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Periodismo, labor bajo fuego

Hablar hoy de la labor periodística, implica el acoso de la violencia y la amenaza del crimen organizado. Hoy realizar la labor periodística y el reporte del acontecer diario, representa un serio peligro para quien ha decidido ser el redactor de la diaria historia urbana.

Actualmente la violencia se ha adueñado de nuestros espacios sociales, ha marcado la ruta del devenir socio-político y dispone la mordaza que ha de definir el qué decir y el cómo decirlo. El pasado 9 de noviembre fue abatido a tiros el periodista Israel Vázquez Rangel, mientras cubría la noticia del descubrimiento de restos humanos en una colonia de la ciudad de Salamanca.

Con Israel, más allá de ser un atentado similar a los tantos que ocurren como daño colateral del actuar del crimen organizado, queda su asesinato como testigo fiel del intento de acallar la verdad, de limitar la capacidad informativa y de los mensajes ocultos que este tipo de actividad envía a la prensa para someter su esencia informativa,   a la promoción controlada de la “verdad”.

Sin embargo, la prensa hoy no puede someter su ámbito de acción a posturas equivocadas de sumisión, a quienes dictan las políticas de la imposición de la violencia. Hoy la prensa necesita y demanda condiciones de seguridad y apoyo para poder realizar su función de voz de la sociedad.

Israel representa el derecho social a la información, su asesinato la negación obscura a conocer la realidad de la violencia en el estado y el país. Hoy resulta intolerante creer que la verdad puede ser detenida por la voluntad cobarde de un asesino, que los hechos pueden ser sesgados en su oportunidad de conocerles por el sólo hecho de que alguien del crimen organizado quiere mantener en el olvido por así convenir a sus intereses

Hoy el mensaje intimidatorio a la prensa es claro, pero la prensa también ha redactado un mensaje mediante el cual exige que prevalezca el estado de derecho y se haga justicia por el hecho denunciado y que se realicen acciones garantes de la seguridad y tranquilidad de quienes han escogido la palabra como medio de alerta a una sociedad desesperada.

Así, el gremio periodístico ha delimitado el nivel de tolerancia y ha marcado la línea de la exigencia del actuar gubernamental para que puedan realizar su trabajo informativo sin cortapisas. Ya Zamarripa ha recibido directamente la petición de justicia de parte del gremio y de la familia del compañero caído, ya descansa sobre sus hombros la responsabilidad y el espíritu del estado de derecho para esclarecer los hechos y llevar a los tribunales al culpable.

Ayer un compañero muy profesional y humano entregó su alma como víctima de la violencia prevaleciente en el municipio de Salamanca, pero con él se fueron los sueños e ilusiones de cientos de profesionales de la información que, armados con la pluma de la verdad y la cámara de la confianza social en las autoridades, deciden narrar y sembrar cual evidencia del hartazgo social, la semilla de un futuro mejor, plagado de la armonía que tanto anhelamos… la esperanza de un mañana sin violencia.

Sobre la sentencia lapidaria de la alcaldesa salmantina, se yerguen esperanzadoras las promesas de Zamarripa y Luis Ernesto Ayala Torres: se hará justicia y a la brevedad se ejercerá acción penal por crimen tan atroz. La prensa amerita respeto a su labor informativa, aprecio social por su labor de alerta y consideración por su contribución en la forja de una ciudadanía informada y gestora de una sociedad crítica y progresista.

La prensa representa la conciencia social y permitir su ejercicio en plenitud de libertad, seguridad y acción, garantiza el derecho de la ciudadanía a forjar la conciencia que le salvará del exterminio. La pluma y la palabra por ella escrita, deben ser defendidas por todos cual contrapeso de los enemigos de la sociedad.

Si callan la pluma que te informa, serás por siempre sometido y la ignorancia reinará en tu alma, cual corazón carente de sentido.

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