La enajenación que produce la forma de organización económica, ha conducido a un desorden social que deben frenar los ciudadanos, organizados para tal fin.

Es indiscutible el valor que tiene para el desarrollo de la persona humana, la posibilidad de ejercer la libertad de expresión, que debe justificarse por el ejercicio de la libertad de pensamiento, pues de lo contrario, el sujeto renuncia al ejercicio del pensamiento lógico y, sin él, el caos se apodera de la sociedad, que va al garete y a impulsos de voluntades interesadas en que sea el pensamiento mágico, quien ocupe el lugar que, para beneficio de la humanidad, deber tener el pensamiento lógico.

El extravío de la persona humana, se aprecia con diáfana claridad en la necesidad de utilizar fármacos para vivir de manera más o menos “normal”, aún cuando, la normalidad sea cada vez más difícil de conceptualizar.

En días pasados el prestigiado diario La Jornada, encabezaba una información con el siguiente texto; “epidemia de sobre dosis de narcóticos en un año récord de 150,000 decesos”. La expresión de este fenómeno real, nos conduce a aceptar que para una enorme cantidad de personas, la vida es insufrible sin el apoyo de los fármacos que mitigan sus adicciones.

La enajenación, es sin duda cada vez más intensa. La enorme cantidad de crímenes que a diario se cometen, producen en la sociedad varios trastornos que a su vez, se convierten en ocasiones para la comisión de otros delitos o faltas, que atentan contra la dignidad de la persona humana.

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Sectores importantes de la sociedad, entre ellos, algunos de naturaleza política, viven con temor y zozobra, ante la incertidumbre, que es una de las causas más frecuentes de la inestabilidad emocional. Partes cada vez más numerosas viven amuralladas ante el temor no solamente de verse despojados de sus bienes, sino también de sus vidas, para encontrarse con que los esperarán donde la protección ya no alcanza.

Ante el sálvese el que pueda, vive la sociedad fragmentada, con temores cada vez más fundados de perder la vida o la de sus seres más allegados.

Así, aun cuando son menos los delincuentes, tienen formas más eficientes de organización y sentido de pertenencia, que el resto, que lo único que puede hacer es protegerse de manera individual, mientras que quienes acechan para dañarlos tiene formas hasta “científicas”, apoyadas en el miedo y la sorpresa, para hacerlos sus víctimas.

La sociedad debe organizase eficientemente, para defender sus vidas, su integridad personal y la de los seres que están obligados a proteger. Hemos llegado al absurdo que tendríamos necesidad de un custodio por cabeza, quien además, debería ser fiscalizado por otro y así, hasta el infinito.

Cumplir como ciudadanos es la alternativa, desorganizados seguiremos siendo víctimas, buscando culpables, sin encontrar soluciones.