqueado por Porfirio Muñoz Ledo y por Martí Batres y eso los conmovió tanto. Será que les mortifica que haya llegado el final del sexenio y el pueblo no hay entendido que la administración peñista tuvo éxitos y que ni en el mundo virtual ni en el real se reconocieron los avances que sí se dieron. Si la sacan a uno las lágrimas eso de sentirse incomprendido.

Es cierto, las variables macroeconómicas están razonablemente controladas, aparentemente en este periodo se crearon empleos formales, creció el salario mínimo en términos reales, la inflación está en calma, los mercados cambiarios y bursátiles no se perciben nerviosos, hay obras de infraestructura que se construyeron y se siguen construyendo gracias a las decisiones que se tomaron en este sexenio. Entonces ¿qué pasa?

Me imagino que las lágrimas de la familia presidencial es porque ni Enrique Peña Nieto ni si equipo de trabajo lograron que la gente reconociera y creyera en los logros del ejecutivo. La corrupción y la crisis de inseguridad llevaron a que éste sea el presidente que está acabando su sexenio con niveles de aprobación tan bajos como el 18% y con una de las peores derrotas electorales de las que se tenga registro en México.

Se entiende la frustración del círculo familiar de Enrique Peña Nieto. Debe ser muy frustrante que nadie haya entendido que el presidente era un hombre bien intencionado que quiso hacerle bien a México. Lo malo es que a los gobiernos no se les evalúa por las buenas intenciones sino por los hechos. Por los hechos que afectan nuestra cotidianidad. Por loa molestia que nos causan ciertas decisiones de gobierno que nos afectan y nos duelen personalmente. Es muy probable que muchos mexicanos no entiendan de términos especializados de economía, pero si saben cuánto tienen que trabajar para llevar el sustento a su casa, cuánto cuesta lo que se lleva a la mesa y lo que duele cuando alguno de la familia no está. Pesa mucho saber que un hijo, un padre, una sobrina, una tía, un hermano, una cuñada no está porque tuvo que emigrar o porque no regresó y forma parte de la lista de desaparecidos.

Da coraje enterarse que ese malandrín que robó un celular o que está ordeñando un tubo para vender combustible o que aquel asesino no será procesado y que volverá a delinquir porque no se integró bien su expediente, porque consiguió un buen abogado o porque le llegó al precio a alguien que le abrió la puerta para dejarlo salir.

La inseguridad y la corrupción opacan todas las cifras, en esa área los resultados fueron no malos, malísimos; que digo malísimos: pésimos. Y si a eso le sumamos las pifias como la venida de Trump a la Ciudad de México, el socavón, las casas blancas y en Malinalco, las explicaciones de una primera dama que más bien parecía una reina aburrida, los excesos de una clase política voraz y el miedo de salir a la calle porque todos los días nos enteramos que ya asesinaron a otro alcalde, a otro edil, a otro síndico, no hay resultados, por positivos que fuesen, que puedan lucir.

Seguro a eso se deben las lágrimas de la familia del presidente Peña Nieto, a que su figura se contaminó con la falta de seguridad y con actos de corrupción durante su sexenio. Eso, y una falta de pericia para comunicarse con el pueblo. Creo que por estar mirando a otro lado, dejaron de ver al pueblo. ¿Serán lágrimas premonitorias que anticipan el juicio que la Historia hará de este Presidente? No se apuren. Tal vez, con el tiempo, nos enteraremos de aquello que nos están revelando los números y seremos objetivos. Tal vez, eso sirva de consuelo y puedan enjugarse las lágrimas.