Se puede definir como la ausencia de confianza en algo o en alguien, lo opuesto a la confianza. Implica inseguridad en las acciones a realizar en el futuro próximo. Nuestra reflexión es motivada por la situación que prevalece actualmente, que nos genera inseguridad acerca del porvenir.

Una muestra de la gravedad del problema, se aprecia en las palabras pronunciadas por el ministro Arturo Zaldívar, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el pasado 15 de diciembre, en ocasión del segundo informe de la labores. Cito textualmente,  aquí por su importancia las ideas expuestas:

Sic. “En este país no habrá justicia, mientras las cárceles sigan repletas de personas pobres a quienes se les fabrican delitos. No habrá justicia, mientras los más olvidados de este país no tengan una defensa de calidad. No habrá justicia, mientras sus vidas sean desechables para la maquinaria de procuración e impartición de justicia. Por todas esas personas, por el respeto irrestricto a sus derechos humanos, por el respeto a las garantías del debido proceso…Para que los esfuerzos del Poder Judicial por lograr una justicia más cercana puedan rendir frutos, es imprescindible reconstruir la confianza de la ciudadanía en sus jueces. Por ello, una de las estrategias centrales de esta administración ha sido el combate a la corrupción y al nepotismo, bajo una política de cero tolerancia.”

La importancia de la confianza social, reside en cómo influye en la economía, el capital social y la democracia en nuestro país. Sabemos que es a través de la confianza en las instituciones, es como se construye el desarrollo social, se crea una convivencia armónica y funcionamiento adecuado del sistema político que nos rige. Se sostiene en un clima favorable para la cooperación y un comportamiento colectivo que genere el cuidado del interés público, el bien estar social.

Fukuyama (1995) Señala que la confianza es la expectativa que se genera en la sociedad con un comportamiento ordenado, cooperativo, previsible, basado en normas compartidas por todos sus miembros, en sus valores profundos como sociedad el respeto a la vida y a la propiedad, sus códigos profesionales deontológicos.

Un buen comportamiento “hábitos del corazón”,  al que se refería Alexis de Tocqueville. La forma de manifestar la confianza en la sociedad, se basa, en la certeza o expectativa de que la otra persona se comportara de la forma en que uno prevé. A confía en que B haga X; esta confianza es la que espera que nuestros políticos, gobernantes van actuar de tal manera honesta. Según Sztomka (1997) Explica que la confianza o desconfianza tienen un rasgo que se refuerza culturalmente. En nuestro caso podemos afirmar.

México ha desarrollado una desconfianza generacional para con nuestras autoridades, pues ha visto traicionados, sexenio tras sexenio, sus más profundas aspiraciones de justicia, de solidaridad, y de bien estar social. Pues nuestros gobernantes han demostrado al final de su mandato, que no eran las buenas personas católicas, dignas de confianza, que decían ser.

Ante la falta de reciprocidad en la confianza depositada, nuestros conciudadanos, han desarrollado una desconfianza casi patológica, en sus instituciones. Lo que está ocasionando, como consecuencia lógica, la falta de cohesión social, ante el distanciamiento de los grupos sociales diferentes.

Algunos estudios, han señalado que el primer factor para crear confianza; son los lazos familiares, los de vecindad, cercanía o conocimiento de nuestros conocidos, personalmente o por primera ocasión, luego los factores como las creencias religiosas compartidas, la nacionalidad u otros factores que tienen que ver con nuestras preferencias.

Habremos equivocado el camino, si el gobierno no hace nada por mejorar la confianza de la ciudadanía, con actos positivos reales, si continúa creciendo la caja negra de la desconfianza social, seguirán creciendo exponencialmente, los problemas de inseguridad, de pobreza, descontento social. 

Sabemos que se pierde la confianza en las instituciones cuando la sociedad se da cuenta de los privilegios que se da a la élite de la militancia partidista, el nepotismo, el compadrazgo, para lograr llegar a los cargos más importantes en el gobierno, como son magistrados, procuradores, diputados, presidentes municipales, etc. Desconociendo la permeabilidad social, fincada en el esfuerzo y en los liderazgos naturales y los méritos profesionales.

Como vamos a convencer a los jóvenes de que se preparen y estudien, que se aparten de la delincuencia; para ocupar los altos cargos en el gobierno, cuando es evidente que lo único que importa, es el nexo personal que los una con el dedo elector. Descalificando a quienes no tienen ninguna cercanía.

Para que se materialicen los postulados de la Constitución de una justicia gratuita, pronta y expedita, es necesario que en el estado de Guanajuato  se consolide un sistema efectivo de carrera judicial, para que los cargos se obtengan por méritos, no por parentescos o influyentísimo; se  fortalezca un sistema de evaluación y medición; para contar con verdaderos magistrados, que se proporcionen  mayores herramientas indicadores de medición tanto al Congreso del Estado y al Consejo del  Poder Judicial, para evaluar de forma exhaustiva y elegir con base a criterios verificables  confiables e indubitables a quienes llegan a los cargos de la más alta magistratura en el Estado, no como ahora, que si le preguntan a algún diputado, ¿cuál fue el criterio que utilizó para elegir a tal o cuál persona, como magistrado o procurador? No atinan ni a responder, una silaba.  Sólo continuará la corrupción y el nepotismo, si seguimos así, vamos por el camino equivocado, pues basta con ver la estela, como la cola del cometa Halley, de color azul  (acción nacional),  que se asoma bajo las togas,  de quienes ocupan los más altos cargos en los poderes del estado.