Es el valor que tienen las personas por sí mismas, no es una condición, es consustancial a la humanidad, sin distinción de sexo, raza, religión u orientación sexual, es además irrenunciable, e inalienable. Como la libertad de elegir lo que cada uno desee, dentro de los límites de la convivencia social, con respeto a los derechos que tienen nuestros demás congéneres.

En un mundo tan convulsionado, como el que vivimos, en donde son tantos los retos que enfrentamos para nuestra supervivencia y las variadas las situaciones estresantes como (el problema del agua, el calentamiento global, la violencia, la inseguridad, la corrupción, el hambre, los homicidios y muchos otros); pareciera que pierde valor la dignidad humana. Es el origen, la esencia y el fin de todos los derechos humanos.

“La dignidad humana es un valor supremo establecido en el artículo 1o. de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en virtud del cual se reconoce una calidad única y excepcional a todo ser humano por el simple hecho de serlo, cuya plena eficacia debe ser respetada y protegida integralmente sin excepción alguna.”

Es un presupuesto para la vida, piedra de toque para la consecución del desarrollo humano en armonía social; Se es digno, tan solo por la potencia que conservamos como personas, la sola posibilidad de ser. Así, la vida humana es respetable siempre, porque puede ser algo más que vida, una vida con sentido.

Nuestra dignidad radica en saber quiénes somos y que queremos; autogobernándonos; no porque seamos partidarios de la anarquía, sino porque conocemos cuáles son los límites y los respetamos, para vivir en sociedad, para una sana convivencia social. A eso aspiramos como humanidad civilizada.

No porque una elite, o un partido político con alguna ideología más o menos trasnochada, o determinado programa de gobierno nos trate; como mercancía humana, y nos aplique medios de control social; nos vean como un factor de rentabilidad para el crecimiento económico, solo una fuerza laboral, entendida como mano de obra barata en beneficio de unos pocos privilegiados. No formamos como sociedad, una masa amorfa, carente de autocrítica sin ninguna capacidad para pensar o reflexionar, parecidos a una granja de pollos; que es más fácil manipular y administrar, como a un autómata.

El mundo se debate, ahora en discusiones interminables, apartándose de los problemas graves y reales, dividiéndonos en bandos, como ejemplo, el tema del aborto o el tema del matrimonio igualitario, lo que demuestra que como humanidad no hemos logrado avanzar, sentar las bases sólidas, para el desarrollo en conjunto, como humanidad; aún pretendemos eliminar al contrario, al humano que es diferente a nosotros, al que no nos gusta. Estigmatizándolo, discriminando, creando grupos dominantes, mayorías y minorías sociales Olvidando que estamos obligados a respetar la otredad, al que es diferente a nosotros.

Mucho se puede reflexionar acerca del tema del aborto o del matrimonio igualitario; pero fomentar la división social, en este preciso momento, donde estamos en vilo ante el posible inicio de una 3ª tercera guerra mundial, una pandemia que va por su 5ª ola, la amenaza del calentamiento global, la falta de agua, y carencia de alimentos; todos como humanidad, deberíamos estar buscando soluciones pacíficas a esos problemas, si queremos perpetuar la especie, estamos obligados a respetar la DIGNIDAD HUMANA, como la libertad de elegir, no estar buscando los puntos de conflicto, sino de convergencia de unidad. Conste que no estoy juzgando si el aborto o el matrimonio igualitario, es bueno o malo moralmente hablando; simplemente reflexiono que los individuos, debemos tener un poco de respeto, y no estar buscando lo que nos divide, como un distintivo sombrero viejo que desempolvamos de cuando en cuando para ponérnoslo en algún evento, lo sacamos como un falso maniqueísmo. Se forman bandos, grupos para así poder aprovechar los conflictos e instigar al odio como la discriminación o el racismo, para poder manipularlos. Sin ponerse en los zapatos del otro, sin comprender realmente que situaciones hacen que una persona sea de una o de otra forma.

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¿Por qué? Si defendemos la vida desde la fecundación del óvulo, no hacemos nada para defenderla en las personas adultas, los homicidios dolosos que se cometen en nuestras ciudades, porqué no decimos y nos pronunciamos con la misma fuerza en contra de los crímenes de guerra en Ucrania, o las vidas de miles de migrantes, que buscan mejores oportunidades. A a eso me refiero, dónde está nuestra verdadera defensa a la vida, si con falsa hipocresía moral, pretendemos penalizar el aborto, y no decimos nada frente a los crímenes que se comenten contra miles de seres humanos. Eliminar al otro, al que es diferente a nosotros, no es una solución. La educación sí lo es. Porque si brindamos una mayor y mejor educación, le estaremos dando a las futuras generaciones verdaderas herramientas para mejorar.

Busquemos permanecer unidos como humanidad. La construcción social requiere de acuerdos mínimos. Solo así vamos a lograr resolver nuestras diferencias y problemas, de lo contrario, divididos nos vamos a exterminar, como se extermina una plaga. Según el naturalista británico David Attenborugh que cree que los humanos somos una plaga sobre la tierra, a la que hay que controlar su crecimiento de población, para sobrevivir.

Así las cosas, la dignidad humana no es una simple declaración ética, sino que se trata de una norma jurídica que consagra un derecho fundamental a favor de la persona y por el cual se establece el mandato constitucional a todas las autoridades, e incluso particulares, de respetar y proteger la dignidad de todo individuo, entendida ésta -en su núcleo más esencial- como el interés inherente a toda persona, por el mero hecho de serlo, a ser tratada como tal y no como un objeto, a no ser humillada, degradada, envilecida o cosificada.

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JRP