La tercera cosa segura

Desde que Banco de México obtuvo la autonomía institucional, el control de la inflación ha sido muy eficaz especialmente desde 2001 a la fecha, es cierto que hubo años como 2008 y 2017 que fueron la excepción al presentar choques de oferta en menor magnitud a la situación actual, pero en general este fenómeno cada vez tenía menor relevancia en la planeación de las empresas.

Esta percepción comienza a cambiar, pues de acuerdo con los analistas hemos transitado de escenarios en el que el aumento de los precios sería un fenómeno transitorio debido a la disrupción temporal de cadenas de suministro global, a considerar que este fenómeno será persistente en el mediano plazo y que empeorará antes de mejorar en el corto plazo. Sintetizado en que protegerse de la inflación cada vez es más difícil conforme esta se ubica en niveles más altos.

Todos los consejos y recomendaciones que hemos leído van enfocados en perfilar el tipo de activos en el que el ahorrador promedio debe invertir para protegerse de la inflación, así como en soluciones atingentes a los desafíos institucionales que impiden la recuperación de la inversión en el país, pero ¿Cuáles son los aspectos básicos que debería cuestionarse toda empresa para refinar su plan de acción ante este fenómeno?

La guía central es partir de un diagnóstico y medir correctamente si la empresa está resguardando o perdiendo el valor que genera para sus propietarios o dueños después del efecto inflacionario. Por lo que las principales métricas deben analizarse en términos reales (descontando inflación) como punto de partida.

Una mayor inflación está directamente relacionada con el aumento en el nivel de tasas de interés, más aún si la persistencia es mayor a lo estimado. Esto no solo demanda un mayor retorno sobre el capital invertido en la empresa, sino que también tiene efectos en el consumo esperado, afectando en consecuencia la estrategia empresarial.

Si eres un importador, es momento de continuar desarrollando proveeduría doméstica o reevaluar la ubicación de tus fuentes de suministro, pues uno de los principales factores que impulsan el aumento de precios actual, es el costo logístico, que en algunos casos como es el flete marítimo, ha incrementado hasta un 1,000% en determinadas rutas durante la pandemia. La desglobalización prácticamente arrancó con la salida de EE. UU. del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) en 2017 y sólo acelerará su avance hacia la regionalización de la producción de insumos, conforme siga este tipo de incentivos.

También es momento de preparar las negociaciones para revisiones salariales y considerar los factores que sirven como referente de ello. Entre otros, el aumento al salario mínimo tiene cierta relevancia. Considerando como antecedente los aumentos efectuados por la Comisión Nacional de Salarios Mínimo (CONASAMI) en los últimos tres años buscando recuperar el poder adquisitivo, ahora con la inflación estos se ven pulverizados, por lo que no es descabellado pensar que impulsen un aumento más fundamentado en lo político que en lo económico.

En cuanto al plan de inversión (CAPEX), las prioridades deben enfocarse en lograr un aumento de la productividad y en transitar a un modelo de negocio más escalable. Quizás este podría ser el mejor escudo no sOlo para protegerse de la inflación sino para salir fortalecido, pues se captura mayor valor al satisfacer a un cliente y el rendimiento de este tipo de inversiones generan un mayor rendimiento. Tan solo sigamos la pista a los inversionistas que continúan apostando en empresas que están innovando sus mercados.

No todo tiene que ser desarrollo de nuevas tecnologías sino también seleccionar y adoptar de manera temprana aquellas que provoquen mayor sinergia en la empresa.

De la mano de lo anterior, se ubica el adecuado apalancamiento financiero. Utilizar una proporción adecuada a la estructura de capital para financiar la inversión en activos por medio del crédito, es algo que debe considerarse, pues un período inflacionario prolongado ayuda a disminuir en términos reales el valor de esa deuda, facilitando su repago.

Así que, sí Benjamin Franklin hubiese vivido en el tiempo actual, al afirmar cuales son las cosas ciertas en la vida, sin lugar a duda también incluiría a la inflación, junto a la muerte y los impuestos. Algo que siempre debemos considerar al diseñar la estrategia de nuestras empresas.