En la Guerra de Independencia destacaron varias familias por sus acciones bélicas, como los Bravo, colaboradores de Morelos, y cuyo líder, Leonardo, integró a sus hermanos Máximo, Miguel y Víctor a la lucha; así como a sus hijos José María y el célebre Nicolás.

Los López Rayón son otro ejemplo, una familia de Tlalpujahua, compuesta por los hermanos Ignacio, Ramón, Rafael y José María, quienes sostuvieron la guerra a la muerte de los primeros caudillos.

Como ellos, en Guanajuato existió también una dinastía de renombre en la insurrección; estuvo formada por Juan Aldama, su hermano Ignacio y los jóvenes Mariano y Antonio.

Sin duda, Juan es el más conocido de ellos. Nació en 1774, en el actual San Miguel de Allende y sus padres fueron Domingo de Aldama y María Francisca González Riva de Neira.

Satisfecha su situación económica por ser hijo de una rica familia de hacendados, el mozo Juan Aldama se integra, en busca de honor y renombre, al Regimiento de Dragones Provinciales creado años atrás en su ciudad natal.

Siguiendo las ideas nacionalistas del momento, se involucra en la conspiración de Querétaro y al ser delatada ésta recibe en San Miguel la advertencia enviada por Josefa Ortiz. Cabalga a Dolores para comunicársela al capitán Ignacio Allende, a quien encuentra hospedado en la casona del cura Miguel Hidalgo.

Es la madrugada del 16 de septiembre de 1810 y las circunstancias han reunido a un grupo de amigos, temerosos de ir a prisión por su oposición al régimen virreinal; pero decididos finalmente a iniciar la rebelión, motivados por Hidalgo.

Partiendo de Dolores, el contingente insurrecto llega a San Miguel el mismo día 16. El alcalde de esta ciudad es Ignacio Aldama, hermano de Juan, próspero comerciante y abogado de profesión.

La relación fraterna permite la entrada pacífica de los atacantes y días después Ignacio se reúne con el cabildo para reconocer la autoridad del movimiento libertario.

Posteriormente, en el asalto a Guanajuato, se encomienda a Juan el explorar los alrededores para reclutar seguidores y prevenir la cercanía del ejército realista, cuyo ataque se temía.

Siguiendo los pasos de Hidalgo que se dirige a Valladolid, Aldama alcanza al cura en Indaparapeo. Allí le entrega a tres relevantes prisioneros: el intendente de Michoacán, Manuel Merino, y los coroneles Diego García Conde y Diego Rul. Su captura permite la capitulación de la actual Morelia sin mayor resistencia.

Al organizar en Acámbaro a la enorme multitud que le acompaña, Hidalgo nombra a la oficialidad. Juan Aldama es reconocido como Teniente General y continúa al frente de un numeroso contingente.

En San Jerónimo Aculco, antes de la terrible derrota que allí han de sufrir, Juan se reencuentra con su hermano Ignacio, quien trae a sus respectivas familias huyendo de San Miguel, pues el gobierno ha recuperado la villa y persigue a los simpatizantes de la insurgencia, cuyas residencias por cierto han sido saqueadas.

Luego de la retirada de Aculco, los Aldama marchan con Allende a Guanajuato y Guadalajara perseguidos por el ejército virreinal. El fracaso de Puente de Calderón, los obliga a huir con todos los jefes hacia la frontera norte.

En Saltillo, Allende nombra a Ignacio Aldama y a fray Juan Salazar comisionados ante el gobierno de los Estados Unidos de América con instrucciones confidenciales relativas a la “defensa y libertad” de la nación. Estos se adelantan al resto de la columna llevando para sus gestiones cien barras de plata, además de dinero corriente.

Al llegar a San Antonio de Béjar, en Texas, son detenidos por José Manuel Zambrano, líder contrarrevolucionario que días atrás había destituido al insurgente Juan Bautista Casas y restablecido la obediencia al virrey.

Ignacio y fray Juan son trasladados a Monclova donde se les abre juicio y se les condena al paredón de fusilamiento. Mientras tanto, Juan Aldama cae también en una celada, aquélla donde Ignacio Elizondo arresta a los principales rebeldes en las norias de Baján.

Conducido a Chihuahua, Juan es sometido a juicio y fusilado también, una semana después de su hermano, el 26 de junio de 1811. Su cabeza, como escarmiento, es expuesta durante diez años en la Alhóndiga de Granaditas.

Por lo que toca a los hermanos Mariano y Antonio Aldama -sobrinos de Juan-, el primero fue mariscal entre los sublevados y participó en acciones militares en Jalisco y Nayarit. En 1811 se preparó para recobrar Tepic; pero fue derrotado junto con ‘Chito’ Villagrán cerca de Huichapan. Poco después cayó asesinado por conflictos personales.

Finalmente, Antonio, el último insurgente de esta heroica familia, luchó al lado del cura José María Mercado en la campaña de San Blas y Tepic. A la muerte del mismo, continúa como guerrillero en el centro; pero cae preso en 1811, en Aguascalientes, y es ejecutado. En honor a ellos, la ciudad de León se presenta con orgullo, desde 1830, como ‘León de los Aldama’.