La educación sindical, tarea pendiente

El Estado mexicano, debe ampliar su acción hacia otros espacios de su quehacer que, entendido de manera evolutiva, habrá de ocupar o hacerlo para que su acción, contribuya a mejorar las condiciones que guarda la paz social.

Indiscutiblemente que la población es el componente de todo Estado que debe constituir preocupación fundamental de todos los órganos que componen el gobierno; para propiciar el desarrollo armónico en las relaciones interpersonales y, de esa manera, evolucionen las instituciones que lo integran. Elemento fundamental de la población, lo constituye su fuerza de trabajo, de cuya organización adecuada, depende el desarrollo económico, más o menos eficiente.

El desarrollo económico debe tener como directriz fundamental, la realización de la persona humana en sus aspectos esenciales y, paralelamente, de la familia o aquellos sucedáneos de ésta, que surgen por la acción, del desenvolvimiento de los medios de producción.

La fuerza de trabajo debe actuar de manera organizada y el Estado, a través del gobierno, cuidar el desarrollo armónico de las relaciones entre los empresarios y los trabajadores. Para lograrlo, se debe asumir la educación permanente, tanto de los dueños del capital, como de los trabajadores; partiendo del supuesto de que unos y otros son indispensables para el desarrollo económico. Esta política pública, debe cuidar que la educación sea continua y tenga como componente esencial, el diálogo.

La buena marcha del Estado debe ser considerada como obligación de patrones y trabajadores. Pero ambos, deberán enriquecer su concepto del mismo, quien no podrá cumplir cabalmente sus objetivos, sin consensos de las partes en lo fundamental; que son las relaciones justas entre ambos, partiendo de la actitud solidaria hacia la fuente de trabajo, en la búsqueda del logro de los fines del Estado.

Habida cuenta de que existen sindicatos de patrones y trabajadores, el Estado debe propiciar estrategias y tácticas pertinentes, para que la pedagogía, forme parte de los objetivos de las políticas públicas y, contribuya a fortalecer la idea de un Estado democrático, en donde la convivencia entre patrones y trabajadores, fomente los valores democráticos y, por ende, la convivencia pacífica; puesto que en este estrato de la población, convergen dos fuerzas sociales, cuyo correcto funcionamiento, puede garantizar la evolución de las instituciones que conforman el Estado.

La educación debidamente justificada, tiene que ver con el desempeño de la persona humana en sociedad. Su complejidad, no debe ser causa para dejar de avanzar en el propósito de lograr los más altos fines de la pedagogía, que debe ser tarea esencial de los gobiernos, para lograr los elevados fines del Estado.