Foto: Óscar Jiménez

Óscar Jiménez

León.- Habían pasado 9 horas y la incertidumbre rodeaba la zona. Con el alba llegaron las preguntas: “¿Ya llegaron las vacunas?”; con la tarde: ¿”A qué hora comenzarán a vacunar”?; y llegada la media tarde: “¿Hasta dónde alcanzarán?”. Todas, sin respuesta en el momento.

No era uno quien se preguntaba, a ratos, lo que no se especificaba en los protocolos de vacunación, eran miles de personas —tan solo a las afueras de la Clínica 51 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS)— a las que les rondaban las dudas.

“Llevo casi 9 horas aquí sólo confiando en que las vacunas alcanzarán para todos”, dijo Carmen Elías, que apartaba un lugar para su esposo discapacitado.

Aunque la cita, como en el resto de los 43 puntos de vacunación en León, se había establecido para comenzar a partir de las 8:00 de la mañana, lo cierto es que a las 14:00 horas el proceso apenas estaba por comenzar.

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“No sé mucho, sólo que las vacunas acaban de llegar”, mencionaba al paso un elemento de Protección Civil, ante la cada vez más solicitada petición de un rasgo de información que permitiera guardar esperanza en la fila.

“A lo que tengo entendido, son mil 500 dosis”, mencionaba en la puerta principal, un elemento de la Guardia Nacional que intentaba contener a las decenas de mujeres y hombres, que aglutinados, iban sólo en busca de lo mismo: información.

Permeaba la incertidumbre

Hasta pasado el mediodía, se había dado el ingreso al estacionamiento de la clínica (en donde se habían montado sillas rojas de plástico) a un centenar de personas, sin embargo, la aplicación de vacunas no comenzaba y la incertidumbre permeaba hasta las afueras, donde los reclamos eran mayores cada que pasaba más tiempo.

“A mí la verdad no me ha dicho nada, sólo tengo que abrir la puerta y dejar pasar a los que me indiquen”, señalaba el guardia de la clínica, encargado del ingreso principal, y quien tampoco había recibido indicaciones precisas.

Foto: Óscar Jiménez

En la fila existía de todo: adultos mayores en sillas, jóvenes con sombrillas que apartaban el lugar, otros que iban y regresaban con comida, y otros más, que se encargaban de ir y venir de la puerta de ingreso para informar a los cercanos si algo había cambiado:

“Dicen que ahorita van 575 vacunados, pero sabrá si es cierto”, decía un hombre a sus cercanos, por la tarde.

La empatía va en forma de agua y bolillos

Prácticamente estar en la fila, para algunos, implicaría un ayuno total: ni desayuno, ni comida, ni suerte; habría cena a la hora acostumbrada. Pero un grupo de personas se solidarizaron con la causa y desde temprano, estuvieron circulando con aguas naturales y bolillos; lo más básico, pero lo más necesario para el momento.

Laura Márquez fue una de las personas, quien mencionó, acudió a una tienda de venta por mayoreo para comprar aguas y repartirlas entre la fila. Al fin, la espera había roto el ayuno y las incertidumbres eran, por lo menos, ‘más llevaderas’.

“Estamos aquí desde las 8:00 de la mañana y ya tenemos más de 8 horas aquí; el problema es que es muy poco el avance, preguntamos aquí y allá, y nos mandan más allá”, dijo Margarita Meza, quien hasta entonces no conocía si alcanzaría una vacuna.

ndr