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Cecilia Durán Mena

Las ventanas

Insensibilidad y poder

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Insensibilidad y poder

Una de las quejas más recurrentes que los gobernados le hacen a sus gobernantes es la lejanía. Los reyes que habitaron en castillos majestuosos rodeados por un foso con agua, marcaba la separación entre los de aquí y los de allá. Hubo monarcas que lo llevaron a un grado mayor, pusieron distancia y se fueron a vivir lejos: El Rey Sol se fue a Versalles, Pedro el Grande se fue a Peterhof, María Teresa de Austria construyó el castillo de Praga a donde se fue a vivir la reina Sisi, lejos de Viena, donde no era amada y se refugió en la capital checa que la adoraba. La hija más joven de la emperatriz de Austria se casó con el delfín de Francia y tampoco fue amada, el pueblo francés la guillotinó por sentirla frívola y lejana. El pueblo es sensible a esa lejanía y la condena. Sucedió en aquellos tiempos y sigue pasando ahora.

El papel de las esposas de los mandatarios es complejo y las de los presidentes mexicanos es difícil. Se les recuerda sus desaciertos, se les juzga por sus defectos y sus mejores fortalezas radican en su discreción y falta de protagonismo: calladitas se ven más bonitas. En la Historia de México tenemos una colección de desaprobaciones a estas mujeres: las que no se visten bien, las que se peinan mal, las que son feas. Hay ejemplos de críticas duras por su falta de sensibilidad: a Marta Sahagún —esposa de Vicente Fox— la exhibieron por la compra de unas toallas de precios exorbitantes, ¿por qué se secan las manos con materiales tan caros? Ni hablar del chaparrón que se le vino a Angélica Rivera —esposa de Enrique Peña mientras estuvo en el cargo— por la explicación que dio sobre la Casa Blanca, se le despreció por dar la imagen de un apersona distante y ordinaria. Fallaron porque no mostraron sensibilidad al pueblo mexicano.

Por eso, no debiera sorprendernos que las redes sociales se le vinieran encima a Beatriz Gutiérrez Müeller quien ha ido deslizándose como en un tobogán desde que su marido se convirtió en presidente de la República. Se le percibe dura, ajena, distante. La imagen que le han querido dar de intelectual y de académica no ha sido respaldada por la percepción pública. Se la ve perchada al brazo de su marido, pronunciando palabras rasposas, que muchos recibieron como ofensivas, emitiendo declaraciones que se escuchan fuera de límite —y bueno, eso de pintar caracolitos tampoco le ayudó mucho—, se le ve panfletaria en vez de ser una persona empática. Hay veces que las palabras que no son pronunciadas son mejores.

Es cierto que las condenas que ha recibido parecen estridencias, pero ella las inflama cuando, en vez de retractarse se vuelve a pronunciar acogiéndose a la figura de su esposo. Falla quien está aconsejando a la señora con respecto a su imagen. Da la impresión de que quieren apagar el incendio echándole gasolina al fuego. Y, para atizar más la lumbre, busca simpatía arropándose en una imagen victimizada sin darse cuenta de que, desde el poder, ella ya no es víctima. Que alguien les explique que en el ejercicio del gobierno no pueden recurrir a los mismos mecanismos que cuando estaban en campaña.

Beatriz Gutiérrez Müeller está dando la impresión de ser dura y de tener la sensibilidad de una piedra. Esa es la construcción personal con la que se presenta al mundo. Sin empatía frente a familiares de niños con cáncer, sin tolerancia para los que piensan distinto a su marido —no a ella, porque sus forma de pensar está totalmente eclipsada, obnubilada—, se le ve una actitud palaciega —esa que tanto critica de los adversarios de su esposo— y esta percepción de no ser una persona fácil, se refleja en las redes sociales en donde no media ningún tipo de filtro ni protección. Ahí, no valen los fosos que se cavan alrededor de los palacios en los que habita el círculo que detenta el poder.

Ni modo, no puede pedir lo que no da. Si ella no es amable no puede exigir que lo sean con ella. Por supuesto, no es de sorprender. Los discursos de odio y de división tienen estos frutos. No le podemos pedir peras al olmo y se ve que ella, no es una perita en dulce.

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Cecilia Durán Mena

Las novedades de Lozoya

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Las novedades de Lozoya

Ahora resulta que Emilio Lozoya Austin, que andaba tan malito hace unos cuantos días, ya se le aflojó la boquita y se le aceitó la memoria. En un momento de lucidez que le ha de haber llegado en un respiro que le dio el terrible malestar que lo acongoja y lo llevó a un hospital en vez de a un lugar de reclusión, se acordó que era momento de denunciar al expresidente Peña Nieto y al exsecretario de Hacienda, Luis Videgaray. Según el fiscal, Gertz Manero, el exdirector de Pemex informó que hubo un cochinero de sobornos desde los tiempos de la campaña presidencial en 2012.

Lo cierto es que las novedades de Lozoya no sorprenden a nadie. Ya sospechábamos que por ahí andaba la cosa y que seguro esos eran los rumbos que iba a tomar, sino, como que no se explican todas las consideraciones que se le han tenido al señor. A nadie asombra que haya echado al chorro a su exjefe y a sus antiguos amigos. Lo que me parece sorprendente es que al momento de denunciar, pareciera que estamos atestiguando un rito de lavado de manos, como si el hoy denunciante no hubiera tenido nada que ver, como si hubiera sido una paloma que voló sobre el pantano sin ensuciarse el plumaje.

En la denuncia, Emilio Lozoya eleva el dedo inculpatorio para señalar a quienes fueron los malos de la película, los villanos que le giraron instrucciones para cometer delitos. Así las cosas, Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray fueron las mentes perniciosas que le ordenaron hacerse de recursos ilegales y le dijeron lo que ese debía hacerse con ese dinero.  Desde luego, uno supone que este pobre hombre padeció todas estas angustias, sin tener ningún tipo de beneficio personal. Vamos, únicamente sirvió de recadero. O, eso es lo que nos quieren hacer creer.

Dice el dicho que el que anda con lobos, a aullar se enseña. Parece que ese no es el caso. Seguro que mientras Lozoya estuvo desempeñándose como coordinador de Vinculación Internacional de la campaña de Peña Nieto, no tuvo posibilidades de renunciar y se vio obligado a seguir amarrado a personajes tan oscuros y padeció la terrible angustia de ser elegido para dirigir Pemex. ¡Ay, pobre! Porque, según se ve, Emilio tenía todas las intenciones de portarse bien y de hacer las cosas como deben ser y en realidad, el nada más sirvió de tapadera. O, eso es lo que nos quieren hacer creer.

Y, si así fuera: ¿no peca tanto el que mata a la vaca como el que le jala la pata? Resulta muy conveniente tratar de apuntar con el dedo flamígero a alguien más para tratar de quitar la atención sobre las propias faltas. La estrategia es sencilla y muy efectiva. La usan hasta los niños cuando quieren que regañen al hermano por alguna maldad en lo que ellos participaron. Los acusones son esos que con tal de congraciarse y evitar un castigo, son capaces de echar de cabeza a quien se les ponga enfrente con tal de salvarse el pellejo.

La denuncia que presenta Emilio Lozoya ante Fiscalía General de la República, llega con una concordancia curiosa. El denunciante se encuentra bajo proceso penal, acusado de los delitos de asociación delictuosa, operaciones con recursos de procedencia ilícita y cohecho. Si nos fijamos bien, el hombre no es una prístina ovejita que vaya por la vida presumiendo de inocencia.

Por el contrario, tal parece que nos estamos enfrentando con un personaje muy astuto que supo negociar bien —o eso suponemos—, lo suficientemente bien como para librar la prisión preventiva y conseguir que sólo se le impusieran como medidas tan duras como el uso de un brazalete y entregar su pasaporte, entre otras.

Las novedades que denunció no sorprenden ni a propios ni a extraños. Más bien, los dibuja de cuerpo entero. El señor Emilio Lozoya Austin ya abrió la boca, ya se atrevió a señalar a sus compañeros de juegos. ¿Qué viene después? Veremos la danza de los testigos, presenciaremos como el fiscal Gertz Manero se toma en serio su posición y busca servir a la justicia. Ojalá.

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Cecilia Durán Mena

Saint Michael from Far Away

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Saint Michael from Far Away

Es difícil no caer en la tentación. Especialmente, cuando se abre la oportunidad en tus narices y la seducción te llega colocada en bandeja de plata. Me van a disculpar. Por más que uno quiera ser continente y que la prudencia nos quiera llevar por otros caminos, el acicate es duro. Entonces, en vez de disimular, no queda otra que burlarse. En serio, ¿quién puede resistirse a lo que se hizo en el portal visitmexico.com? Ahora sí que ni los más enamorados de la 4T tienen mucho espacio para moverse. Es de risa loca, es de pena.

Si así se piensa reactivar el turismo, pobres empresarios del ramo. Este sector económico tan importante para México, que nos ha dado tantas satisfacciones y que en otros países ha servido como punta de desarrollo y generación de riqueza, aquí y ahora va de un tropiezo al otro y de una campaña mala a otra pésima. Cuando pensamos que ya nada podría hacerse más mal, nos topamos con que se hizo peor.

Mejor tomarlo a chacota que soltarnos a llorar de vergüenza. Pero, así como hemos ido brincando de ocurrencia en ocurrencia, así vamos sumando una pifia tras otra. Más allá de la burla que resulta merecida, está la reflexión de lo que el sector turístico representa para los mexicanos y la terrible realidad de estar manejado por personas que no se les ven tamaños para explotarlo a toda su capacidad.

En México, —tan lindo y querido—, debiéramos entender que el Turismo representa un factor relevante en el desarrollo económico. No se trata sólo del orgullo nacional de la belleza de sitios y la riqueza de las tradiciones, sino de comprender que contribuye al impulso de otras actividades complementarias y al desarrollo regional. Ha sido un medio eficaz para reducir la pobreza y la marginación. El sector turístico es generador de divisas y hasta hace muy pocos años, nuestro país se ubicaba entre los primeros diez países que captaban turismo mundial.

El exsecretario de Turismo, Enrique de la Madrid Cordero estimó que, en el año 2016, se habrían alcanzado treinta y cinco millones de visitantes del exterior; es decir casi doce millones más que en el año 2012. Para darnos una idea, habíamos crecido el equivalente a todos los turistas que visitaron a Argentina y a Brasil juntos. El sector representaba casi el nueve por ciento del PIB.  lo que representa el turismo para nuestro país, genera nueve millones de empleos y es la tercera fuente generadora de divisas. Hoy, el sector padece por la situación mundial y la agravamos con decisiones locales.

Aquellos logros no responden a la inercia ni a la casualidad. Fueron resultado de las buenas políticas públicas, de la estrecha coordinación que existe con las demás dependencias Federales, con los gobiernos locales, un sector empresarial dinámico y competitivo, y un sector laboral cuya calidad y calidez en el servicio son mundialmente reconocidos. Se trató de un plan estratégico que vio una ventana de oportunidad y la aprovechó.

La OCDE nos ha insistido en la necesidad de complementar el exitoso binomio de sol y playa y sustentarlo en un modelo integral que apoye la oferta regional de productos, impulsar nuevos segmentos de viaje. El turismo es tan bueno que debemos traer más viajeros a conocer nuestro país. Los esfuerzos exitosos con programas sólidos como los de Pueblos Mágicos, de Viajemos Todos por México, debieran reforzarse para que más mexicanos tengamos la oportunidad de viajar por nuestro país. Eso se logra con planeación inteligente, con estrategias bien reflexionadas y con metas precisas, no con ocurrencias.

Es una pena, con la riqueza que tenemos en este país tan bendecido, que la estemos dilapidando con tonterías. Más que dar una imagen de lo que no somos, habría que basarnos en lo que sí forma parte de nuestra hermosa identidad. Eso, y dar seguridad a la gente de que al viajar por nuestro país, le va a ir bien.

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Cecilia Durán Mena

Nada es para siempre

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Nada es para siempre

Cada que renuncia un Secretario de Estado, me pregunto qué fue lo que pasó. Puede ser que haya caído de la gracia de su jefe o que su patrón ya no le caiga bien. Hay veces que la situación es clara, pero en política no todo lo que brilla es oro. El caso es que los movimientos en los círculos del poder siempre reflejan rasgos que son importantes de apreciar. Algunos son enroques para avivar la energía y otros muestran los juegos de fuerza que se dan. La verdad es que todos los presidentes han tenido ajustes en su gabinete y en la 4T los cambios empezaron pronto.

Por ejemplo, fue muy clara la razón para que Josefa González Blanco dejara el cargo después de protagonizar el escándalo de retrasar un vuelo comercial. Se entiende. Un personaje de su nivel no puede darse esos lujos en plena transformación. No obstante, lo que ya empieza a llamar la atención es ver como piezas claves del gabinete del presidente López Obrador están decidiendo marcar postura y mostrar desacuerdos. Parece que las discrepancias con la 4T no se pudieran resolver.

Desde la salida de German Martínez como titular del IMSS, hace más de un año, se han sucedido varios abandonos de personajes clave en la administración lopezobradorista. Carlos Urzúa renunció a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en julio del año pasado. Javier Jiménez Espriú dejó la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Ellos tres han ventilado sus desacuerdos con la dirección que va tomando el gobierno de la 4T. Y, por si fuera poco, se filtra un audio de Víctor Manuel Toledo Manzur en el que se expresan con claridad las molestias que hay entre los principales del Gobierno y se evidencian las luchas que se están dando en las altas esferas del poder.

Nada nuevo bajo el sol, no sorprende que unos se vayan y otros lleguen a ocupar las sillas que quedan vacías. Lo que sí llama la atención es la diferencia en las formas. Para todo hay modos y dicen que hablan más los hechos que las palabras. Antes, los funcionarios eran más discretos: no enseñaban las costuras y era difícil que explicitaran sus desacuerdos con el presidente. Ahora, se ventilan esas disconformidades sin pudor. Y, eso que puede incomodar al círculo rojo, a los ciudadanos nos da señales.

Entiendo que nada es para siempre y que en política y cuestiones de Estado, las cosas que hoy son, mañana ya no. Pero, la evidencia que va dejando el desgrane de Secretarios de Estado y funcionarios de primer nivel es que la 4T no tiene una filosofía estratégica que le dé rumbo. El peligro es que al no tener claridad sobre los valores, la meta, los objetivos, el rumbo del país resulta incierto. No es momento para ver a nuestros líderes dando palos de ciego.

Me gustaría que el presidente López Obrador llevara el timón del barco sabiendo hacia donde nos quiere llevar. No está el horno para bollos y menos cuando el mundo está atravesando una crisis tan angustiante como la que nos toca vivir.  Genera inquietud ver como la revista The Economist tuvo razón al decir que en México hemos abrazado políticas de freno a la economía. Es decir, nos hemos clavado un tenedor en el ojo y seguimos sonriendo. Pero, algunos prefieren irse antes que seguir ahí.

Las fisuras en el gabinete del presidente López Obrador preocupan. Nos dejan ver que las contradicciones y bloqueos que imaginamos, son una realidad. Pareciera que la 4T, a decir de ellos mismos, no es un proyecto firme y concreto, sino que les parece un plan lleno de contradicciones. Que lo digan los críticos del gobierno es lo esperado; que lo expresen los conservadores y los de ultraderecha es lo normal; que lo sostengan los fifís a los que nada les parece, es lo lógico; pero que estas palabras tan duras vengan de la gente cercana al presidente ya es para llamar la atención.

Vale la pena fijarse. Mientras nos traen distraídos con el caso Lozoya, se están generando hoyos en el gabinete. Y, si bien es cierto que nada es para siempre y que los ajustes en los órganos del Estado siempre se han dado, habría que escuchar las razones de los que antes estaban y hoy se han ido por su propio pie.

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