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La odisea priista para buscar el voto en el barrio donde reinan los ‘diablitos’

Fotos: Óscar Jiménez

Oscar Jiménez

León.- Hay diablitos por todos lados. Unos apartan lugares de estacionamiento, otros circulan manejados por la calle con ímpetu y precisión quirúrgica para no dañar los espejos de los coches, y otros más, esperan para ser cargados de kilos y kilos de zapatos. Es un día -no tan- común en el Barrio del Coecillo.

Eso sí, las campañas políticas tocan los corazones de las ciudades; no necesariamente se los ganan, pues en el ínter caen rechiflidos y reclamos constantes. Pero nadie puede negar que los candidatos pisan donde las ciudades laten. En mucho, León lo ha hecho desde el Barrio del Coecillo. Así lo dice la historia, y por eso, la tarea se vuelve más estricta.

“La he visto crecer (la Zona Piel), pero también tambalearse”, dice uno de los ocho representantes del barrio que han sido convocados a ‘charlar’ con Juan Pablo López Marún, candidato del PRI a la presidencia municipal.

Dentro del Hotel Roma, en el 202 de la calle Nuevo Vallarta, en las palpitaciones del Coecillo, se reúnen representantes del sector con el joven candidato (35 años) del partido tricolor: afuera crece escándalo.

Como cualquier otro día, vendedores ofrecen pasar a sus locales, los visitantes cruzan miradas y los autos ‘reman’ en la corriente de las vialidades que se saturan entre cajas de zapatos, peatones… y claro, diablitos que esperan.

Las peticiones a Juan Pablo toman, por lo menos, dos directrices básicas: recuperar las ventas, y la que raya entre la nostalgia y la necesidad: que el Coecillo vuelva a ser tan leonés como lo dicta su historia.

“Es un León antes y después de la pandemia, hemos visto meses muy difíciles en la zona (…) estamos haciendo lo posible por rescatar la zona y los negocios que tenemos aquí”, dice Eduardo Bujáidar, líder de la Zona Piel, antes de que lo interrumpa la oleada de vitoreos para Juan Pablo y los candidatos priístas que salen del lugar con los brazos en alto y escoltados por el candidato a regidor Alfredo Orozco, líder Municipal de la CNOP, quien se ha puesto la máscara de un luchador. ¿Será un luchador social?

“Los políticos son a veces parte del problema, lo que queremos es que se conviertan en parte de las soluciones (…) el tema más importante es de la descomposición social que tenemos no sólo en la zona, sino en la ciudad entera”, dice Lalo Bujáidar.Entre bolsas, chamarras y matracas
El protocolo de lo serio y planeado se ha roto al cabo del mediodía.

Los candidatos cumplen con la norma obvia pero no escrita: todos visten de rojo. Ah, y también llevan el apoyo que, fácilmente, los puede convertir en el partido más ruidoso. Hablando, estrictamente, de lo sonoro. La matraca y el megáfono así lo comprueban.

Con ello, el tiempo del ahora característico ‘choque de puños’ se ha cumplido. También los confrontamientos con los descontentos sociales y una que otra miradita para los diseños textiles que presuntuosos, se ordenan en el desorden de la pasada.

“Se batalla mucho por los estacionamientos y a mucha gente no le gusta dejar sus coches en la calle porque no se sienten seguros, y quienes los dejan, tapan los locales”, cuenta Iván Torres, fabricante de bota vaquera desde hace más de una década en la zona, y que retoma una de las peticiones -más sonadas- para con la vialidad del barrio.

A la caravana de los priístas ya les acompañan más de dos decenas con el vistoso rojo, en chalecos, cubrebocas… y hasta zapatos (porque no podía ser de otra forma). El megáfono y la matraca que hacen más ruido que cualquier vehículo que cimbre la vialidad, van anunciando su pasada.
“Hijo de zapatero. No había ‘domingo’ si no trabajaba. Me enseñé a cortar y todo”, les ha contado Juan Pablo a los comerciantes.

Ahora, la historia le ha cambiado: no llegará fortalecido al domingo de elecciones si no se detiene en donde la ciudad late. Ahí, en donde se consideran 3 mil 500 puntos de venta y 8 mil empleos, en lo que quiere mutar de un barrio a parte del corredor Centro-Polifórum y no sólo quedarse en el recuerdo de lo que fue el negocio de los ‘diablitos’, los pares y la piel.

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