La extraña visita de Nancy Pelosi

Taiwán es una isla al este de China que aloja una pequeña y moderna nación insular. Es un punto geopolítico estratégico una fuente de conflictos. Hay intereses internacionales en juego de los gobiernos chinos, japoneses, rusos y estadounidenses. Es un tema delicado de diplomacia y la visita de Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos causó enojo y trajo consecuencias. Se percibió como una provocación y un acto de rudeza innecesaria.

La situación entre China y Taiwán es compleja dada su historia, por lo que cualquier tema entre ambas naciones —que los chinos ven como una misma— debe ser tratado con el cuidado con el que un relojero trata una maquinaria de alta complejidad. La realidad es que Taiwán es un símbolo de rivalidad entre los Estados Unidos y China. Aunque por su ubicación, siempre ha sido muy atractiva para múltiples naciones. No en vano se le conoce como la Isla de Formosa, la isla hermosa.

A Taiwán se le conoce como la China capitalista y es sin duda una parte inseparable de aquella nación. No obstante, hay quienes la ven como una provincia más de China y otros que le dan trato de un Estado independiente. Este hecho histórico ha marcado las controversias internacionales. Entre 1895 y 1949, la isla —junto con el archipiélago de Pengju— fueron ocupadas por Japón. Durante la Segunda Guerra Mundial, China formó parte del bloque aliado que lucho contra las naciones del Eje. Por lo tanto, un objetivo era recuperar Taiwán del control japonés. Los chinos querían que la isla se convirtiera en un estado más de la nación. Pero no contaban con la astucia de Chiang-Kai-shek quien desde los comienzos de 1930 se reveló contra el Imperio Japonés.

Mientras eso sucedía en las islas, en el territorio continental Mao Zedong luchaba por crecer el poder de los simpatizantes con el comunismo. Las fuerzas de Mao crecieron y se proclamó la República Popular China y Chiang-Kai-shek se fue a Taiwán donde instituyó la República China con filiación capitalista. Así que separados físicamente por el Estrecho de Formosa e ideológicamente por posturas contrarias, ambos territorios han coexistido en medio de tensiones a pesar de compartir lengua, historia y tradiciones. Esta tensión se ha extendido a las relaciones entre Washington, D.C. y Beijing.

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El tema es complejo y está salpicado por múltiples focos de fricción. La Organización de las Naciones Unidas dejó de reconocer a Taiwán como un Estado soberano en 1971. En la actualidad, son sólo trece naciones —incluida el Vaticano—mantienen vínculos diplomáticos en ellos y no con los chinos. Las relaciones México-Taiwán son y comerciales ya que ambas naciones son miembros del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico.

La visita de Nancy Pelosi a Taiwán reaviva las heridas. Desde China se ve a la Isla de Formosa como una hija que está apartada de la familia y a la que esperan con los brazos abiertos. Esta situación irrita a los chinos que reaccionan con facilidad. La presencia de la presidente de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos reactiva la tensión causada por la reciente visita de Lee Teng-hui, presidenta de Taiwán, a Washington, D.C.

Los chinos reaccionaron violentamente en aquella ocasión y lanzaron misiles que fueron dirigidos a las aguas próximas a la isla. Con la visita de Pelosi a la Isla de Formosa, sucedió lo mismo. En esta condición, la visita de un personaje como la presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos se ve como una provocación —a la que reaccionaron— y no cómo una visita de cortesía ni como un paseo turístico.

Por supuesto, el embajador de los Estados Unidos en China ya fue llamado para dar explicaciones sobre la visita. Lo cierto es que el viaje de Nancy Pelosi se percibe como la de una mujer jugando con fuego porque devuelve a la actualidad un conflicto latente y explosivo. Además, Taiwán no tiene relaciones oficiales con los estadounidenses. Peor, porque los taiwaneses, según un estudio llevado a cabo este pasado junio, revela que la mayoría quiere mantener el status quo de manera indefinida.

En fin, fue extraña esta visita dados los tiempos políticos internacionales. No se percibe como el mejor. Da la impresión de que Nancy Pelosi, quien es el tercer rango en importancia en la jerarquía de los Estados Unidos, fue a más que dar un apoyo para reforzar la vocación independentista en el momento en que Rusia tiene meses luchando contra Ucrania sin que se vislumbren vías de solución para ese conflicto, a encender otro foco rojo en el contexto mundial.

La extraña visita de Nancy Pelosi

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