Carlos M. Urzúa

Al presidente López Obrador le da por agradecer, cada vez que puede, a los innumerables trabajadores que desde el exterior envían a diario remesas de dinero hacia nuestro país. Esto es más que justo, ni duda cabe. Pero, como muestra su última declaración al respecto, el presidente no tiene ni la más remota idea de los factores que están atrás del envío de las remesas: “Les agradecemos mucho a nuestros héroes vivientes. Es una inyección de solidaridad […] No había sucedido desde hace 20 años; nos compromete a seguir apoyando al pueblo de México”.

Antes de comentar la sorpresiva segunda parte de tal declaración presidencial, bien vale la pena hacer dos observaciones. La primera es recordar que no todos esos trabajadores son, propiamente hablando, migrantes internacionales con nacionalidad mexicana. Algunos tienen ya una residencia legal en un segundo país, mientras que otros no son nativos, pero tienen ascendencia mexicana por parte de sus padres u otros ancestros. Lo que sí tienen en común son fuertes lazos familiares aquí, tan fuertes que ayudan a mantener a flote a muchos hogares mexicanos que siguen padeciendo el reciente desempeño catastrófico de la economía mexicana.

La segunda observación es que parte de esas transferencias que llegan a México, aunque es difícil dar un porcentaje, pueden no ser fruto de un trabajo legítimo. Una de las vías que usan los narcotraficantes para ocultar el origen ilícito de sus fondos se da a través de esas remesas aparentemente inocuas.

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Pero volviendo a la citada declaración presidencial, la primera parte de ella, “nuestros héroes vivientes”, está más que justificada. La cantidad de remesas que llegaron tan solo durante el año 2021 a México, provenientes de Estados Unidos y otros países, excedieron los 51 mil millones de dólares. Tal cantidad fue mayor que la suma de todas las exportaciones de productos petroleros hechas el año pasado (29 mil millones) y del gasto hecho aquí por turistas extranjeros (20 mil millones). Bajo otra perspectiva, si esas remesas fueran parte del PIB del 2021, que no lo son pues éste representa solo la producción interna, el monto de ellas hubiera sido del orden de 3.8% del total.

La segunda parte de la declaración es, por otro lado, incomprensible: ese envío, dice el presidente, “nos compromete a seguir apoyando al pueblo de México”. Qué afirmación tan surrealista. Más bien al contrario, si hubiera un mayor crecimiento económico aquí, la cantidad de remesas sería menor, pues los trabajadores en el exterior no tendrían que sacrificarse tanto por sus familiares que viven acá.

Los 27 migrantes mexicanos, junto con otros de Centroamérica, que murieron recientemente atrapados en un tráiler que transitaba por Texas, dan muestra cabal del sinsentido de esa declaración del presidente. Durante los cinco primeros meses de este año, tan solo de enero a mayo, la patrulla fronteriza de los Estados Unidos detuvo a alrededor de 400 mil compatriotas que intentaron entrar de manera ilegal.

Durante el mismo lapso, en 2021 fueron detenidos alrededor de 285 mil, cuarenta por ciento menos, mientras que tanto en 2020 como en 2019 fueron una cuarta parte, alrededor de cien mil personas. De manera preocupante, pues, 80 mil compatriotas están tratando cada mes de cruzar la frontera de manera ilegal. Por algo será.

Profesor del Tecnológico de Monterrey

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